jueves, 17 de octubre de 2019

del por qué se escribe

El capítulo 82 de Rayuela es la sublimación del por qué se escribe. Al menos me explica en eso que no puedo explicar, al menos no con facilidad, ni como yo quisiera; como cuando la Maga alude saber lo que siente pero no saber cómo decirlo:

"¿Por qué escribo esto? No tengo ideas claras, ni siquiera tengo ideas. Hay jirones, impulsos, bloques, y todo busca una forma, entonces entra en juego el ritmo y yo escribo dentro de este ritmo, escribo por él, movido por él y no por eso que llaman el pensamiento y que hace la prosa literaria u otra. Hay primero una situación confusa, que sólo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto, y si lo que quiero decir (si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie, lo ilumina todo, conjuga esa materia confusa y el que la padece en una tercera instancia clara y como fatal: la frase, el párrafo, la página, el capítulo, el libro. Ese balanceo, ese swing en el que se va informando la materia confusa, es para mí la única certidumbre de su necesidad, porque apenas cesa comprendo que no tengo ya nada que decir. Y también es la única recompensa de mi trabajo: sentir que lo que he escrito es como un lomo de gato bajo la caricia, con chispas y un arquearse cadencioso. Así por la escritura bajo el volcán, me acerco a las Madres, me conecto con el Centro -sea lo que sea. Escribir es dibujar mi mandala y a la vez recorrerlo, inventar la purificación purificándose; tarea de pobre shamán blanco con calzoncillos de nylon."



viernes, 11 de octubre de 2019

el Hamparte


Conocí a Antonio García Villarán buscando información sobre Avelina Lésper. En los primeros resultados arrojados por Google aparecía un video de Youtube en el que se podía ver la imagen de Avelina junto a la de un tipo algo ridículo con una larga piocha en dos trenzas y una pose extravagante. Tenía por título: Respuesta a Avelina Lésper ¿Arte o Hamparte?

Imaginé que la respuesta buscara desacreditar las opiniones de la ¿crítica de arte?, mejor, experta en arte, como tantos otros han intentado hacer al sentirse destazados por sus opiniones. Me equivoqué. El video es una joya.

En él, Antonio no sólo comparte la opinión de Avelina sobre el estado actual del "mercado del arte", sino que va más allá con sus certeros comentarios y acuña un término que me parece fenomenal para describir a la fauna de pseudoartistas que inundan la sociedad: Hampartistas.

Hamparte: el hampa del arte, el hampa en el arte, o quizá, el arte del hampa.




Desde ese día soy un fan más de Antonio y de su canal, en el que he aprendido bastante sobre arte, artistas, pseudoartistas y hampartistas.

martes, 8 de octubre de 2019

de la experiencia

Dice una canción interpretada por José José: es mentira, no existe la experiencia en el amor; es mentira, yo diría, que un niño sabe amar igual que yo, o un pájaro. Y aunque a simple vista pueda parecer una perogruyada, en realidad es una verdad abrumadora; o a mí me lo parece. Porque a pesar de que una gran parte de la gente se empecine en señalar que con cada mala experiencia aprenden (y crecen y no sé cuántas cosas más), y, por tanto son mejores; mejores que el dia anterior, mejores que el año pasado, en realidad es una pancarta vacía la que levantan tan alto a pesar de que no soporten ya el dolor en los brazos.

La experiencia sirve para poca cosa a la hora de las artes amatorias, de los enamoramientos y los embobamientos del corazón. Y uno ve con bastante decepción que aquello que volvía loca a aquella especial mujer a esta nueva acompañante de cama no le provoca el menor entusiasmo. Así las cosas.

Hay un relato de Bukowski en "Peleando a la contra" (por lo que se trata de un relato autobiográfico) en el que un experimentado apostador sale del hipódromo acompañado por una bella mujer en dirección a un cuarto de hotel. Debía ser su día de suerte: bastante dinero fácil y la compañía de una bella joven. Luego del sexo, mientras el hombre está en la regadera la mujer sale del cuarto llevándose las abundantes ganancias con las que el hombre había llegado al cuarto de hotel. Toda una vida entre tahures y estafadores para caer ante el truco más simple de la historia: el acomedido pestañeo de una bella mujer que aparenta un legítimo interés en tu persona.

Dice Cortázar en "Rayuela": la razón sólo nos sirve para disecar la realidad en calma, o analizar sus futuras tormentas, nunca para resolver una crisis instantánea. No creo que haya mucho más que decir.

Por ello me resulta tan risible el argumento de la experiencia como factor de peso ante casi cualquier situación, sobre todo en deportes; porque en realidad, la experiencia sirve para poca cosa. Para acumular frustraciones y memorias pasadas, para eso, sí. Para elaborar grandes discursos, también.



viernes, 27 de septiembre de 2019

preguntas infinitas

La gran ironía de la vida es que mientras más viejos somos y menos llenos de vida estamos, más certezas tenemos sobre lo que creemos es el sentido de la vida. Un hombre lleno de experiencia es un hombre viejo, no puede ser de otra manera. 

Y debe ser horrible poseer tanta información valiosa y cargar tantas verdades y no poder hacer nada con ellas. Intentar trasmitírselas a ese joven al que se estima tanto, sea el nieto o el amigo llegado por casualidad, poniendo empeño en que los puntos importantes sean entendidos. Pero todos a cierta edad hemos comprobado que nadie escarmienta en cabeza ajena, que ningún consejo tiene más fuerza que el arrepentimiento. Que los pozos se tapan luego de enterrar a los niños.

Y están las preguntas, las preguntas infinitas. Que en lugar de irse respondiendo se van multiplicando sin que se vea un final. Cada vez más preguntas y menos respuestas, en todo caso respuestas confusas que poco ayudan. Pero las preguntas se siguen multiplicando.

