jueves, 18 de julio de 2019

Los viejos Reyes

Las semifinales de Roland Garros tuvieron entre sus cuatro invitados a quizá los tres mejores jugadores de tenis de la historia: Roger, Rafa y Novak. Lo mismo pasó con los cuatro mejores del Wimbledon. En el torneo francés Rafa ganó su doceavo trofeo, algo extraordinario; en el sagrado pasto inglés Novak le ganó a Roger en una de las finales más emotivas de todos los tiempos. Luego de años de atestiguar la grandeza de Roger Federer parece improbable creer que dejó ir dos matchpoints y que perdió tres desempates, pero así fue.

Han pasado ya demasiados años desde que cada uno de estos tres reyes ganaron su primer torneo de Grand Slam, a pesar de ello los diez últimos trofeos se los han repartido entre los tres. Creo que en los últimos cinco años sólo Wawrinka y Murray se han subido a los podios aparte de ellos (en Wimbledon, sólo el escocés ha ganado además de ellos desde 2003). Han aparecido nuevas promesas y jóvenes con bastantes cualidades para intentar trepar a lo más alto del tenis, pero el trono está copado por estos tres monarcas que pareciera tomaron el trono a perpetuidad. Esos jóvenes envejecen mientras los reyes se rehusan a soltar la raqueta/cetro que levantan con poder produciendo temor en todo el circuito.

Recuerdo lo sorpresivo que resultaba ver a Andre Agassi jugando a sus 33 años; Roger a sus 37 todavía gana torneos y no se sabe muy bien hasta cuándo se terminarán sus ganas de seguir jugando. Porque creo que lo que los motiva son las ganas de seguir jugando, pero además tienen esa motivación extra de no dejarse vencer por los otros dos. Roger quiere ganar más torneos porque Novak ya se le acercó demasiado (ganó cuatro de los últimos cinco).

No sé quién de ellos termine con más trofeos de Grand Slam pero es un lujo haberlos podido ver jugar.

Dios salve a los tres reyes.


lunes, 15 de julio de 2019

no basta



No basta con seguir compatiendo esos estudios en los que la ciencia afirma que las mujeres más inteligentes estamos solteras, o que a las mujeres realmente excepcionales les cuesta muchísimo encontrar pareja; mucho menos, señalar las ventajas indiscutibles de la vida de las solteras. Al final del día, sigues esperando que llegue ese hombre relativamente bueno que te quiera. Sólo eso.

No basta. Hace falta un cuerpo en que descargar las frustraciones y ser libres en un orgasmo. Y sí, ese hombre relativamente bueno tendría que saber hacerle el amor a una mujer, entender al menos que lo que le mida el pito no importa cuando los cuerpos se encuentran, que sepa el valor imprescindible de los buenos besos. Porque el dildo más sofisticado nunca podrá reemplazar unas manos diestras y besos apasionados, un olor y el sudor compartido. Una voz con las palabras precisas.

Y no para casarte, qué sentido tiene eso ya, para tener un alguien que sea un algo más que sexo satisfactorio y risas sinceras.

Pero ahí están algunas de mis amigas sintiéndose especiales cuando comparten esos supuestos estudios que las hacen sentir más especiales de lo que nunca serán, y abonándose la autoestima entre todas. O eso intentan. Son las más lindas, las más inteligentes y por tanto inalcanzables para cualquier hombre, ya no pidamos uno bueno y que sepa coger. Pero no sé, la verdad es que yo no me siento mejor ni menos sola cuando leo que soy hiperrecontraespecial por ser una treintona solitaria.

Treintona, soltera y patética debió llamarse aquella película, pero así quién la hubiera querido ver. Dibujaron un personaje patético en su reciente soledad, imbécil a pesar de los años y la supuesta experiencia, y sobretodo desamparado. Y tantas mujeres queriéndose reflejar en el personaje de la Mori, qué bella sigue siendo, por cierto. Sacando la pancarta del Fantástica lo más grande que se pueda. Soy realmente fantástica y por eso estoy sola, pero SOY FELIZ, gritan hasta quedar afónicas; pero, perro que ladra jamás muerde y los cojos duran más en pie que los habladores.

