martes, 11 de diciembre de 2018

Sobre la autopublicación 2




Autores editores

Como ya he dicho, la autopublicación es actualmente el medio por el cual los autores podemos ver nuestras letras publicadas. Es la libertad para publicar eso que quizá nadie más publicaría. Pero la libertad requiere responsabilidad para que no se pervierta.

La cosa es que si uno se lanza por la propia publicación de su manuscrito, uno debe sustituir todas las partes del proceso de edición. Ya no somos sólo autores. Debemos ser correctores, editores, maquetadores e incluso diseñadores. La calidad del libro que vamos a publicar corre a cargo de nosotros y de nadie más. Está en nosotros que publiquemos un ejemplar de calidad, porque además es nuestro nombre el que aparecerá en la portada.

La realidad es que entre los miles de libros que se autopublican, un porcentaje muy pequeño ha sido revisado, editado, corregido y maquetado. Estos libros no han pasado un mínimo y necesario control de calidad en el que al menos se revise que las palabras estén correctamente escritas, no hablemos de calidad literaria o de maestría narrativa. Sólo de simples palabras adecuadamente escritas.

Leí que alguien escribió que la escritura es una actividad que requería sobre todo de reescritura. Y es así. Escribir eso que queremos decir es sólo la primer parte. Falta que revisemos una y otra vez, falta que corrijamos los errores al teclear y los errores ortográficos. Hace falta pulir nuestro lenguaje, hasta donde seamos capaces al menos.

Con la ayuda de mis amigos

Siendo realistas, habrá muy pocas personas que puedan ejercer todos los roles que he mencionado sobre la edición de un libro. Tendremos entonces que pedir ayuda. Pero antes de que alguien nos auxilie con la corrección de las faltas ortográficas y otra persona nos diseñe una portada, necesitamos que alguien nos lea.

Requerimos de una mirada objetiva sobre el texto que nosotros hemos leído y releído tantas veces que no podemos ya ver siquiera errores de dedo que a un nuevo lector le saltan a primera vista. También requerimos una opinión sincera. Alguien que nos lea y tenga toda la libertad de decirnos si nuestra historia tiene lógica o si se entiende eso que queremos decir de la forma en que lo queremos decir. Precisamos de otros ojos en nuestras letras, una nueva mirada despojada de nuestro ego y vanidad, de nuestro amor propio. Y claro, también necesitamos humildad y objetividad para recibir la realimentación que nos proporcionen estos amigos.

Leí en algún lado que no es nada aconsejable que le demos a leer el manuscrito a nuestra pareja, a menos que queramos terminar la relación. Puede no ser todo lo objetiva que buscamos, finalmente, se supone que nos quiere o algún afecto siente hacia nuestra persona; o puede ser también que nos tomemos personal algo que está estrictamente afuera de la relación sentimental, que malinterpretemos lo que se nos dice. Creo que es obvio que tampoco este lector debe ser nuestra madre.

No buscar errores en lo que hemos escrito o creer que no necesita que nadie le meta mano habla de un ego desmedido de quien ha escrito el libro. Alguien que creé que lo que ha escrito es perfecto y no hace falta que le corrijan ni una sola coma. Alguien que piensa que su trabajo es una genialidad que sólo necesita ver la luz para que el mundo se asombre. O al menos eso parece.

Si le damos nuestro texto a la persona adecuada y tenemos una correcta actitud seguramente tendremos beneficios, nuevas visiones y posibilidades.

Derechos autorales

Hay una cosa importantísima que tenemos que hacer inmediatamente después de que hayamos terminado de escribir y corregir nuestro escrito, antes de que cualquier otra persona lo lea. Esto es registrar nuestro texto. Nunca acabamos de conocer a nadie y como escritores o aspirantes a ello deberíamos saber que la traición nace con una facilidad increíble de los lugares menos imaginados. Mejor prevenir y hacer lo que debemos, que mentarle la madre al hijo de puta que nos traicionó. Por salud, simplemente. Porque es lo que corresponde con la creación intelectual.

A nuestra disposición está la oficina de Derechos de Autor con costos según el país en que vivimos pero también hay registros gratuitos por internet en Creative Commons y Safecreate.