Y quizá el día que pueda responder tantas interrogantes sea un viejo con dificultad para moverse. Quién sabe, quizá nunca lo sea.





viernes, 20 de septiembre de 2019

la miro


Escucho a Maribel hablar, fingiendo que estoy completamente interesado en todo lo que dice. La miro a los ojos, atento, aunque trato de no cargarle mi mirada, así que hago breves intervalos en los que miro a cualquier parte del bar donde estamos sin ver nada con detalle: la gente, las luces, los afiches en la pared, los músicos que no cantan en la televisión. 
Simplemente dejo de mirarla un momento, librándola de mis ojos, y haciendo una efímera parada en su maravilloso escote (qué belleza), antes de volver a posarme en sus ojos con la atención del niño que escucha ilusionado todas las historias de su abuelo. Sobre el asunto de mirar sus pechos estoy en la completa ignorancia, sé que puede resultar suicida regresar tras cada pocos minutos a esa magnífica imagen pero no lo puedo evitar; quién podría. 
Pienso también que le puede agradar que yo sea consciente de ese atractivo suyo y lo aplauda con esta discreta (eso creo) mirada, que vea que no me pasa de largo la elección que hizo al dejar a la vista ese pequeño punto donde sus pechos comienzan a juntarse. Aunque también podría parecerle que de poder hacerlo no dejaría de mirarlos y que incluso babearía sin asomo de pudor; pensar que sólo eso me interesa; y a quién no. 
Es un enigma, es mi ignorancia. Pienso también en las posibilidades del equilibrio, del ni tanto que queme al santo aunque también hay que alumbrarlo un poquito, que sepa (¿lo sabrá?) que sé que ella no vale por el tamaño de sus pechos pero que tampoco ignoro ni me pasa de largo lo bellos que se ven ahí frente a mí. Lo atractivos que son. 
Y… ¿por qué decidió ponerse esa blusa?



sábado, 14 de septiembre de 2019

dos raros

Creo que somos dos raros
dos raras afinidades
y aunque no esperaba nada
me apareciste delante.

Fue sencillo enamorarnos
tras compartir nuestras tardes
andábamos tan despacio
con las manos anhelantes.

El raro y la rara juntos
caminando como iguales
compartiendo cicatrices
contándonos los lunares
comiendo sin restricciones
cómplices de nuestros males
con buenas dosis de risas
y entre besos insaciables.

Sólo dos raros comunes
entre mil casualidades.



martes, 10 de septiembre de 2019

del arte

Creo que el gran asunto sobre el "ser artista" está en la constante evolución. En ese no quedarse sentado sobre la fórmula que ha pegado y con la que se consiguen los halagos de la masa tanto como del dinero, o sólo de la familia y los amigos, la propia satisfacción.

Es ese asunto sobre el que tanto pensé luego de ver aquella genial Noviembre de Achero Mañas ¿Cómo hacer para no quedarse haciendo lo mismo enterrando así el espíritu del arte? ¿Cómo escapar de esa sí tramposa zona de confort? Y si se llegó a un punto extraordinario, ¿hacia dónde más moverse, evolucionar?, ¿qué más hacer?

Creo que son demasiado pocos creadores (músicos, pintores, cineastas, escritores, etc.) los que buscan, buscan y siguen buscando. Que no se conforman con hacer algo satisfactorio en cualquier circunstancia.



lunes, 2 de septiembre de 2019

del vilipendiado Arjona

Me gustó la música de Arjona desde la primera vez que la escuché, creo que por 1992, cuando estaba por terminar mi educación primaria. El primer sencillo de ese primer disco fue Mujeres, aquella canción que gustó tanto y que a tantos años de distancia a muchísimas mujeres sigue emocionando. Recuerdo que fue un suceso y que se convirtió en un cantautor del agrado de la opinión pública.

No sé si sería yo un niño demasiado inocente o bastante ignorante pero había algunas frases de sus canciones que no comprendía, y que entendí años después, esbozando una sonrisa cómplice que por fin entendía el sentido exacto de esas sentencias. Sobre todo con su segundo disco.

Arjona se hizo de fans, de entusiastas que adquirimos sus discos y asistimos a sus conciertos y que aprendimos sus canciones. Era como cualquier otro artista, a muchos les gustaba y a muchos otros no.

Luego algo pasó. Casi veinte años después la música del guatemalteco fue cubierta por un hediondo manto por las redes sociales y su borrega voracidad, con ese deseo por ser parte de lo que la manada cree y afirma sin oídos para la reflexión. La manada no admite reflexión.

La lógica millenial implica que debería dejarme de gustar la música de Arjona porque ha caído de la gracia del status quo facebukero. Hay gente que se ha sorprendido tanto de mi supuesta confesión por el gusto de esas canciones como si de algún placer coprofílico se tratara.

He visto en el muro de facebook de alguna chica con aspiraciones hipsters citar fragmentos de una canción de Arjona, y la apurada llamada de atención de otra acomedida amiga que le hace notar que esos (ramplones, estúpidos, en extremo cursis, ¿algo más?) versos son del apestado Arjona. Sí, pero debo aceptar que esa canción me encanta, responde la extrovertida mujer, para luego señalar: pero esa es su única buena canción. ¿Lo será? Ha dicho eso de al menos tres canciones.

¿En serio tú te estás burlando de Ricardo Arjona? he pensado más de una docena de veces. ¿Tú? Pero bueno, es bastante complicado querer cambiar las modas pendejas del internet, muchísimo más cuando divierten a los imbéciles. Además, todo mundo quiere participar  de la broma y sentirse superior de alguna manera. Qué le hacemos.