Al menos a mí, no me bastan esas flores artificiales.


martes, 9 de julio de 2019

historias del videoclub


Tengo algunos recuerdos sobre el furor que causó la llegada de los videoclubs, al menos aquí a Toluca, que a pesar de ser la capital del estado y estar tan cerca de la capital del país, hay cosas que tardaron algún tiempo en llegarnos a lo que sigue siendo provincia. No sé si ese videoclub dentro de la Comercial Mexicana (¿era un Videocentro?) habrá sido el primero, pero recuerdo el alboroto alrededor de él. 

Recuerdo pasillos atiborrados de gente que miraba y buscaba algo para el fin de semana, promociones para llevar tres películas a precio especial o con mayor número de días en el préstamo, y la felicidad que te daba el simple hecho de ver una película con toda tu familia a un costo mucho más pequeño que si fueras al cine. Años después llegaría el microondas y las palomitas para el aparato, que harían una buena mancuerna para las tardes de viernes.

No sé cuánto tiempo después mucha gente decidió poner negocios de renta de películas en sus colonias y pueblos, pero eso fue mucho más conveniente porque ahora sólo había que caminar unos pasos para llegar a ese pequeño paraíso lleno de posibilidades. Aquí en el pueblo teníamos dos establecimientos a unas cuantas cuadras de la casa.

Mis padres nos dejaban el dinero listo y entonces iba con mis hermanos a buscar qué veríamos el fin de semana. Si no te llevabas películas de estreno te las prestaban hasta el domingo, lo que permitía que pudieras volver a ver casi todas las cintas; hubo una una vez que vimos cinco veces: "Alocada carrera", era sobre un grupo de amigos participando en un rally, de la que salió el sobrenombre para un vecino idéntico a un personaje.

La mayoría de las veces sólo éramos mis hermanos y yo los que nos acomodábamos en los sillones de la sala para disfrutar de la función, pero había ocasiones en que mis padres también tomaban un lugar, seguramente cuando se trataba de aquella película de la que todo mundo hablaba tan bien, "Corazón valiente", por ejemplo. 

sábado, 29 de junio de 2019

lo que soy

Nunca nos deberíamos sentir seguros de aquello que pensamos ser porque, en ese momento, pudiera muy bien ocurrir que ya estemos siendo cosa diferente.

Si seguimos así dejaré de saber quién soy. Mi padre te diría que ésa es una de las cosas que nos suceden muchas veces en la vida.

¿Quién soy? podría decir varias cosas pero creo que en realidad no lo sé.

Habría que pensar en aquello de que sólo estando perdidos se puede uno encontrar, y siento que en ese latoso proceso estoy. No es excusa, quizá más adelante pueda responder el sencillo cuestionamiento sin dudar.

Dicen personas a las que aprecio y respeto mucho que el simple hecho de pensar en estas cosas es un enorme paso dado, que el cuestionar nuestra verdad como personas implica un buen trecho del camino recorrido, pero no me basta. 

A veces sonrío al horizonte (o eso me gustaría pensar que pasa en mi rostro) imaginando la olla de oro al final del camino, una especie de felicidad me abruma y las fantasías sobre el porvenir se tiñen también de venturosa alegría. 

Aunque mayormente es el pesimismo y la desventura lo que me llena los pensamientos, lo que cubre por completo mi mente y no puedo vislumbrar un porvenir venturoso. Donde las fantasías de este pequeño hombre no se materializarán jamás, por lo que es una estupidez coleccionarlas.

lunes, 24 de junio de 2019

de filosofías idiotas

Vivimos en una paradoja en la que aunque hay infinidad de información disponible la gente está cada vez más malinformada y más estúpida. Se distribuye a través de la red una cantidad grotesca de basura que se consume sin reparo. Se publican supuestos estudios, se distribuyen mentiras absurdas. Y una especie de imán impide que las cabezas se aparten demasiado tiempo de las pantallas.

