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Divagues en torno a la "gordura" femenina

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Supuestamente estas imágenes son una representación de apertura mental en lo que se refiere a la talla y la belleza de los cuerpos de las mujeres. Se supone, que estas mujeres representan la diversidad corporal y serían lo opuesto a la delgadez extrema que vemos en todos lados; que también, supuestamente se les impone a las mujeres.
Pero estos no son cuerpos pasados de peso, en mi opinión de hombre lujurioso me parecen las mujeres con los cuerpos más apetitosos que puede uno encontrar, la dicha de cualquier heterosexual con un mínimo de libido, las mujeres a las que debes voltear a ver si tienes la suerte de cruzarte con ellas así te tachen de pervertido. Dentro de esta misma opinión, son cuerpos maravillosos.
Que haya mujeres con esos cuerpos y en sus atormentadas mentes crean que están gordas o gordísimas es otra cosa. Esas mujeres no deberían considerarse gordas bajo ninguna circunstancia. Pero sí lo hacen, eso lo sabemos.
Se supone que se está exaltando la diversidad corporal. De hec…

Viñetas escolares

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Recuerdo que cuando terminé mi educación primaria y me disponía a ir a la escuela secundaria tuve un pensamiento recurrente que me dio más lata de la que me hubiera gustado: el enfrentamiento inevitable con los acosadores escolares.

Se contaban cosas, se escuchaban historias, se sabía que los chicos que tenían buenas notas no eran personas gratas dentro de un aula escolar, al menos no para los compañeros que no recibían las lisonjas de la maestra que quizá sin quererlo alimentaba el repudio para con el aplicadito de turno.

Yo era un niño enclenque y flacucho, temeroso, un niño de mamá que sacaba muy buenas notas, auspiciadas por el temor paterno y la propia satisfacción. El matadito convertido en el blanco de las frustraciones de sus compañeros. No me sentía capaz de poder defenderme frente al acoso de algún pandillerito escolar.

Pero resulta que le caigo bien a la gente, al menos a la mayoría. Y sí tenía las notas más altas de todo el salón –por encima de cualquier compañerita– pero t…

estupideces cotidianas

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Siempre me molestó, siempre me resultó muy chocante, esa pendeja idea de que había que ser el mejor, ser el número uno. Tratar con todo tu ser y a como diera lugar de ser el mejor. Esa puta frasecita de que no importa si eres barrendero “debes” ser el mejor barrendero, y así, en cualquier cosa que quisieras hacer, merodeaba omnipresente desde niño. Tienes, por una supuesta obligación que ser el mejor en lo que haces. O resignarte a ser un mediocre fracasado. Es una idea tan extendida como la contaminación del aire o el uso del facebook entre los jóvenes, una idea que todos repetían y repetían y repetían; y repiten y repiten y repiten.
Es una idea difícil de rebatir, sobre todo si eres un niño. Qué cosa puedes decir ante el “magnífico” argumento positivo. Qué puedes señalar contra la aceptadísima verdad, cuando todos han sonreído asintiendo para avalar lo verídico de la sentencia. Qué puedes decir para no parecer un perdedor y un mediocre, y a tan corta edad. Pero es que, “cómo podríamo…

de las pequeñas emociones de mi vida

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Dice Luis Ernesto Álvarez, el narrador principal para Latinoamérica de ESPN que ningún deporte provee de toda la emoción que brinda un juego de beisbol. Creo firmemente que tiene la boca retacada de razón.
Es obvio que hay juegos malos y aburridos, marcadores abultados que matan el interés y juegos carentes de casi toda emoción, pero en el otro extremo hay partidos más emocionantes que la mejor película del director del momento.
Iba a escribir sobre este postulado hace unos meses, justo después de terminar la Serie mundial tras ese emocionantísimo juego siete, pero por alguna distracción se me quedó en el cajón del para después. Lo hago ahora en referencia a otro conmocionante partido en el que el equipo mexicano, en un juego de casi cinco horas, eliminó al favorito Venezuela y siguió con vida en el Mundial de beisbol. Hoy se juegan el boleto contra Italia e irían por una sabrosa revancha.
Cinco horas de alegrías, preocupaciones y frustración, alternadas estratégicamente para que el cor…

Pechos, botas y tristeza

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temores de macho

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El niño de las fotos

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Todo el pueblo puede ver y recordar cómo era de pequeño. Todos. Los que me conocen y los que no. Todos los que aquí viven desde hace al menos treinta años. Pero cualquier visitante puede ver y fisgonear mi crecimiento en imágenes, con sólo entrar en el establecimiento familiar y echar una rápida mirada. Cualquiera que llegue a las Fotos López.
Pueden ver mis grandes orejas y mis dientes chuecos antes de los brackets, y luego ya con ellos, en todas las fotos de la infancia; en la de la primera comunión y en aquella de ese día de campo que tanto disfruté donde se me ve tan feliz con esa desgastada playera de Winnie Pooh que no quería quitarme, y que un día ya no me pude poner. También están a la vista retratos de esa entrada a la adolescencia en la que poco a poco se va deformando el rostro y aparecen los incomodísimos barros que no quisieras volver a ver en tu rostro, mucho menos que todo el pueblo los pueda ver.
Mi padre también exhibe mis fotos de bebé, mis “caritas”. Se supone que a l…