La realidad nos golpea

Anualmente se publican cientos de miles de libros, de los cuales un porcentaje cada vez mayor corresponde a libros autopublicados. Es de lamentar que un porcentaje bastante alto de estos libros se publiquen con bastantes carencias editoriales.

La realidad es que hay ideas y sentencias que flotan en el aire sobre la poca o mala calidad que “deben” tener las obras publicadas por sus autores. Opiniones que aseguran que si un libro no fue publicado por alguna editorial es porque es malo o que si lo tuvo que publicar su propio autor es porque carece de valores literarios. Estas ideas sólo se fortalecen con cada obra mediocre que se publica, con cada ejemplar lleno de pifias y con cada libro que desde su portada vocifera que fue elaborado sin cuidado. Pareciera que grita NO ME LEAS.

No existe el mínimo rigor ni la más pequeña autocrítica. Sólo la satisfacción de un capricho: ya soy escritor porque publiqué un libro. Ahora más que nunca, eso no hace a un escritor.

Y esta situación no ayuda en nada a todos los que estamos escribiendo y nos preocupamos por hacerlo lo mejor que se pueda, que nos esmeramos en publicar (en un blog generalmente) textos bien escritos en lo formal y con alma en su fondo, y que esperamos un día poder ver nuestro trabajo transformado en un libro que podamos presumir, como ciertas madres presumen a sus hijos por cualquier red social.

Y que precisamente será mediante la autopublicación que veremos ese anhelo cumplido.



Así que, como dije al principio de estas líneas, cualquiera puede publicar un libro. Pero parafraseando a Anton Ego de Ratatouille: no cualquiera puede publicar un libro pero un gran libro puede provenir de cualquier parte. O algo así.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Sobre la Autopublicación



Hace algún tiempo escribí lo que se suponía era un artículo para un sitio literario. Creo que el sitio ya no publica material, así que estas letras no vieron la luz del internet. Lo divido en dos porque es algo largo.

En torno a la Autopublicación

Después de más de cuatro años ininterrumpidos escribiendo un blog, topándome con artículos y posteos sobre cosas de escribidores y escritores, y sobretodo, después de haber autopublicado un libro, es que puedo escribir estas breves líneas sobre la autopublicación. Es mi perspectiva, lo que yo he visto, lo que viví. Espero le sea de utilidad a alguien.

El panorama

En la actualidad cualquiera puede publicar un libro. Y esta afirmación no es exagerada. Cualquiera que conozca la manera de hacerlo y/o tenga el capital para financiarlo puede ver su nombre impreso en la portada de un libro.

La realidad es esa. Cualquiera puede publicar un libro aunque no cualquiera pueda escribirlo. Me refiero a un libro que valga la pena publicar, no a algo que escribes para que lo lea tu familia y tus amigos más cercanos; algo que quizá sólo leerán forzados por el cariño que te tienen, por obligación.

Me refiero a publicar el libro que te gustaría leer, o el que en caso de llegar a tus manos, seguirías leyendo hasta la página final. No el que botarías molesto, pensando, ¿quién ha escrito esta mierda?

En estos días, ya no es necesario seducir a una editorial ni prender veladoras a la virgen predilecta (aunque al parecer todas son la misma) para poder tener en las manos nuestro libro. Existen varias posibilidades para cumplir el anhelo de tener nuestro libro publicado. Autopublicado, eso va quedando claro.


Las editoriales

Son por muchos de nosotros conocidas las historias sobre la reticencia de las editoriales para publicar autores nuevos. Pero seamos justos, en un país en que se lee tan poco no parece un buen negocio apostar por este joven (o no tanto) entusiasta. El mercado es veleidoso y las modas cambiantes. Quizá sea mejor seguir publicando historias de vampiros adolescentes y narraciones de amores entre zombis y marcianos. El mercado manda. También está el asunto de los libros digitales que van ganando terreno a pasos enormes. Y lo queramos o no, una editorial es un negocio.