La ignorancia es tal que hay quienes se piensan que Arjona inventó el oxímoron. Pienso que a veces abusa de él, pero bueno, ese es su estilo. Y en todo caso se copia a sí mismo, no a alguien más, como demasiadas personas en el mundo, no hablemos sólo de músicos.



viernes, 30 de agosto de 2019

El problema

Recuerdo muy nítidamente la primera vez que escuché "El problema" de Ricardo Arjona. No recuerdo el día ni el mes pero sí el momento preciso, si es que esto que escribo tiene lógica para alguien más. Venía de regreso de una reunión con mis amigos, una reunión bastante sobria (jaja) en ambos sentidos de la palabra. Creo que me tomé únicamente cinco cervezas antes de volver a la casa.

Y fue precisamente durante el trayecto de vuelta que en el radio sonó una melodía que jamás había escuchado, y segundos después, esa voz que tan bien conozco y conocía. 

Y parecía que Ricardo sabía perfectamente cómo traía yo el alma en esos livianos días. Y entonces esos primeros versos me resultaron tan significativos y al mismo tiempo cargados de ese dolor dulce de la añoranza amorosa: el problema no fue hallarte, el problema es olvidarte; el problema no es tu ausencia, el problema es que te espero; el problema no es problema, el problema es que me duele...

Luego el estribillo pierde fuerza aunque tiene sus cosas punzantes. Luego compré el disco y es uno que me encanta escuchar; hay muchísimo extrañar en esas canciones. 

La canción no es de mis predilectas del para mí admirado guatemalteco, pero recuerdo muy bien ese momento donde parecía entenderme tan bien, como si pudiera ver a través de mí y cantarme algo que tanto me significaba.



miércoles, 28 de agosto de 2019

Romance inútil a la muerte



La muerte llega otra vez,
-no debiera ser sorpresa-,
de hecho nunca está lejos
pero llega y nos aterra;
cual si fuera el mismo diablo
el que saluda sin pena.

Llega siempre tan pausada
impasible, tan serena;
no tiene prisa, sí calma,
el tiempo juega con ella.

La divierten nuestros gritos
se regodea en las quejas,
y aunque sonriendo se mofa
de nuestra infantil rabieta,
tantas veces se pregunta
el origen de esta treta
en que se descalifica
la razón de su existencia.

Si ella es la única justa
la que nunca se vendiera,
la implacable, la imparcial,
nuestra insobornable jueza;
la que no entiende reproches
ni llantos que chantajean.
Pues la muerte es el contrato
lo único que nos queda,
y que a todos nos hermana,
lo que seguro nos llega.

También lo que desde niños
en sueños nos atormenta.
Y por eso nuestros miedos
y por eso tanta pena,
el desastre que aparece
cuando menos se la espera;
la incongruencia de pensar
que la vida será eterna.



viernes, 23 de agosto de 2019

de la entrañable Buba

Estaba revolviendo mis papeles viejos, sobre todo mis dibujos y caricaturas que he guardado –que creo que no son todos, habré perdido bastantes–, los dibujos y comics que me gustaban y que también conservo, y entre todos esos papeles almacenados encontré una fotocopia de un comic de Buba con la que seguramente decoré aquel periódico mural. 

La verdad es que de estos versos no me acordaba (un romance), no están en mi recuerdo, como sí algunos otros de José Martínez Quintero. Fue bueno releerlos; ver el romance que me daba la mano.

Me quedé pensando que quizá uno de los causantes de que me guste tanto el verso rimado es precisamente Martínez Quintero, a quien pude conocer hace ya bastantes años. En su obra están juntos poesía y dibujo, filosofía e ironía, y un muy oscuro y delicioso sentido del humor.

Esta es la obra en cuestión:


Pongamos que soy un perro,
¿a qué cuerpo astral le aullo?
Pongamos que soy un gato,
¿a qué gata le maullo?
Si vivo de mi intelecto,
¿por cuánto me prostituyo?
Pongamos que soy el diablo,
¿en mi cuarto o en el tuyo?

Pongamos que estoy muy triste,
¿para qué diablos me agüito?
Pongamos que soy Carl Sagan,
¿cómo explico el infinito?
Pongamos que soy creyente,
¿a qué pruebas me remito?
Pongamos que soy tu amante,
¿me quieres mucho o poquito?

Pongamos que soy Titino,
¿quién es el dios que me mueve?
Pongamos que soy un indio,
¿qué tal si danzo y no llueve?
Pongamos que soy la luna,
¿cuán frágil soy y cuán breve?
Pongamos que mi alma ha muerto,
y sin embargo... ¿se mueve?

Pongamos que soy priista,
¿no quieres pan con lo mismo?
Pongamos que estoy drogado,
¿cuánto dura el espejismo?
Pongamos que soy de izquierda,
¿quién me aplica un exorcismo?
Pongamos que no soy nadie,
pongamos que soy yo mismo.


La cosa es que busqué el material en internet esperando hubiera una imagen nítida en algún lugar; esperando también encontrar los versos para no transcribirlos (qué flojo). 

