miércoles, 23 de enero de 2019

Los posers también son cursis



Sí, me gusta eso que dice. Y no tengo ninguna idea de si eso que ha escrito refleja lo que piensa en realidad o sólo ha compartido lo que cree que es políticamente correcto y agradablemente educado. Lo que hará que los demás pensemos que es culta y cool; ¿qué será más valioso en este mundo de memes? Imagino que alguien supuestamente cool, con la suficiente cultura para entender ciertas referencias de Rayuela incluso si nunca lo ha ojeado; porque tampoco hay que exagerar, alguien muy culto da hueva. Será en verdad una librepensadora con el respeto a la libertad ajena como consigna inquebrantable, u otra activista de sofá, de calzado lindo y smartphone de moda, que retuitea cualquier opinión que refuerce ese arquetipo que tanto se esmera en construir. Pero vamos, ella me encanta (me tiene encantado) por lo bello de sus ojos y lo lindo que se acomodan sus rasgos faciales en esa sonrisa capturada por la selfie, en esa instantánea virtual tan bien compuesta en ese trescuartos que le favorece tanto, mucho más que una toma frontal según me han revelado el resto de sus fotografías de perfil. De hecho, la voy a abordar por lo linda que se ve más que por lo linda que me pareciera su persona transgresorarevolucionaria que se empeña en defender el derecho al aborto y los derechos de los homosexuales. A pesar de todo lo que yo presuma en mis redes (básicamente lo mismo que ella) mi principal motivación es su físico; esos ojos, esa delgadez que los prejuicios me hacen ver con tanto valor frente a cuerpos con más kilos, a pesar de que estuvieran bien acoplados en caderas y pechos. Porque finalmente, lo que le da valor a esas supuestas frases de Frida o de Alejandra Pizarnik es esa espléndida sonrisa, esos ojos, su perfecta delgadez. Otro asunto es que su aparente belleza también podría tratarse de una tomadura de pelo patrocinada por los filtros de sus fotos, y que esa magnífica sonrisa sea el resultado de pixeles reordenados y editados. La experiencia me hace saber lo altamente probable que así sea. Aun así, intentaré llamar su atención con la respuesta más ingeniosa e inteligente que encuentre, mientras cruzo mis dedos esperando que sus fotos no mientan.

Porque, todo puede pasar.

domingo, 20 de enero de 2019

reencontrando a Ruby


Hace dos días volví a ver Ruby Sparks (Ruby Sparks: la chica de mis sueños) y disfruté muchísimo la experiencia. Con independencia de la linda posibilidad de ver a Zoe Kazan en 16:9, fue muy agradable volver a ver esta fantástica historia, por cierto, escrita por ella. Recordaba que me había gustado bastante la historia pero sólo eso. Ahora la disfruté más, mucho más. Si alguno de ustedes la ha visto y es lector de este blog se podrá imaginar que me habré identificado con el protagonista, un escritor algo traumado que va al psicoanalista.

Y creo que esa es la razón fundamental de que esta revisión del filme me haya resultado tan placentera. Y también está la cosa de poder ver mi reflejo sin voltear la mirada, lo que representa un avance enorme, o eso quiero pensar. 

En 2012, cuando la película se estrenó, yo no escribía (al menos no con regularidad), y mucho menos tomaba sesiones en el diván. Así que entonces no hubo ningún tipo de identificación salvo el deseo de tener esa posibilidad extraordinaria de "tener"a esa mujer.

Hasta hace pocas semanas experimenté un bloqueo, aunque no es un bloqueo total porque he escrito cosas para el blog, pero eso sobre esa historia que intento escribir se ha escondido muy dentro y no quiere salir; y con eso de que las musas sólo se quedan si estás trabajando, pues está cabrón.


miércoles, 16 de enero de 2019

Entre magos te veas


"De repente me puse perverso y leí Harry Potter" dijo bastante divertido uno de mis amigos. Un cuate que tenía bastante conocimiento cinematográfico además de buen gusto para las películas. Me gustó la expresión y me sentí identificado con ella. También me aperversé con la maravillosa historia del joven mago y esperaba con inmensas ansias la llegada de los últimos volúmenes de la saga. De hecho, debo confesar que el último libro lo leí antes de que fuera publicado en México. Imagino que mi fanatismo por libros y películas era tal que para una buena amiga del trabajo no pasó desapercibido y cuando un conocido suyo le ofreció el pdf del último libro pensó en mí y me hizo semejante regalo. Así que leí complacido (antes que muchos) el fin de esa –sigo creyendo– extraordinaria historia.