Algunos conocemos de experimentos realizados, en los que se ha enviado el manuscrito de un texto exitoso, con nombres y lugares cambiados, que ha sido rechazado por varias decenas de casas editoriales, algunas, evidentemente, sin haber siquiera sacado el montón de hojas del sobre que las contenía. Aquí un buen artículo de Isaac Belmar al respecto. http://www.hojaenblanco.com/el-sorprendente-asunto-de-los-manuscritos-rechazados/

Pero, quién podría saber cuál será la nueva 50 sombras de Grey o el nuevo Harry Potter. Mejor ir a la segura con los autores que ya se conocen, con el subgénero de moda o cumplir el capricho del sobrino del dueño de la empresa que dice que es escritor. No hay por qué arriesgar. De todos modos, las estadísticas dicen que en este país cada vez se lee menos.

Así que, habiéndonos rechazado una docena de editoriales (en caso de que seamos optimistas y hayamos decidido imprimir nuestro escrito), bueno, decir rechazado es elegir una palabra digna. Sería más preciso decir ignorado, porque una gran mayoría ni siquiera tienen la cortesía de estrellarte la puerta en la nariz con la negativa, de obsequiarte el rechazo. La mayor parte ni siquiera lee lo que les has entregado. Únicamente adquieren nuevas hojas para reúso.

Gandallismo editorial

Sólo hace falta echarse un pequeño clavado al buscador de internet para ver algunas de las muchas posibilidades con las que contamos para tener nuestro libro publicado. Hay empresas que ofrecen sus servicios para “hacer tu sueño realidad”, editoriales con planes abusivos a la caza de noveles e ingenuos escritores y sitios dedicados a la autopublicación.

Muchas editoriales se han dado cuenta del nicho de mercado que se ha abierto entre los aspirantes a escritores y los escritores que quieren ver su trabajo impreso. Y, como parte de la misiva en la que se ven en la pena de rechazar tu escrito por cualquier causa, te ofrecen la posibilidad de una coedición o copublicación de tu obra con otra supuesta sucursal de su empresa. Palabras elegantes para decirte que si en verdad quieres ver tu libro publicado, deberás pagar por él, porque ellos no están dispuestos a hacerlo. Al que quiera azul celeste que le cueste.

Envié los datos de un supuesto libro a una de estas bondadosas editoriales cumplidoras de sueños, para calar más o menos su nivel de gandallez. Comprobé que son demasiado abusivos. Haciendo cuentas, en esa supuesta coedición era yo quien iba a pagar por todos los gastos del tiraje. Además, te hacen firmar un contrato en el que por la venta en librerías recibirás un “magnánimo” 7% por regalías, así que en caso de que tu libro sea un fenómeno literario ya te jodieron. Aunado a esto, te “impulsan” a realizar el mercadeo necesario para publicitar tu libro, porque no va a venderse solo: encárgate de que te conozcan, dicen. Difícil decir que no a tan tentadora oferta.

Aquí la experiencia que relata un amigo español. En todos lados se cuecen habas. https://jmcuadernodebitacora.blogspot.com/2016/07/otra-mala-experiencia.html

Entonces, a autopublicar se ha dicho.

Así las cosas, ante la imposibilidad de contar con un sello editorial que respalde nuestro trabajo y evadiendo las tentadoras ofertas para copublicar nuestro texto, debemos recurrir a la mentada autopublicación.

Debo decir que cuando mi texto ya estaba listo para ser impreso y conociendo lo que sabía de la industria editorial, mi primera intención fue ir directamente a publicarlo por mi cuenta. Pero el gusanito del ego es poderoso e influyente. ¿Qué tal que a alguna editorial independiente le interesa publicarlo? ¿Qué tal si algún editor lee por casualidad mi historia y le agrada? ¿Qué tal que gano el concurso de esta otra editorial? Igual es chicle y pega. Si esto sucediera, no tendría que ser yo quien pague por la impresiónç+﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ Quie es snaahiultado,impresi y le agrada. Igual es chicle y pega. Ademes poderoso e influyente. Quie es snaahiultado,. Y además, en esta realidad en la que estamos inmersos “vale” muchísimo más un libro que provenga de una editorial que uno que publicamos nosotros mismos.

La opción que tenemos es recurrir a una plataforma de autopublicación.

Pero las plataformas de autopublicación, sean de impresión bajo demanda o de otro tipo, sólo buscan clientes, personas interesadas en usar sus servicios de impresión. El contenido de los libros que impriman poco les preocupa, únicamente quieren tu plata. A fin de cuentas son simples negocios. Más negocios.