Sólo encontré dos blogs plagiando los versos, cuyas dueñas ni siquiera tuvieron la delicadeza (¿decencia?) de copiar correctamente las palabras de la obra de Quintero. Que sin pensarlo demasiado, no es novedad en estos tiempos del internet.

sábado, 17 de agosto de 2019

Todos los días son nuestros



El tiempo y el desgaste. Los esfuerzos fallidos por encontrarnos pensando lo mismo. Las ganas de ser lo que no éramos para volvernos el ideal del otro. Al principio –cuando el puro amor– decíamos que habíamos tenido suerte de conocernos tan chicos porque nos conocíamos de verdad, nos sabíamos las mañas de antes de que tuviéramos el vicio de fingirnos para quedar bien. Pero no es cierto, porque al mismo tiempo éramos tan niños que no habíamos terminado de formarnos. Nos hicimos del roce con el otro. Hoy me veo y no sé qué de mí es mío y qué es de él.*

¿Cuánto cedemos para complacer al otro? ¿Cuánto de nosotros mutamos o al menos disfrazamos lo más convincentemente posible para ser del completo agrado de nuestro significant other*? ¿Cuánto estamos dispuestos a perder en ese afán de perro faldero?

Difícil responder. Complicado saber a ciencia cierta qué tanto de nuestro comportamiento está obedeciendo esa manía de que la otra persona nos vea como su ideal y no desee jamás estar sin nosotros. 

Y a veces necesitas alejarte demasiado (un divorcio de distancia) para poder ver todo lo que de ti estabas sometiendo en pos de ese afán estúpido, de ese hábito abrazado como al peluche de la infancia. Dice aquella triste canción (triste por real): yo que te di todos mis sueños, y para mí nada soñé. Yo que creí tenerlo todo... Y cada uno habla como le va en la feria pero no todos pueden mirarse sin parpadear frente al espejo.


*De Todos los días son nuestros de Catalina Aguilar Mastretta.

*Ya he dicho alguna vez cómo me gusta esta expresión anglosajona.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Las historias de Catalina

Hace algunos años fui al cine a ver una película que llamó mi atención cuando apareció en las carteleras cinematográficas: "Las horas contigo". Una película mexicana. La ópera prima de Catalina Aguilar Mastretta. Un drama emotivo y bien narrado; una de esas películas que me gusta ver. Los últimos días de la abuela en compañía de su nieta mayor, a la que crió y alcahueteó, su amiga y cómplice; y de su hija, el opuesto de ambas, con quien parecieran no tener nada en común.

Luego está el hecho de que me gusta bastante Cassandra Ciangherotti, la protagonista. Pero eso es independiente de la película.

Hace algunos meses me topé con un libro que llamó mucho mi atención al pasar la mirada husmeando entre los libros en el centro comercial. Me acerqué a ver con mayor precisión: "Todos los días son nuestros", la autora: Catalina Aguilar Mastretta. Esto tiene más lógica, habré pensado; sus padres son escritores. Lo tomo y lo volteo para ver de qué va la historia. Me encuentro una cita de Xavier Velasco: Ironía en esteroides. Mala leche en almibar. Una historia narrada con bisturí. Sobra decir que me llevé el libro.

Es una historia fantástica. Desgarradora y cruel. Y honesta, muy honesta. El peregrinaje emocional de la protagonista tras la separación luego de tantos años. Motivada por una nimiedad, algo que pareciera tan absurdo que nadie lo cree. Pero tantas veces es una pequeña gota la que derrama los vasos. 

Catalina plasma con aplastante exactitud esa forma tan femenina de no saber por qué se hacen las cosas o de decir una cosa cuando se esperaba decir lo opuesto. ¿Cuánto de nosotros se va después de tantos años de compartirlo todo?

Quizá sea un absurdo pero en ciertos párrafos sentí que lo que leía conversaba con lo que yo escribí; como en una buena charla con cerveza en mano. Finalmente, ambas historias parten de la separación amorosa, están narradas en primera persona e intentan ser honestas.




lunes, 12 de agosto de 2019

Severus (fieles traidores)

Vino a mi cabeza don Severus, el temidísimo profesor Snape, el Príncipe mestizo. Y aquí estoy intentando hablar sobre quien creo es un personaje interesantísimo, de unos libros que me encantan, con versiones cinematográficas a la altura de sus circunstancias.

La verdad es que me siento algo extraño escribiendo cosas como que este es un personaje fantástico. Creo que no soy ningún experto en lo que a personajes profundos o interesantes se refiere. Pero, sea como sea, hay personajes que te dejan pensando cosas, además de admiración por quienes los crearon. Aunque la aparición del "entrañable" profesor Snape, me llegó porque escribí aquello sobre los fieles traidores, Judas y David Gale, y a mi cabeza llegó también el duro semblante del Príncipe mestizo.

Cuando vas avanzando en la historia de Harry Potter, el niño que sobrevivió, una de las cosas más interesantes es el desarrollo del personaje de Severus Snape; el hombre que parece despreciar sin motivo alguno al héroe de la historia, quien quizá sólo por envidia le carga a este la mano de forma desproporcionada.

Pero llega el quinto libro y las actitudes de Severus ya no parecen tan absurdas: cómo no despreciar a quien es la viva imagen de quien le hizo pasar momentos tan desgraciados, quien además se quedó con el amor de su vida. Cómo no sentir odio frente al chico socarrón con privilegios especiales, predilecto de todos los demás profesores, cuando es la imagen de quien le hizo tanto daño. Cómo ser amable con quien te recuerda tanto dolor, a pesar de ser hijo de la mujer que amaste toda tu vida.

Y es que además de ser el envidioso que odia al buen Harry, es quien traiciona a Dumbledore y lo asesina. Pero el experto en pociones tiene un secreto, un gran secreto.



lunes, 5 de agosto de 2019

un hombre...

"Imagina que un hombre le cuenta a un amigo que acaba de terminar su relación con su novia. Le dice que no le duele y que está bien, pero mientras habla empieza a llorar. Pero mientras más dice que está bien y que no le duele, más llora". 

Yo soy ese hombre que dice ser inmune al dolor, a un dolor particular, personal, algo que sólo yo conozco. Pero que cuando me tocan la herida de ese dolor, a pesar de haber dicho saber sobre él y ser consciente de ello, me duele y lloro.

