viernes, 13 de julio de 2018

Forjando mi armadura


Cuando uno escribe, vuelve una y otra vez a sus lugares comunes, a los sitios que conoce, en los que se siente cómodo, los que le mueven algo profundo, a los que le provocan urticaria (alguien podría decirme: oye cabrón, de eso ya te has quejado varias veces. Y es que si uno se ha vuelto un amargado que ha encontrado en la queja a una buena compañía, pues te quejas; y, si tienes la fortuna de tener lectores, sufrirán tus repeticiones y desvarios. No es la gran cosa en realidad).

Es que cuando uno intenta ser sincero mientras teclea parece ser el resultado obvio. Se escribe de lo que se conoce, y al parecer a veces no hemos quedado satisfechos con lo previamente tecleado, o existe una arista que no se había tratado en absoluto, o no a placer, por la razón que esto haya sido. O simplemente se repite la obsesión.

En cierto momento de susceptibilidad y acumulación rencorosa escribí, creo que consecutivamente, sobre el dolor que provocan las ofensas que vienen de ciertos destinatarios (mi madre) y sobre la pertinencia que tendría proveerme de una armadura en la que se estrellara todo sin menguar en mi hasta ahora frágil alma. Ahora veo que antes de eso también había tecleado sobre la calumnia materna que me tilda de egoistamentiroso ante mis para mí justos reclamos.

Es lo que hay. 

Ya Tamara (siempre Tamara) me había advertido, ¿hace cuántos años?: Tienes un asunto que resolver con tu madre. Tan obvio es el asunto. 

No veía manera de que eso pasara. ¿Intentar resolver algo con mi madre? Antes de eso logro correr un maratón a pesar de mi pie plano. 

Ahora lo puedo ver. El asunto es con mi madre –un asunto enorme– pero lo tengo que resolver solo. Porque finalmente al que le duele es a mí no a ella. El que necesita la armadura soy yo. 

Nunca voy a saber la razón por la que ha hecho tantas cosas, pero llegará el día en que deje de importarme y en que en verdad me valga una mierda lo que ella haga o deje de hacer para conmigo.



martes, 10 de julio de 2018

haciendo más magia


Hace algunas semanas también hablaba de magia, pero era sobre encantamientos de otro tipo: la magia de la inspiración y la magia del enamoramiento mutuo, del hechizo desencadenado por un beso anhelado. Sí mencioné de pasada los sortilegios del diván, aunque para ser exacto hablaba del descubrimiento que supone el autoconocimiento; un tipo de magia oscura.

La hechicería a la que me quiero referir ahora también tiene que ver con las sesiones de diván pero es mucho más tangible. La pude sentir, y experimenté la inmensa sorpresa de ver cómo literalmente por arte de magia algo en mí había cambiado. Quizá son cosas no trascendentales pero a mí me parecen inmensas.

Me he referido varias veces a lo chocantemente sensible que soy, con lágrimas tan precoces que a la menor provocación salen disparadas. Y básicamente es un asunto chocante porque la aparición de mis queridas lágrimas imposibilita mi habla, al aparecer desde las primeras palabras que quiero decir, dejándome como un imbécil que sólo lloriquea cuando esperaba decirle algo lindo a alguien.

Bueno, eso era antes. Ahora puedo hablar sin llorar, incluso de cosas que me duelen mucho durante la terapia. Algo que era imposible meses atrás. Incluso en la noche vieja pasada le dije unas palabras a mi familia (padres, tíos, primos y sobrinos) para expresales mi cariño. 

Esto es mucho más trascendental que la comprobación del último sortilegio experimentado, en algo tan común como jugar al basquetbol. La cosa es que no podía lanzar el balón con mi mano izquierda a pesar de botarlo mejor que con la derecha, y, de repente, sin haber practicado los siniestros tiros me encontré lanzando el balón con mi mano izquierda. Y claro, me volví a sorprender.

Una cosa es cierta, y es que la mayoría de las veces me siento como un niño ignorante que no tiene ni puta idea de lo que está haciendo ni de cómo funciona la psicoterapia; que a veces me siento perdido y sin rumbo, pero también, que al experimentar este último cambio físico en mí sentí como si hubiera deshecho nudos que tenía por ahí incrustados.

Me alegra pensar que tengo nudos más importantes que desatar y que ese buen Jung tenía razón: lo que aceptas te transforma.

Y esta imagen está rebuena, ¿que no?

viernes, 6 de julio de 2018

Reflexiones postelectorales


Andrés Manuel arrasó en la elección presidencial. Le sacó más del doble de ventaja al segundo lugar. Es el primer presidente electo en México de forma legítima, el primero que obtiene más del 50% de las preferencias del electorado.