Hay que decir también, que muchas de estas plataformas ofrecen la publicación gratuita de tu libro. Así que nunca había sido tan fácil. Lo único que tienes que hacer es enviar tu archivo con las especificaciones que te pidan y ellos lo tendrán disponible para cuando tú o alguien más quiera adquirirlo. Aún no está publicado, eso será hasta que alguien pague. A lo que se referían con publicarte gratuitamente era a albergar tu manuscrito en sus archivos. Pero si buscamos el libro en su catálogo, aparece publicado: la magia de la red. Ya podríamos presumirlo.

Entonces, no importa si nuestro libro no conoce la sintaxis, no importa si está retacado de faltas ortográficas o si tiene incorrectos signos de puntuación; no importa si tiene errores de dedo, o si tu dislexia como a mí te juega malas pasadas. No importa tampoco si estás escribiendo la historia más sosa, llena de clichés y pésimamente escrita. La puedes publicar. Nadie te lo impedirá. Mientras pagues, se pondrá a trabajar la imprenta para que tu escrito vea la luz.

En estos sitios hay incluso quien se atreve a preguntar si al publicar tu libro alguien revisará que esté correctamente escrito. La respuesta es no, por supuesto. Esos servicios, de corrección de estilo y corrección ortotipográfica, de maquetación, se pueden adquirir, pero esos sí tienen costo. Entonces ya no es gratis. Y si no es gratis, no nos interesa. 

martes, 4 de diciembre de 2018

1984


El 12 de febrero de 1984 yo cumplía cuatro años y Julio Cortázar moría. Al día siguiente nació quien se convertiría en el amor de mi vida, o eso creo, y cada uno cree lo que le da la gana o lo que puede creer, que no es lo mismo. 

1984 es el título de un libro inmortal, uno de esos nombres que flotan en el imaginario colectivo en contextos medianamente cultos. El año que titula la obra no esconde enigma alguno, corresponde únicamente a la inversión de los dos dígitos finales del año en que se escribió: 1948; pero el libro se publicó el 8 de junio de 1949, el día en que nació mi padre. Y mi padre en vez de apoyar a los 49ers de San Francisco sigue a los Dallas Cowboys. Cosas de la vida. Simples casualidades.

En menos de un mes comenzará 2019, 35 años después de la citada fecha, y alguien que desconozca de estos asuntos podría jurar que muchas de las cosas escritas por Orwell no llevan más que unos meses escritas, que sólo se describe nuestra realidad. Aunque podría decirse que teniendo un conocimiento básico sobre la estupidez humana no ha sido tan difícil profetizar sobre el futuro de esta insensata especie; la lógica es bastante simple a veces.

Tres botoncitos:

En realidad no habrá pensamiento en el sentido en que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia.

...de todos los entretenimientos para los proletarios. Allí se producían periódicos que no contenían más que informaciones deportivas, sucesos y astrología, noveluchas sensacionalistas, películas que rezumaban sexo y canciones sentimentales compuestas por medios exclusivamente mecánicos.

Que la Humanidad sólo podía escoger entre la libertad y la felicidad, y para la gran masa de la Humanidad era preferible la felicidad.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

de talentosas poetas, y no tanto.



Será que estoy bastante educado –iba a escribir influenciado pero creo más propicia esta palabra– por la Comunidad Ultraversal en la que tuve el enorme placer de leer extraordinaria poesía y de aprender algunas cosas sobre ella: la poesía. 

Será que me rodee de tantos poetas y escritores que mi percepción lectora se educó y se acostumbró a degustar poesía (por ahí he leído que no existe la mala poesía, sólo la poesía), o que me he vuelto una especie de mamón de las letras, pero me causa bastante desazón ver por la red regado demasiado material de Alejandra Pizarnik; que la verdad, al leerla, sus versos me parecen versitos demasiado insulsos y sin sustancia. No todos sus versos ni en la misma proporción pero sí me deja un mucho de escepticismo que se le alaben cualidades poéticas a versos que me parecen demasiado ordinarios.

Sé que los conocimientos que puedo tener como relativamente reciente lector de poesía son escasos, pero cuando comparo esos versos con lo que escribe Morgana de Palacios se me quedan más chiquitos todavía.