La verdad es que no espero nada amable de mi madre. Soy consciente de que vendrán actitudes y palabras hostiles, algunas sin aparente motivo, sólo por joder. Así es como lo veo.

"Si no esperaras nada, como dices, entonces no te dolería como te duele".

Hemos construido (mis padres y yo) una fantasía de cimientos sólidos en mi inconsciente, muy adentro, muy profundo, de muros que parecen inquebrantables. 


Deseas que no te duela lo que tanto te duele.

lunes, 29 de julio de 2019

entre famas y cronopios



...acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tuvo del dentífrico. (del capítulo 1, Rayuela)

Cuando leí "Historias de cronopios y de famas", al llegar a la parte donde se habla de estos dos tipos de individuos me di cuenta, con un sentimiento de cierta frustración quizá más parecida a la pena, que tengo demasiados rasgos en común con los famas; los acartonados y ordenados personajes de estas fantásticas historias. Qué le hacemos, no se puede negar lo que es, el árbol de duraznos da duraznos.

Tengo ciertos rituales obsesivocompulsivos sobre el orden, tengo una forma de ser que se escandaliza y siente ansiedad frente al desacato ante la autoridad, sigo las instrucciones y leo los manuales siempre. Soy cuadrado, en pocas palabras. Aunque no del todo. También tengo un lado travieso y desafiante, ese que se divierte blasfemando e ignorando órdenes. Ahora mismo, mientras escribo, no concibo muy bien como pueden convivir ambas dos partes.

Y sí, soy ese que necesita precisión en las citas y los encuentros, que prefiere el papel rayado al escribir y que sobre todo, aprieta desde abajo el tuvo del dentífrico y además se asegura de que no quede nada en él antes de echarlo a la basura.



Los Cronopios son unos seres verdes y húmedos, que viven al margen de las cosas entre el arte y lo antisocial. Son ingenuos, idealistas, desordenados, muy sensibles y poco convencionales. Viven con pasión, disfrutan cada cosa que hacen sin vergüenza, aunque a veces padecen de envidia. Sufren el mundo y aman al mundo.Los Famas, son entes burgueses, rígidos, organizados, sentenciosos, exitosos. Son los “formales” que se preocupan por el orden y que ocupan altos cargos políticos y/o empresariales.Entre estas dos vertientes, se sitúan los Esperanzas, aparecen con menos frecuencia entre sus textos, que son simples, aburridos, ignorantes, rutinarios y normalmente actúan sometidos a alguna de las otras dos “especies”.

jueves, 25 de julio de 2019

Rayueleando

Y en esta relectura de Rayuela hice un subrayado. Frases maravillosas, ingeniosas, absurdas, cómicas, enigmáticas. Aquí algunas:

Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir, y con fe casi siempre tampoco.

La cama es como una traición.

Se produce uno de esos silencios comparables, según Genet, al que observan las gentes bien educadas cuando perciben de pronto, en un salón, el olor de un pedo silencioso.

Todo desorden se justificaba si tendía a salir de sí mismo, por la locura se podía acaso llegar a una razón que no fuera esa razón cuya falencia es la locura.

Cada vez sospecho más que estar de acuerdo es la peor de las ilusiones.

Pobre amor el que de pensamiento se alimenta.

La razón sólo nos sirve para disecar la realidad en calma, o analizar sus futuras tormentas, nunca para resolver una crisis instantánea.

La madurez, suponiendo que tal cosa exista, es en último término una hipocresía.

Convencido de que el recuerdo lo guarda todo y no solamente a las Albertinas y a las grandes efemérides del corazón y los riñones...

No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico.

Aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa.

Todo me decía que apenas recobrara la independencia dejaría de sentirme libre.

¿Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentar las nociones de orden y de desorden...

Cuántas palabras, cuántas nomenclaturas para un mismo desconcierto.

Le preocupó que ella se creyera colmada, que los juegos buscaran ascender a sacrificio. Temía sobre todo la forma más sutil de la gratitud que se vuelve cariño canino; no quería que la libertad, única ropa que le caía bien a la Maga, se perdiera en una feminidad diligente.

Sintió una especie de ternura rencorosa, algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma.

Estaba a esa altura del vodka en que la noche empieza a ponerse magnánima.

Los recuerdos sólo pueden cambiar el pasado menos interesante.

Es raro cómo se puede perder la inocencia de golpe, sin saber siquiera que se ha entrado en otra vida.

Ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo.

Lo del progreso en el arte son tonterías archisabidas. Pero en el jazz como en cualquier arte siempre hay un montón de chantajistas.

Yo hablo como puedo, no sé decir lo que siento.

Nunca me quisiste, era otra cosa, una manera de soñar.

Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas. –Era así, el piano iba por su lado y el violín por el suyo y de eso salía la sonata.

No somos adultos, Lucía. Es un mérito pero se paga caro.

En realidad después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás.

Pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes...

Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina.

Yo en realidad no tengo nada que ver conmigo mismo.

Es que la felicidad es solamente de uno y en cambio la desgracia parecería de todos.

Supongo que buscamos algo así, pero casi siempre nos estafan o estafamos.

Si hablamos de amor hablamos de sexualidad, al revés ya no tanto.

Estás usando palabras. Les encanta que uno las saque del ropero y las haga dar vueltas por la pieza. Realidad, hombre de Neanderthal, míralas cómo juegan, cómo se nos meten por las orejas y se tiran por los toboganes.

La realidad está ahí y nosotros en ella, entendiéndola a nuestra manera pero en ella.

También el infierno se ha abaratado.

Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo.

El peor de los olores, la mugre humana.