Y es que la perversión por ese mundo fantástico de magos, elfos y demás creaturas increíbles ya me había llegado con El señor de los anillos. Luego de ver La comunidad del anillo quedé impresionado. La verdad es que como millones no sabía un carajo de Tolkiem ni de la Tierra media ni de cosa parecida. De hecho Harry Potter y la piedra filosofal se estrenó semanas antes que La comunidad del anillo, siendo también el principio de una gran mitología que atraparía a infinidad de personas y que hoy sigue dando frutos con las crónicas prepotterianas de las Creaturas fantásticas y el amistoso señor Escamander. 

Creo que parezco muy divertido tecleando esto, porque se suponía que las letras fueran hacia otra parte, pero aquí estamos, entre Privet Drive y Bolsón cerrado. 

Creo que mi tacañería ocasional se unía a mi pobreza y a gastos más inmediatos y necesarios como el consumo de alcohol en las reuniones extraescolares y todo el dinero empleado mientras eres felizmente acompañado de una chica que parece ser tan feliz como tú mientras intercambian caricias y besos; y comparten hamburguesas y ven películas juntos. La cosa es que leí todo Harry Potter y El señor de los anillos pero no compré jamás un libro. Los libros los compró mi hermana (ella sí, una lectora empedernida, además de en ese entonces carente de vicios) quien luego de muy pocos días los compartía conmigo. Ahora recuerdo que La comunidad del anillo se lo regalé en una navidad o cumpleaños, matando así dos pájaros de un tiro. Un regalo un poco a lo Homero Simpson.

Y como siempre pasa en este mundo olvidado de dios, tras el estreno de ambas sagas cinematográficas se nos vino una cascada de intentos de imitar los mundos y el éxito mercantil que tuvieron las obras de Tolkiem y Rowling. 

No volví a leer fantasía hasta hace dos años que me compré –ahora sí– Juego de tronos. Otra fantástica historia que debo retomar. Mientras, estoy por conocer a la gran ballena blanca.

lunes, 14 de enero de 2019

Escribiendo a diario

Por alguna razón que me resulta difícil ver con claridad –en este tiempo de calma–, en los días finales del año pasado, mientras recorría una de esas grandes tiendas donde venden grandes productos en botellas realmente grandes, me topé con una mesa llena de agendas, agendas que nunca he sabido usar correctamente. Agendas grandes y pequeñas, llenas de dibujos o sobrias, con calcomanías e ilustraciones. 

Rodeado de todas estas libretas llenas de fechas y calendarios se me ocurrió que podría conseguir una para escribir en ella una especie de diario. Para plasmar con mi letra cualquier idea sobre cualquier cosa todos los días del año. Una entrada por día. Como señalan las hojas de la agenda. Una idea, un pensamiento, un trauma o frustración; la conclusión de la sesión de terapia o la salida al cine con ella. Eso que acabo de subrayar en el libro que leo. Cualquier cosa.

Apenas van a cumplirse dos semanas pero todas las hojas están llenas de mis a veces ilegibles garabatos. Y... no sé, pero me parece un buen ejercicio.


lunes, 31 de diciembre de 2018

Divagues de fin de año


“Alguien que te ame a pesar de conocerte”. Parece la cosa más fantástica que te podría ocurrir, que alguien sienta amor por ti a pesar de conocer quien eres, o una buena parte de tu persona. 

Encontrar a alguien de quien te enamoraste, y quien, por alguna coincidencia cósmica o una simple casualidad también te ama, con quien construiste ese puente indestructible (quisieras) cimentado en palabras y franqueza mutua; con heridas lamidas mal remendadas, y tiempo, el tiempo que todo cura y todo hornea, que también quita las máscaras.