Aunque si lo reflexiono un poco es irremediablemente lógico que los versos de Pizarnik estén desperdigados por todo el internet, están demasiado cercanos a la, llamémosla, "poesía de facebook", que espero ya haya quedado claro que no es poesía en lo absoluto. Creo también que nos hace falta una palabra que englobe esos torpes versos, que son una rama bastante fructífera del hamparte.

Juzguen ustedes:

Insania

si me curo de ti
si un día me descubro en el espejo
sin las turbias ojeras que proclaman tu nombre

si al escuchar tu voz no se negaran
el resto de sentidos a sentir
y al mirarme en tus códigos 
no saltaran esquirlas de las letras de vidrio
a arañarme los ojos 
ni insólitas espinas de carey
a encresparme de rabia el pensamiento

si me curo de ti
un día extraño
en que tu marabunta se silencie
y algún dios compasivo se olvide de mi rostro
y me perdone, por despiste, el alma
hastiado de poesía

será que toqué el fondo de todos los impulsos
y entré en la mejoría que precede a la muerte
amnésica de vida

si me curo de ti y de tu pálpito
se me habrán suicidado los futuros

Quién me salva de mí

Quién me salva de mí.

Quién toma mi silencio de la mano
y me lleva a la cumbre de los solos
para esperar conmigo en la desesperanza.

Quién calla porque entiende
el corazón secreto de la melancolía
y aletea en mis pechos
como un enjambre místico de insectos alienados
por el aroma a histeria que desprenden.

Quién frena la impaciencia
y asume, pecador, que sigo viva,
sin conocerme aún lo suficiente
ni intuir lo escondido en mi memoria de aire.

Quién pone el cascabel al gato de un futuro
que no quiere avisar de su llegada
por violarme así, desprevenida
de todos los sigilos.

Quién oye mi Babel
sin temer a su amnésico cuchillo
y suelta su neblí sobre la noche
sólo para mis ojos.

Quién me salva de mí

Mortuus

Yo fui la frágil musa de un poeta maldito
de ojos oscuros, ciegos, de un brillo de fusiles:
un diluvio de gestos y palabras hostiles,
aguacero de junio salvaje y fortuito.

Fuí la exacta medida de su verbo proscrito,
Eutherpe aquilatada por mil letras prensiles
y entre lagos de cieno y amenazas sutiles
me creó y me deshizo, más allá de lo escrito.

Yo, liberta de mí, miro su prisionero,
colgado de la soga del verso traicionero
que le clavé un mal día con un puñal de sombra.

Péndulo en su latir de escala planetaria,
en acero mutó mi boca temeraria
y ya sólo es poeta, si mi boca le nombra.

http://ultraversalia.blogspot.com
y de mi nombre.


viernes, 23 de noviembre de 2018

esos Locos bajitos



A menudo los hijos se nos parecen y así nos dan la primera satisfacción... Y la verdad es que es realmente satisfactorio que todo el mundo diga que tu hijo se parece a ti; pura vanidad, qué hacemos. Independientemente de que así te evitas un poco esas bromas de mal gusto sobre el verdadero padre del chamaco, y en tu familia están infinitamente satisfechos de que la creatura se parezca a esta parte de la familia y no a aquella.

Le comentaba a Gil hace no mucho, que su herencia es debida a la genética paterna, aunque pudiera ser por aquello de que lo malo es lo que más fácil se reproduce y no porque esos genes machotes sean más fuertes o tramposos, si es que ese fuera el caso. Tanto su madre como yo nos parecemos a nuestros padres, y él, siguiendo esa pequeña tradición también se parece a mí. Aunque decir que se parece es poco, le escuché alguna vez a su madre decir con bastante más pesar que gracia, que ese niño era un clon mío. Ya qué: genes malos, genes fuertes.

Y como también dice aquel otro amigo en otra canción menos conocida: heredamos complejos, iglesia y equipo de futbol, y de futbol americano también, y eso es lindo porque nos podemos juntar a vitorear o sufrir con nuestros Washington Redskins o nuestros Diablos del Toluca. Entonces se podrán imaginar que el ya no tan pequeño Gil es fan de Juan Gabriel, José José y Ricardo Arjona, y un pequeño ateo demasiado devoto para su edad; y un ateo real en realidad porque no está bautizado.