A Talita le parecía que también era bueno acumular pruebas tangibles de la inexistencia de Dios o por los menos de su incurable frivolidad.

Buscás eso que llamás la armonía, pero la buscás justo ahí donde acabás de decir que no está, entre los amigos, en la familia, en la ciudad.

Es incapaz de perseverar, no tiene el menor sentido de las distancias, el tiempo se le hace trizas en las manos, anda a los tropezones con el mundo. Gracias a los cual, te lo digo de paso, es absolutamente perfecta en su manera de denunciar la falsa perfección de los demás.

Hay el cansancio de haber perdido el tiempo en los cafés, leyendo diarios que son siempre el mismo diario...

¿Por qué, a ciertas horas, es tan necesario decir: <Amé esto>?

Morelli entiende que el mero escribir estético es un escamoteo y una mentira.

¿Para qué sirve un escritor si no para destruir la literatura?

Su libro es una provocación desvergonzada como todas las cosas que valen la pena.

Para mí el mundo está lleno de voces silenciosas. ¿Significa eso que soy un vidente o que tengo alucinaciones?

Qué voy a escribir, para eso hay que tener alguna certidumbre de haber vivido.



domingo, 21 de julio de 2019

piezas de rompecabezas

Me puse a releer Rayuela a principios de este año, quizá unos 17 o 18 años después de que lo leyera por vez primera. Me dispuse a leerlo despacio, como un segundo libro que leer, compartiendo su lectura con otras páginas, como con la gran ballena blanca o la célebre nínfula norteamericana.

He disfrutado muchísimo volver a meterme en ese impresionante viaje aunque a veces no sé si puedo comprender de lo que hablaba Julio o con las cosas con las que estaba jugando al escribir. Hay tantas lecturas posibles y tantos juegos dentro de esas enigmáticas letras. Imagino que escribiré más de un posteo sobre esta experiencia y este reencuentro.

Hay tantas cosas que no recordaba sobre el libro, algunos pasajes que seguramente pasé sin detenerme como ameritaba, partes que simplemente había olvidado. Recordaba el capítulo sobre la muerte de Rocamadour, con el cuarto casi a oscuras y el empeño de la Maga porque nadie vaya a despertar al niño; a Talita montada en aquellas tablas entre las dos piezas en ese absurdo episodio, las caminatas por París, las sesiones del Club llenas de jazz y extraordinarios divagues. Pero había olvidado tantas otras cosas.

Ya me había traído Julio a mi abuelita tantas veces cada que nombra pieza a una habitación. No recuerdo a nadie ahora usando esa palabra para designar esa parte de cualquier casa (aunque hay casas que son una sola pieza). Las piezas son pedazos de otras cosas, se invita a bailar una pieza a una chica, las piezas de arte o hamparte que componen una exposición. 

Para mí en las piezas de Oliveira, la Maga o Traveler estaba mi abuelita, la única que tuve; escuchaba en mi cabeza su voz diciendo alguna frase. Luego está el capítulo 105:

Pienso en los gestos olvidados, en los múltiples ademanes y palabras de los abuelos, poco a poco perdidos, no heredados, caídos uno tras otro del árbol del tiempo. Esta noche encontré una vela sobre una mesa, y por jugar la encendí y anduve con ella en el corredor. El aire del movimiento iba a apagarla, entonces vi levantarse sola mi mano izquierda, ahuecarse, proteger la llama con una pantalla viva que alejaba el aire. Mientras el fuego se enderezaba otra vez alerta, pensé que ese gesto había sido el de todos nosotros (pensé nosotros y pensé bien, o sentí bien) durante miles de años, durante la Edad del Fuego, hasta que nos la cambiaron por la luz eléctrica. Imaginé otros gestos, el de las mujeres alzando el borde de las faldas, el de los hombres buscando el puño de la espada. Como las palabras perdidas de la infancia, escuchadas por última vez a los viejos que se iban muriendo. En mi casa ya nadie dice «la cómoda de alcanfor», ya nadie habla de «las trebes» —las trébedes—. Como las músicas del momento, los valses del año veinte, las polkas que enternecían a los abuelos.



jueves, 18 de julio de 2019

Los viejos Reyes

Las semifinales de Roland Garros tuvieron entre sus cuatro invitados a quizá los tres mejores jugadores de tenis de la historia: Roger, Rafa y Novak. Lo mismo pasó con los cuatro mejores del Wimbledon. En el torneo francés Rafa ganó su doceavo trofeo, algo extraordinario; en el sagrado pasto inglés Novak le ganó a Roger en una de las finales más emotivas de todos los tiempos. Luego de años de atestiguar la grandeza de Roger Federer parece improbable creer que dejó ir dos matchpoints y que perdió tres desempates, pero así fue.

Han pasado ya demasiados años desde que cada uno de estos tres reyes ganaron su primer torneo de Grand Slam, a pesar de ello los diez últimos trofeos se los han repartido entre los tres. Creo que en los últimos cinco años sólo Wawrinka y Murray se han subido a los podios aparte de ellos (en Wimbledon, sólo el escocés ha ganado además de ellos desde 2003). Han aparecido nuevas promesas y jóvenes con bastantes cualidades para intentar trepar a lo más alto del tenis, pero el trono está copado por estos tres monarcas que pareciera tomaron el trono a perpetuidad. Esos jóvenes envejecen mientras los reyes se rehusan a soltar la raqueta/cetro que levantan con poder produciendo temor en todo el circuito.