Eso escribí. Que la mayor dicha que alguien podría experimentar era que alguien lo quisiera a pesar de haberlo conocido.

Varios años después me quedo pensado si yo me amo a pesar de conocerme. No se puede amar lo que no se conoce como tampoco se puede conocer lo que no se ama. Y ahí llegan los argumentos, las preguntas: ¿me conozco? ¿qué tanto de mi persona real conozco en realidad?, y entonces, cómo puedo amarme si ni siquiera me conozco.

¿Cómo intentar amar a alguien sin ser capaz de amarme a mí?

Por otro lado sé que la amo, aunque no sé qué tanto la conozco.


miércoles, 19 de diciembre de 2018

Reflexión prenavideña


Será mi pesimismo habitual pero pienso que la gran mayoría de las voces indignadas ante la violencia en redes contra la joven oaxaqueña está vestida completamente de corrección política. 

Porque podría asegurar que si llego a una fiesta familiar o me paseo por el centro comercial para ir a ver una película de la mano de una chica con las características de Yalitza sería criticado de forma contundente. Que qué hago con una india. Que si parece que vengo con la sirvienta. Que si no importa como vista la mona, claramente no se verá mona ante miradas educadas tan pobremente. Las de casi todos, ya se ve.

Porque la doble moral deja salir los prejuicios cuando no pueden resistir más tiempo guardados pero es precavida para proveer una respuesta decente y políticamente correcta en determinadas situaciones, como si acaso en la sobremesa aparecieran las voces idiotas contra Alexa Moreno y su complexión física.

La realidad es que Yalitza seguirá actuando, seguramente de la mano de directores del tamaño de Cuarón, pero los roles en los que la quieran incluir no se mueven más allá de la sirvienta, la comerciante de tianguis, la esposa del narco, la campesina. Porque puedes poner un poco de hollín a Thalía y escucharla en una ridícula habla supuestamente de pobre, pero no al revés. La gran señora, la rica, la media naranja del joven apuesto, esos no, esos arquetipos no son para ella por más premios que pueda seguir recibiendo.

Mientras, la envidia (muuuuuuucha envidia) y los prejuicios seguirán forcejeando con la corrección política y los defensores de la justicia.

martes, 11 de diciembre de 2018

Sobre la autopublicación 2




Autores editores

Como ya he dicho, la autopublicación es actualmente el medio por el cual los autores podemos ver nuestras letras publicadas. Es la libertad para publicar eso que quizá nadie más publicaría. Pero la libertad requiere responsabilidad para que no se pervierta.

La cosa es que si uno se lanza por la propia publicación de su manuscrito, uno debe sustituir todas las partes del proceso de edición. Ya no somos sólo autores. Debemos ser correctores, editores, maquetadores e incluso diseñadores. La calidad del libro que vamos a publicar corre a cargo de nosotros y de nadie más. Está en nosotros que publiquemos un ejemplar de calidad, porque además es nuestro nombre el que aparecerá en la portada.

La realidad es que entre los miles de libros que se autopublican, un porcentaje muy pequeño ha sido revisado, editado, corregido y maquetado. Estos libros no han pasado un mínimo y necesario control de calidad en el que al menos se revise que las palabras estén correctamente escritas, no hablemos de calidad literaria o de maestría narrativa. Sólo de simples palabras adecuadamente escritas.

Leí que alguien escribió que la escritura es una actividad que requería sobre todo de reescritura. Y es así. Escribir eso que queremos decir es sólo la primer parte. Falta que revisemos una y otra vez, falta que corrijamos los errores al teclear y los errores ortográficos. Hace falta pulir nuestro lenguaje, hasta donde seamos capaces al menos.

Con la ayuda de mis amigos

Siendo realistas, habrá muy pocas personas que puedan ejercer todos los roles que he mencionado sobre la edición de un libro. Tendremos entonces que pedir ayuda. Pero antes de que alguien nos auxilie con la corrección de las faltas ortográficas y otra persona nos diseñe una portada, necesitamos que alguien nos lea.