Entre los que decidimos apoyarlo estamos de todos lados. Están millones de estudiantes difíciles de engañar que votaron por primera vez y jubilados hartos del gobierno rapaz. Están ricos y empresarios poderosos que desean un país mejor junto a pobres y miserables cansados de ver cómo los políticos se llenan los bolsillos con el cinismo más impúdico (los gobernadores del nuevoPRI para empezar). Está la clase trabajadora y la clase obrera que le quieren dar una oportunidad, no para que roben otros, sino para que dejen de robar, con una pequeña chispa de esperanza frente a la agobiante realidad del mexicano transa y valemadre. Están muchos que hace seis y doce años nos llamaban pejejos, pejezombies y demás adjetivos hermanados con la estupidez a quienes siempre le dimos nuestro apoyo, pero ahora lo apoyaban vehementes; también se cansaron de lo mismo.

Y sí, estamos los que estamos con él desde hace veinte años cuando era presidente del ahora agonizante PRD y luego quedó electo Jefe de gobierno de la Ciudad de México: con el depa en Coplico y el Tsuru blanco, las conferencias de madrugada y la pensión a los ancianos, la inimaginable construcción del segundo piso del periférico y la austeridad republicana, y tantas cosas más de las que todos sus adversarios prefieren hacer como que no saben que Andrés hizo tanto con tan poco. Y soportamos con él aquel infame intento de desafuero fraguado en el PRIAN y comandado por el pendejo de las botas de charol. Y vimos con rabia cómo nos robaron la elección. ¿Me pregunto si a los nuevos amlovers les dice algo Hildebrando?

Por desgracia estamos en México, y tampoco nos dejamos deslumbrar por el supuesto mesías. Estamos conscientes de todos los personajes deleznables que se unieron a Morena cuando vieron hacia dónde se movían las aguas; la fauna política mexicana está retacada de chapulines oportunistas que cambian de bandera como cambian de calzones; de miles que no ven el cambio que el país necesita y el fin de los privilegios para los servidores públicos sino el lugar desde donde podrán seguirse sirviendo lo que queda de la patria.

Espero que un gabinete con tal presencia femenina haga entrar en razón al presidente sobre lo necesario y justo que es que las minorías tengan derechos elementales en todo el país y que los derechos de la mujer sean respetados más allá de cualquier moralismo ignorante que se quiere imponer a toda costa.

Me da una lástima infinita ver cómo brotó el clasismo y racismo más recalcitrantes –aunque no me sorprende, lo veo casi todos los días: como nos ven nos tratan– ante la avasallante victoria. Para la élite voraz y para millones más de arribistas y wannabes ha ganado la ignorancia de chairos y nacos, de jodidos e ignorantes, de prietos y pendejos. Qué hacemos, es lo que hay.

Aquí estamos. Contentos pero sin sonrisa.

jueves, 28 de junio de 2018

siguiendo en el viaje II

Pero ahora veo que el recorrido de este inesperado viaje no se parece tanto a una montaña rusa. Podría decir que es mas bien una especie de laberinto en el que es sencillo perderse y alejarse de la salida, con zonas pantanosas en las que parece imposible avanzar pero sí quedarse estancado una eternidad, y esos recovecos turbulentos con caídas pronunciadísimas y giros inesperados, también una casa de espejos con reflejos distorsionados y dolorosos, con imágenes difíciles de ver. Y el mismo laberinto, con sus veredas inciertas y su desconocida duración, con los regresos al mismo pasillo por el que ya has cruzado varias veces topándote con la misma pared, confundido.

Y claro, siempre está presente aquel "amigo" que disfruta tanto apagando la luz o poniéndote una zancadilla. Lo miraste de reojo en aquel salón de los espejos.


sábado, 23 de junio de 2018

de hijos de puta y el moderno mundo II


Pareciera que la multitud, la masa, sería más correcto decir, está únicamente esperando para ver qué celebridad o persona con relativa fama cae o simplemente tropieza, para participar del despedazamiento que completamente engolosinados emprenden sin tregua y con total crueldad sobre la circunstancial víctima.

Pero puedes ser una total desconocida hasta el momento de tu linchamiento público (una supuesta amiga tuya decidió exhibir cómo te besuqueabas con un tipo en tu despedida de soltera), incluso estar muerta ya (tuviste el pésimo tino de subirte al coche que momentos después se iba a estrellar y donde el ebrio conductor no murió. Y como bien dice Tyrion Lannister la vida está llena de posibilidades). Y sí, si eres mujer se te garantiza un tratamiento todavía más cruel. Porque parece que toda mujer esconde una puta dentro.

La nueva víctima de la ira irracional de las redes es una mujer que a mí me parece admirable. Una mujer cuyo único pecado fue ser la esposa de un imbécil que en estos tiempos decidió grabarse con la verga de fuera y enviar el video a su amante.

Muchos dicen que ser la esposa de un infiel es lo común. Pero cualquiera espera haberse matrimoniado con alguien que conozca la prudencia y la discreción. No fue el caso y esta inocente mujer ha sido destino de burlas y crueles manifestaciones de la inmensa estupidez actual. Una más.