Recuerdo lo sorpresivo que resultaba ver a Andre Agassi jugando a sus 33 años; Roger a sus 37 todavía gana torneos y no se sabe muy bien hasta cuándo se terminarán sus ganas de seguir jugando. Porque creo que lo que los motiva son las ganas de seguir jugando, pero además tienen esa motivación extra de no dejarse vencer por los otros dos. Roger quiere ganar más torneos porque Novak ya se le acercó demasiado (ganó cuatro de los últimos cinco).

No sé quién de ellos termine con más trofeos de Grand Slam pero es un lujo haberlos podido ver jugar.

Dios salve a los tres reyes.


lunes, 15 de julio de 2019

no basta



No basta con seguir compatiendo esos estudios en los que la ciencia afirma que las mujeres más inteligentes estamos solteras, o que a las mujeres realmente excepcionales les cuesta muchísimo encontrar pareja; mucho menos, señalar las ventajas indiscutibles de la vida de las solteras. Al final del día, sigues esperando que llegue ese hombre relativamente bueno que te quiera. Sólo eso.

No basta. Hace falta un cuerpo en que descargar las frustraciones y ser libres en un orgasmo. Y sí, ese hombre relativamente bueno tendría que saber hacerle el amor a una mujer, entender al menos que lo que le mida el pito no importa cuando los cuerpos se encuentran, que sepa el valor imprescindible de los buenos besos. Porque el dildo más sofisticado nunca podrá reemplazar unas manos diestras y besos apasionados, un olor y el sudor compartido. Una voz con las palabras precisas.

Y no para casarte, qué sentido tiene eso ya, para tener un alguien que sea un algo más que sexo satisfactorio y risas sinceras.

Pero ahí están algunas de mis amigas sintiéndose especiales cuando comparten esos supuestos estudios que las hacen sentir más especiales de lo que nunca serán, y abonándose la autoestima entre todas. O eso intentan. Son las más lindas, las más inteligentes y por tanto inalcanzables para cualquier hombre, ya no pidamos uno bueno y que sepa coger. Pero no sé, la verdad es que yo no me siento mejor ni menos sola cuando leo que soy hiperrecontraespecial por ser una treintona solitaria.

Treintona, soltera y patética debió llamarse aquella película, pero así quién la hubiera querido ver. Dibujaron un personaje patético en su reciente soledad, imbécil a pesar de los años y la supuesta experiencia, y sobretodo desamparado. Y tantas mujeres queriéndose reflejar en el personaje de la Mori, qué bella sigue siendo, por cierto. Sacando la pancarta del Fantástica lo más grande que se pueda. Soy realmente fantástica y por eso estoy sola, pero SOY FELIZ, gritan hasta quedar afónicas; pero, perro que ladra jamás muerde y los cojos duran más en pie que los habladores.

Al menos a mí, no me bastan esas flores artificiales.


martes, 9 de julio de 2019

historias del videoclub


Tengo algunos recuerdos sobre el furor que causó la llegada de los videoclubs, al menos aquí a Toluca, que a pesar de ser la capital del estado y estar tan cerca de la capital del país, hay cosas que tardaron algún tiempo en llegarnos a lo que sigue siendo provincia. No sé si ese videoclub dentro de la Comercial Mexicana (¿era un Videocentro?) habrá sido el primero, pero recuerdo el alboroto alrededor de él. 

Recuerdo pasillos atiborrados de gente que miraba y buscaba algo para el fin de semana, promociones para llevar tres películas a precio especial o con mayor número de días en el préstamo, y la felicidad que te daba el simple hecho de ver una película con toda tu familia a un costo mucho más pequeño que si fueras al cine. Años después llegaría el microondas y las palomitas para el aparato, que harían una buena mancuerna para las tardes de viernes.

No sé cuánto tiempo después mucha gente decidió poner negocios de renta de películas en sus colonias y pueblos, pero eso fue mucho más conveniente porque ahora sólo había que caminar unos pasos para llegar a ese pequeño paraíso lleno de posibilidades. Aquí en el pueblo teníamos dos establecimientos a unas cuantas cuadras de la casa.

Mis padres nos dejaban el dinero listo y entonces iba con mis hermanos a buscar qué veríamos el fin de semana. Si no te llevabas películas de estreno te las prestaban hasta el domingo, lo que permitía que pudieras volver a ver casi todas las cintas; hubo una una vez que vimos cinco veces: "Alocada carrera", era sobre un grupo de amigos participando en un rally, de la que salió el sobrenombre para un vecino idéntico a un personaje.

La mayoría de las veces sólo éramos mis hermanos y yo los que nos acomodábamos en los sillones de la sala para disfrutar de la función, pero había ocasiones en que mis padres también tomaban un lugar, seguramente cuando se trataba de aquella película de la que todo mundo hablaba tan bien, "Corazón valiente", por ejemplo. 

sábado, 29 de junio de 2019

lo que soy

Nunca nos deberíamos sentir seguros de aquello que pensamos ser porque, en ese momento, pudiera muy bien ocurrir que ya estemos siendo cosa diferente.

Si seguimos así dejaré de saber quién soy. Mi padre te diría que ésa es una de las cosas que nos suceden muchas veces en la vida.

¿Quién soy? podría decir varias cosas pero creo que en realidad no lo sé.

Habría que pensar en aquello de que sólo estando perdidos se puede uno encontrar, y siento que en ese latoso proceso estoy. No es excusa, quizá más adelante pueda responder el sencillo cuestionamiento sin dudar.

Dicen personas a las que aprecio y respeto mucho que el simple hecho de pensar en estas cosas es un enorme paso dado, que el cuestionar nuestra verdad como personas implica un buen trecho del camino recorrido, pero no me basta. 

A veces sonrío al horizonte (o eso me gustaría pensar que pasa en mi rostro) imaginando la olla de oro al final del camino, una especie de felicidad me abruma y las fantasías sobre el porvenir se tiñen también de venturosa alegría. 