Requerimos de una mirada objetiva sobre el texto que nosotros hemos leído y releído tantas veces que no podemos ya ver siquiera errores de dedo que a un nuevo lector le saltan a primera vista. También requerimos una opinión sincera. Alguien que nos lea y tenga toda la libertad de decirnos si nuestra historia tiene lógica o si se entiende eso que queremos decir de la forma en que lo queremos decir. Precisamos de otros ojos en nuestras letras, una nueva mirada despojada de nuestro ego y vanidad, de nuestro amor propio. Y claro, también necesitamos humildad y objetividad para recibir la realimentación que nos proporcionen estos amigos.

Leí en algún lado que no es nada aconsejable que le demos a leer el manuscrito a nuestra pareja, a menos que queramos terminar la relación. Puede no ser todo lo objetiva que buscamos, finalmente, se supone que nos quiere o algún afecto siente hacia nuestra persona; o puede ser también que nos tomemos personal algo que está estrictamente afuera de la relación sentimental, que malinterpretemos lo que se nos dice. Creo que es obvio que tampoco este lector debe ser nuestra madre.

No buscar errores en lo que hemos escrito o creer que no necesita que nadie le meta mano habla de un ego desmedido de quien ha escrito el libro. Alguien que creé que lo que ha escrito es perfecto y no hace falta que le corrijan ni una sola coma. Alguien que piensa que su trabajo es una genialidad que sólo necesita ver la luz para que el mundo se asombre. O al menos eso parece.

Si le damos nuestro texto a la persona adecuada y tenemos una correcta actitud seguramente tendremos beneficios, nuevas visiones y posibilidades.

Derechos autorales

Hay una cosa importantísima que tenemos que hacer inmediatamente después de que hayamos terminado de escribir y corregir nuestro escrito, antes de que cualquier otra persona lo lea. Esto es registrar nuestro texto. Nunca acabamos de conocer a nadie y como escritores o aspirantes a ello deberíamos saber que la traición nace con una facilidad increíble de los lugares menos imaginados. Mejor prevenir y hacer lo que debemos, que mentarle la madre al hijo de puta que nos traicionó. Por salud, simplemente. Porque es lo que corresponde con la creación intelectual.

A nuestra disposición está la oficina de Derechos de Autor con costos según el país en que vivimos pero también hay registros gratuitos por internet en Creative Commons y Safecreate.

La realidad nos golpea

Anualmente se publican cientos de miles de libros, de los cuales un porcentaje cada vez mayor corresponde a libros autopublicados. Es de lamentar que un porcentaje bastante alto de estos libros se publiquen con bastantes carencias editoriales.

La realidad es que hay ideas y sentencias que flotan en el aire sobre la poca o mala calidad que “deben” tener las obras publicadas por sus autores. Opiniones que aseguran que si un libro no fue publicado por alguna editorial es porque es malo o que si lo tuvo que publicar su propio autor es porque carece de valores literarios. Estas ideas sólo se fortalecen con cada obra mediocre que se publica, con cada ejemplar lleno de pifias y con cada libro que desde su portada vocifera que fue elaborado sin cuidado. Pareciera que grita NO ME LEAS.

No existe el mínimo rigor ni la más pequeña autocrítica. Sólo la satisfacción de un capricho: ya soy escritor porque publiqué un libro. Ahora más que nunca, eso no hace a un escritor.

Y esta situación no ayuda en nada a todos los que estamos escribiendo y nos preocupamos por hacerlo lo mejor que se pueda, que nos esmeramos en publicar (en un blog generalmente) textos bien escritos en lo formal y con alma en su fondo, y que esperamos un día poder ver nuestro trabajo transformado en un libro que podamos presumir, como ciertas madres presumen a sus hijos por cualquier red social.

Y que precisamente será mediante la autopublicación que veremos ese anhelo cumplido.



Así que, como dije al principio de estas líneas, cualquiera puede publicar un libro. Pero parafraseando a Anton Ego de Ratatouille: no cualquiera puede publicar un libro pero un gran libro puede provenir de cualquier parte. O algo así.