miércoles, 9 de septiembre de 2015

¿Amigos?



Alguien ha dicho la estupidez de que hombres y mujeres no podemos ser amigos, verdaderos amigos. No sé si el concepto fue introducido por Rob Reiner en “Cuando Harry encontró a Sally” (When Harry meets Sally) o si es anterior a esta película, pero pienso que quizá a partir de la exhibición de la misma se popularizó la idea.

La razón argumentada que imposibilita tal relación afectiva es el sexo; básicamente, el deseo sexual del posible amigo por la potencial amiga.

Toda mujer de cierta edad sabe que los hombres pensamos o asociamos nuestros pensamientos al sexo. Es algo inevitable (argumentaba en una reunión familiar, que o se lo debemos a dios que así nos hizo o a la evolución natural, pero así somos). Somos sexosos por naturaleza o designio divino.

Yo responsabilizo a la naturaleza, que además, juega y se divierte a veces con nosotros los hombres, cuando por ejemplo llega una erección, así, sin avisar, cuando no debería; o cuando no le apetece aparecer, así nos “ultraconcentremos” en que así sea. En ambos casos quedamos “mal parados”; aunque siempre será mejor pecar de perverso que de impotente.

Es evidente que al entrar en contacto con un espécimen del sexo femenino siempre lo escaneamos en función de su sexualidad: ¿es guapa? ¿está buena? ¡qué nalgas, por dios! Pero qué flaca es esta mujer, qué sonrisa tan linda, etc.

Aunque es el trato y como diría mi comadre Mabel: “la capacidad de dejar las hormonas y los prejuicios a un lado”, lo que puede hacer florecer una bella amistad entre individuos del sexo opuesto heterosexuales (es bien sabido que los gays son grandes amigos de las mujeres).

Que si la amiga en cuestión tiene pechos de campeonato, será difícil no mirarlos y admirarlos. Pero quedará sólo en eso.