Aunque mayormente es el pesimismo y la desventura lo que me llena los pensamientos, lo que cubre por completo mi mente y no puedo vislumbrar un porvenir venturoso. Donde las fantasías de este pequeño hombre no se materializarán jamás, por lo que es una estupidez coleccionarlas.

lunes, 24 de junio de 2019

de filosofías idiotas

Vivimos en una paradoja en la que aunque hay infinidad de información disponible la gente está cada vez más malinformada y más estúpida. Se distribuye a través de la red una cantidad grotesca de basura que se consume sin reparo. Se publican supuestos estudios, se distribuyen mentiras absurdas. Y una especie de imán impide que las cabezas se aparten demasiado tiempo de las pantallas.

Pienso que quizá también sea debido a una sobrecarga de pseudoliteratura y versos ramplones, de creer que el tal Quetzalnoah es un maravilloso poeta y que Coehlo escribe literatura, de pensar que conoces a Bukowski o a Cortázar porque compartes memes con sus frases descontextualizadas. No lo sé. Pero lo juzgo pertinente.

Pero de entre tantas letras vacías hay una sentencia que llamó mucho mi atención (incluso entre la mierda resalta alguna mierda), que me hizo voltear por lo estúpida que me resultó, aunque si lo pienso un poco va totalmente a tono con mucha de la filosofía barata que se distribuye en estos internetescos días.

¡Enamórate de mis defectos! dice la bobería aquella.

Pero qué clase de imbécil consagrado debería ser para quedar prendado de tu grosera impuntualidad o de tus enfermizos celos, del malacopeo que te llega al embriagarte o de tu (para ti) absurda inseguridad. Qué tendría que estar mal en tu cabeza para que consideraras mi falta de ambición como el embriagante elixir que te llena de deseo.

No me gusta en lo que se está convirtiendo el mundo, un mundo de estúpidos enajenados cuyo sentido de vida lo da un teléfono celular. Un mundo educado por toda esa idiota filosofía que se expande sin reservas aparentes.

Los defectos se aceptan, como una parte incómoda de ese al que se ama. Lo otro es sólo una estupidez.


lunes, 17 de junio de 2019

Amores contemporáneos


Un romance.

Cuántos amores eternos 
he visto desmoronarse,
al paso de sólo días
perder la fuerza del trance;
y lo que se dijo eterno 
luego de meses fugarse.
De aquel amante perfecto
no quedó ningún detalle.

Los "amores de la vida"
no son de coleccionarse,
pero es que las mariposas 
llegan para emocionarte,
y tras un par de aleteos 
sientes que te enamoraste.
<Por dios que esta sí es la buena>
y tu amor ya le juraste.

Las mariposas se cansan 
la emoción tiende a estancarse,
los defectos van saliendo
poco pueden camuflarse,
ese fingir ser perfecto
poca gente hay que lo aguante;
y tus ojos en los suyos
ya no son impresionantes.


Luego, la filosofía
de la que te alimentaste,
hace que pienses que el otro
tuviera que impresionarte;
"que me busque quien me quiera"
dices al vanagloriarte.
Tal vez sí te quedes solo
igual piensa la otra parte.



viernes, 14 de junio de 2019

Noche sin luciérnagas

...y mira, que sé muy bien que puede que la vida nunca más destelle igual. No sé si es el verso más triste que conozco de alguna canción, pero es de una jodidez terrible. Porque si la vida nunca va a volver a ser así, o mejor, para qué seguir viviendo. Cómo resignarse a una existencia con sólo compañía, con esos cariñitos desechables de tequieros inmediatos, o de pura cama, de ciertos retozos que pierden la lucidez que la frescura les brinda; ya nos acostamos, ¿y ahora?

Tiene un poco de gracia el cómo me llegó esta canción. La verdad es que soy un fan bastante mediocre de Fernando Delgadillo y por tanto no la conocía. Pero el todopoderoso Youtube, que he descubierto me conoce mejor que mi madre, me la puso tras haber escuchado "Carta a Francia", y entonces la escuché. La escuché completa en cada uno de sus dolorosos versos. ¿Y esto de dónde salió?



viernes, 7 de junio de 2019

de libros y autores

"Un autor no escribe cualquier libro. Escribe el que quiere leer y no encuentra en ninguna parte."

Pienso en autor en términos cinematográficos: Woody Allen o Wes Anderson son autores, su firma es palpable en los fotogramas de sus filmes. Y entonces sí, un autor escribe lo que no existe, o al menos le da una vuelta al tornillo, tan rebuscada, que pareciera que habla de lo que jamás nadie habló.

Siempre he estado en desacuerdo con los que dicen que ya todo está escrito. Cada pocos años aparece algo que nos hace babear nuevamente mientras extasiados nos preguntamos cómo diablos se le ocurrió eso a este cabrón o a esa cabrona.

Pero creo que la frase de Roa Bastos no refiere a un autor como a un escritor consagrado sino a ese que se busca y se encuentra, o al menos a una parte de él, entre las letras que va hilando; ese al que cierta necesidad personal llevó a escribir eso que tenía que escribir. Sin importar cuantas veces haya sido escrito.

Y creo que las verdades que a todos, o a una buena parte de nosotros, se nos desparraman son básicamente las mismas. Y ahí vamos de necios, con nuestros pobres recursos, buscando decir eso que otros miles han dicho y que otros tantos han podido decir como nos hubiera gustado decir a nosotros. 

La frase me parece linda, pero de esa lindura simplona que al poco rato ha perdido la gracia. ¿En serio se ha buscado por todas partes ese libro que dice lo que suponemos nadie más ha dicho?