de la caballerosidad


Sube una mujer a un autobús en el que no hay asientos disponibles. Muchos de estos asientos están ocupados por hombres. Dice la mujer en voz alta, molesta: –Mmm, ya no hay caballeros. Alguien contesta desde el fondo: –No señora, lo que no hay son asientos.


Me choca la idea de ser un caballero. De la caballerosidad. De ser caballeroso. O al menos la idea que aquí se tiene de los caballeros. Creo que eso de ser caballero, al menos aquí en México, tiene que ver forzosamente con sexo. Un favor hecho al sexo femenino esperando una retribución amistosasexual, de preferencia más sexual que amistosa. Querer quedar bien con el sexo opuesto. Por qué otra razón un hombre cede su lugar en el autobús a una mujer atractiva.

Creo mas bien en la amabilidad. En que debemos ser amables con los demás por un asunto de simple convivencia, de cordialidad. Por amabilidad le cedo mi asiento a una mujer embarazada, o con un niño en brazos; a un anciano o a un niño, porque ellos necesitan más que yo estar sentados. Estoy siendo amable, no caballeroso.

Así que, ese acto amable, lo puede hacer un hombre o una mujer. La amabilidad no tiene que ver con el sexo, con el género. Le cedemos el lugar a alguien que lo necesita más. Así de simple. Por lo tanto, esa mujer que le da su asiento a la mujer embarazada, no tiene por qué reclamarle a los hombres su falta de amabilidad; ella es amable porque le nace serlo, no porque ningún hombre fue “caballero”, y entonces ella tuvo que hacer lo que nadie quería hacer. Uno es amable por una cuestión moral, no para que te aplaudan.

Por otra parte, no creo que tenga ningún mérito abrir la puerta del auto para que entre una mujer. 

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