miércoles, 30 de diciembre de 2015

Resumen de noticias


Fue un muy buen año para mi escritura. Cumplí lo que me propuse al iniciar el año y eso me satisface mucho. Me planteé publicar 60 entradas en el año y fueron 76. No he dejado de escribir, el chiste es no dejar de hacerlo; de ahí es que surgen las buenas ideas y nacen las grandes entradas. De ahí nace algo más grande también.

Terminé la historia que empecé en 2014. Eso también me lo propuse, y aunque mi objetivo era publicarla (la llevé a algunas editoriales y la inscribí a un concurso), está terminada en espera de ver la luz. Así que si no hay una buena noticia a principios de febrero estaré viendo lo de su autopublicación. Comencé a escribir otra historia, espero terminarla antes de junio, de lo contrario pienso que no sabré como continuarla.

Lo mejor sigue siendo la compañía de las personas que me acompañan en mi espacio virtual. Amigos a los que les guardo un cariño especial. Otros, amigos a los que extraño, pero supongo que sus ocupaciones ya no les permiten venir a leer al Google+, ni escribir. Personas que son parte de mi vida y parte de mis letras.

No sé si esto ha sido un alarde, pero quería manifestar mi contento y mi satisfacción con la gente que me acompaña.

Gracias.
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viernes, 25 de diciembre de 2015

Reflexiones de un bloguero II



Me he preguntado muchas veces, si con el paso de las semanas tendré algo nuevo que decir, algo interesante que contar, al menos algo que teclear cada semana para poder cumplir lo que me propuse (no me fijé un plazo para cumplir con mi publicación semanal, pero creo que en todo caso, en algún momento dejaré de preocuparme por la periodicidad y postearé las cosas conforme vayan saliendo).

A veces me invade una sensación de un trasfondo pesimista que me hace sentir que nada de lo que escriba vale la pena, que qué sentido tiene seguir preocupado por la actualización semanal del blog. Es una sensación molesta, que me hace sentir mal. Es algo que sucede a veces y que llega sin avisar. Porque finalmente sé que a nadie le interesa si publico o no cada semana, todas las semanas.

Qué más decir, sobre qué más hablar. Si ya he dicho lo que pienso sobre ciertas cosas que llaman mi atención puedo llegar a repetirme en mis argumentos y necedades. Aunque creo que siempre habrá algo que decir, aunque a nadie más le parezca interesante. Supongo que la necesidad de escribir me acompañará mientras me quede vida, como escribió Xavier Velasco: no queda más alternativa ni hay escapatoria semejante.

Será que a veces pareciera que traigo puesto un manto de pesimismo sobre los hombros, que todo lo veo en una escala de grises, de azules opacos y tristones. Sé que es parte de mi temperamento (80% flemático y 20% melancólico), sé que es parte de mí.

Pero también a veces me ilusiono y me sorprendo haciendo planes en mi cabeza, como cuando pienso que podría ganar el concurso al que inscribí mi novela y que será publicada. Aunque no tarda en despertar el pesimista de los peros para argumentar algo en contra de tan feliz pensamiento, pintando nuevamente el cielo del mismo gris recurrente.

A veces me pasa.
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martes, 22 de diciembre de 2015

Con las manos vacías




Y nos volvemos a quedar con las manos vacías, otra vez, una vez más. No aprendemos lo que tantas veces nos han dicho, así vayamos diciendo virtualmente que hemos aprendido y que la vida nos ha enseñado. Otra puta mentira. Nos volvimos a ilusionar, volvimos a crear fantasías reales en nuestras cabecitas necias. Creímos tocar los sueños al verlos en nuestras manos, frente a nuestros ojos, tan nítidos que hasta olor tenían, y volvimos a construir con bloques de papel sobre elaborados cimientos de mondadientes.

Pero qué otra manera habría de vivir si no es así, levantando ilusiones al primer indicio de ventura, construyendo torres altísimas con naipes viejos y desgastados que se desmoronarán al primer suspiro o si alguien llegara a abrir la puerta de improviso. Qué sentido tendría el arsenal de canciones tristes que conocemos si no podemos sentirlas en la sangre como si nosotros las hubiéramos ideado y escrito, con ese estribillo que duele cada que se repite; porque además nos gusta tocar las heridas, repasarlas y hacerlas arder, para comprobar que estamos vivos.

Al final, siempre, nuestras manos quedarán vacías. No hay otro remedio.
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miércoles, 16 de diciembre de 2015

La estúpida (Crónicas de Google+ IV)



No pensé jamás que el tratar de agradar a todos me traería tan fatales consecuencias. Que el ir presionando al + de mis contactos a todos sus posteos me haría quedar como una imbécil, retrógrada, estúpida y otras lindezas, que si lo pienso, me he ganado con el esfuerzo de mi índice derecho.

No creí que dar + a algo publicado por quien yo pensaba una persona decente me haría parecer la bruja de la historia. Y si no la bruja, sí la estúpida que no lee aquello que valida con el + otorgado.

Avalé un escrito lleno de injurias y descalificaciones en el que se llamaba a mujeres, con apelativos propios de un individuo lleno de odio, rencor y no sé qué más. Sobrenombres dichos por una cucaracha que no se puede llamar hombre. Sin saberlo me hice su cómplice.

Y todavía tuve el atrevimiento de reclamar a quien antes me recriminó mi imbecilidad. “Pero qué se traen todos en mi contra, si yo no he hecho nada, ni dicho nada contra nadie”. Tarde vi cuál fue mi error.

Al menos el autor del maldito texto sigue siendo mi amigo. Aunque yo ya no quiero saber de él.

Pero sé que la culpa fue mía. Por imbécil.
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martes, 15 de diciembre de 2015

De hijos de puta y el moderno mundo.




Escribí hace unas semanas sobre el hecho de que en cualquier momento una persona que no nos conoce ni tiene ningún trato con nosotros puede, porque le dieron ganas de hacerlo, tomarnos una foto y crear una imagen para buscar la burla, nuestra burla. La risa masiva sobre nuestras espaldas y a nuestra costa. Es una realidad de nuestros días.

Pero lo peor de todo este asunto de invasión y explotación de la intimidad, se da cuando la foto con la que todos se están carcajeando, la proporcionó una persona cercana a ti, a la que poco le importa si medio mundo se burla de lo que quedó plasmado en un momento de tu intimidad familiar o de pareja.

Dentro de esta galería de imágenes desnudantes en ambos sentidos de la palabra, hay fotografías que se gestaron en un momento de intimidad de pareja, cuando uno de los involucrados hizo o se dejó hacer algo que tenía un único destinatario. La cursilería más grande y quizá sólo entendible para quien fue realizada. Una prueba de sensualidad ridícula en un cuerpo tan poco agraciado que se dejó llevar por su amor u obsesión. Algo que debía nacer y morir en la intimidad, como todo lo que se dijo al oído.

Se debe ser un verdadero hijo de puta para exhibir algo tan privado, la desnudez de alguien que por amor, pasión o travesura se desprendió de su ropas, con pena o no de por medio.

La traición máxima a quien quizá se amó alguna vez, pero por quien sólo existe el odio y rencor que propician una traición así de grande.

Cosas de todos los días en este mundo moderno.
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