Y bueno, todo está dicho en esta descriptiva frase del buen Hank. ¿Por qué habríamos de estar solos en nuestra mierda?

viernes, 22 de junio de 2018

Seguimos soñando


En los días que habían pasado de este año, justo hasta el día anterior al 17 de junio, yo era el loco iluso –aunque supongo que para algunos era un pendejazo– que aseguraba que "nuestro" equipo le podía ganar a Alemania en todas las reuniones familiares cuando salía a relucir el tema del próximo Mundial.

"Cómo crees, es el campeón del mundo". "Si el año pasado les metió 4 - 1 con su equipo B". "Si México no juega bien". Y algunos otros argumentos por el estilo.

Debo decir que yo soy de los que estaba en completo desacuerdo con que hubieran dejado, a pesar de todo, al técnico colombiano. No concibo cómo pudo sobrevivir al 7 - 0, ni que le toleraran la ejecución de absurdos cambios que sólo él entendía: quitar a quien mejor había jugado para poner a alguien más. La verdad todavía temo que se le ocurra una cosa así, y que salga con su misma estupidez: Yo creí que así funcionaría.

Así que mi ilusión en las posibilidades del equipo se basaba en los jugadores, en lo que pudieran hacer a la hora cero. En el factor histórico de que, al menos en los mundiales que yo he visto, el equipo se crece ante los grandes, aunque se confía con quien considera inferior (1994 Bulgaria, 2002 Estados Unidos). Confío en que una buena cantidad de los seleccionados son aquellos que contra todos los pronósticos fueron campeones olímpicos.

Llegó el partido. Fue un juegazo. Tuvimos un gran día del padre.

Luego del gran triunfo, en la sobremesa, volví a ser el loco. Alguien mencionó que los jugadores decían que iban para ser campeones. Todos en la mesa dijeron que eso no era posible. Todos menos yo, ya se sabe. Sólo pregunté, ¿y por qué no podrían ser campeones? Lo mismo decían todos ustedes cuando la olimpiada y ganaron. Digo, hace no mucho, Grecia ganó una Eurocopa.

Ya veremos qué pasa.

martes, 19 de junio de 2018

lo que todos tienen dentro

"Verás, hay un tipo y todo el mundo estaba allí, ¿cierto? Le toca exponer lo que todos tienen dentro de la cabeza. Empieza el primer tema, después desarrolla las ideas, y la gente, sí, sí, y lo consigue, y entonces sigue su destino y tiene que tocar de acuerdo con ese destino. De repente, en algún momento del tema lo coge... todos levantan la vista y se dan cuenta; le escuchan; él acelera y sigue. El tiempo se detiene. Llena el espacio vacío con la sustancia de nuestras vidas, confesiones de sus entrañas, recuerdos de ideas, refundiciones de antiguos sonidos. Tiene que tocar cruzando puentes y volviendo, y lo hace con tan infinito sentimiento, con tan profunda exploración del alma a través del tema del momento que todo mundo sabe que lo que importa no es el tema sino LO que ha cogido... –Dean no pudo continuar; sudaba al hablar de aquello".

Este es un fragmento de la tercera parte de En el camino de Kerouac, libro que he de decir, empecé a leer hace dos años pero que no me atrapó, ni me pareció la gran cosa como para tener tantas reverencias hechas a lo largo de muchos años. Ahí se quedó esperando en mi buró, viendo como acariciaba a otros antes que a él. Llevo ya un rato leyendo dos libros en simultáneo, uno es el que leo por las noches y otro el que llevo a donde voy, el que me acompaña mientras espero. Luego de viajar con Ficciones decidí darle otra oportunidad y lo tomé como compañero de camino. Esta vez lo acepté de buena gana.

Esto lo leía hoy, mientras esperaba el autobús. Luego de leer lo que he puesto resaltado con negritas me vino a la cabeza la sentencia del perfil de mi amigo Gavrí: un escritor es alguien que escribe lo que le pasa a todos los hombres. Al escritor le toca exponer lo que todos tenemos dentro. Ahora pienso en lo que hace dos días me dijo una amiga de la universidad respecto al título de mi libro, Apuntes de un hombre ordinario: "no sólo son cosas que piensan los hombres".

En el párrafo, Dean Moriarty (Neal Cassady) habla sobre la extraordinaria ejecución de un saxofonista, pero su descripción me ha parecido muy cercana traspolándola a la escritura. Hay veces que estás en la zona, o como lo describen ellos, LO has cogido. 

No es algo que puedas planear, es algo que pasa. No sé si sea el encuentro fortuito de varias venturosas casualidades o que aquella musa pasó a besar tu frente, pero pasa. Y cuando pasa, cuando lo consigues, cuando lo coges, es magia. Y entonces no puedes parar de teclear, y experimentas un estado de excitación y ansiedad difícil de describir y se "llena el espacio vacío con la sustancia de nuestras vidas, confesiones de sus entrañas, recuerdos de ideas, refundiciones de antiguos sonidos". Y quienes se acercan lo reconocen, porque el destello es evidente.