Y bueno, me encanta esta canción por razones más que obvias, pero porque también es muy clara en que hay tantas maneras para joderle la vida a un inocente niño, como con nuestros –tan arraigados– rencores y frustraciones; y muchas otras cosas más.

martes, 20 de noviembre de 2018

la mujer de la cábala



...la cábala te dice muchas cosas sobre ti con una precisión muy grande...

Llevo varios minutos platicando sobre cábala, terapias psicoanalíticas y autoconocimiento; hablando desde mis entrañas y escuchando a esta mujer con atención, diciéndole algunas cosas que no le he dicho a nadie. Hablándole con demasiada sinceridad a una bella mujer que acabo de conocer, con la que me siento tan a gusto; con una copa en mi mano y la otra mano muy bien acompañada de su atractivo muslo.

La verdad es que no era difícil elegir entre ella y la chica que la acompañaba, una preciosidad de menos de veinte años, con extraordinarias piernas y lindísimo rostro. Soy igual a todos, si tengo que elegir elijo a la más bella. Porque mi reciente confidente es muy atractiva, pero ya se han juntado demasiados ayeres no tan felices debajo de sus ojos, que le acentúan la tristeza natural de su mirada. La triada entre sus nalgas, caderas y piernas me atraen demasiado, a pesar de las imperfecciones de la edad que muestra la desnudez de su piel donde quisiera posar mis manos, y luego mi boca. Morderla sin consecuencias.

No he sido yo quien eligió a la madura sobre la extravagante joven, han sido las circunstancias. Seré ordinario pero no soy un grosero, y mientras dialogaba sobre nada particular con la mayor, la joven de la inocente mirada se ha marchado, llamada por alguien más. Pocos minutos después me doy cuenta de lo afortunado que he sido de compartir una copa y la charla más sustanciosa en mucho tiempo con esta todavía bellísima mujer, quien luego me dejó boquiabierto al menear deliciosamente ese abundante trasero sobre el escenario. Nada que ver con los torpes aunque entusiastas movimientos de su pequeña discípula.

La única copa que pude comprarle se terminó demasiado pronto pero estoy satisfecho y contento, en este lugar de humo, alcohol y culos al aire bamboleándose entre los pasillos o sobre el escenario. Mi vanidad me hace sonreír. Me bastó una copa para que este mujerón me diera su número de celular. Y aunque no esté buscando una relación ni me atraiga en la absoluto enredarme con una mujer de la noche una parte muy insistente de mí sonríe al pensar que podría terminar una noche entre las sábanas de la hermosa mujer de la cábala. Qué hacemos, sólo soy un hombre común.

martes, 13 de noviembre de 2018

el que espera II

A pesar de que el mundo se nos ha vuelto una colección de inmediateces, donde parece que nadie está dispuesto a esperar por nada, acá en mi tierra la gente sigue siendo impuntual por convicción, y sí, no nos queda otra opción que esperarlos.

Ni la inmediatez del streaming en banda ancha, del skipe o de una conversacion whatsapp intercontinetal han podido contagiar al mexicano impuntual que sigue llegando tarde a todos lados, y lo peor de todo (peor para los puntuales), que se molesta en extremo si se le reclama la hora a la que ha llegado: "Ya no hagas dramas, ya estoy aquí". Bueno, ya dijo alguien que la mejor defensa es el ataque, así que el pedido por la extinción de los dramas puede venir antes que el reclamo del que tuvo que esperar.

De nada sirve que se haya repetido veinte veces que el camión partía a las 9:30 en punto estuviera quien estuviera. Diez minutos antes de las 10 nos mirarán de forma bastante desagradable cuando pidamos que ya parta el autobús: "Ya casi llegan, me acaban de avisar". "Aaaay, no seas así, ni modo que nos vayamos sin él", y más pendejadas por el estilo.

Luego esos mismos impuntuales no pueden creer que no hayan alcanzado el tour o el tren al haber llegado "únicamente" dos minutos después de la hora señalada, aunque hubiera imbéciles que llegaron treinta minutos antes, de los que no se enteraron debido a su habitual tardanza. "Qué mala onda no nos esperaron".

Más que irónica me parece tonta esa actitud de impaciencia frente a la tecnología mientras quieres que te sigan esperando, porque, pues, así eres. Y no vas a cambiar.