Pienso que quizá también sea debido a una sobrecarga de pseudoliteratura y versos ramplones, de creer que el tal Quetzalnoah es un maravilloso poeta y que Coehlo escribe literatura, de pensar que conoces a Bukowski o a Cortázar porque compartes memes con sus frases descontextualizadas. No lo sé. Pero lo juzgo pertinente.

Pero de entre tantas letras vacías hay una sentencia que llamó mucho mi atención (incluso entre la mierda resalta alguna mierda), que me hizo voltear por lo estúpida que me resultó, aunque si lo pienso un poco va totalmente a tono con mucha de la filosofía barata que se distribuye en estos internetescos días.

¡Enamórate de mis defectos! dice la bobería aquella.

Pero qué clase de imbécil consagrado debería ser para quedar prendado de tu grosera impuntualidad o de tus enfermizos celos, del malacopeo que te llega al embriagarte o de tu (para ti) absurda inseguridad. Qué tendría que estar mal en tu cabeza para que consideraras mi falta de ambición como el embriagante elixir que te llena de deseo.

No me gusta en lo que se está convirtiendo el mundo, un mundo de estúpidos enajenados cuyo sentido de vida lo da un teléfono celular. Un mundo educado por toda esa idiota filosofía que se expande sin reservas aparentes.

Los defectos se aceptan, como una parte incómoda de ese al que se ama. Lo otro es sólo una estupidez.


lunes, 17 de junio de 2019

Amores contemporáneos


Un romance.

Cuántos amores eternos 
he visto desmoronarse,
al paso de sólo días
perder la fuerza del trance;
y lo que se dijo eterno 
luego de meses fugarse.
De aquel amante perfecto
no quedó ningún detalle.

Los "amores de la vida"
no son de coleccionarse,
pero es que las mariposas 
llegan para emocionarte,
y tras un par de aleteos 
sientes que te enamoraste.
<Por dios que esta sí es la buena>
y tu amor ya le juraste.

Las mariposas se cansan 
la emoción tiende a estancarse,
los defectos van saliendo
poco pueden camuflarse,
ese fingir ser perfecto
poca gente hay que lo aguante;
y tus ojos en los suyos
ya no son impresionantes.


Luego, la filosofía
de la que te alimentaste,
hace que pienses que el otro
tuviera que impresionarte;
"que me busque quien me quiera"
dices al vanagloriarte.
Tal vez sí te quedes solo
igual piensa la otra parte.



viernes, 14 de junio de 2019

Noche sin luciérnagas

...y mira, que sé muy bien que puede que la vida nunca más destelle igual. No sé si es el verso más triste que conozco de alguna canción, pero es de una jodidez terrible. Porque si la vida nunca va a volver a ser así, o mejor, para qué seguir viviendo. Cómo resignarse a una existencia con sólo compañía, con esos cariñitos desechables de tequieros inmediatos, o de pura cama, de ciertos retozos que pierden la lucidez que la frescura les brinda; ya nos acostamos, ¿y ahora?

Tiene un poco de gracia el cómo me llegó esta canción. La verdad es que soy un fan bastante mediocre de Fernando Delgadillo y por tanto no la conocía. Pero el todopoderoso Youtube, que he descubierto me conoce mejor que mi madre, me la puso tras haber escuchado "Carta a Francia", y entonces la escuché. La escuché completa en cada uno de sus dolorosos versos. ¿Y esto de dónde salió?



viernes, 7 de junio de 2019

de libros y autores

"Un autor no escribe cualquier libro. Escribe el que quiere leer y no encuentra en ninguna parte."

Pienso en autor en términos cinematográficos: Woody Allen o Wes Anderson son autores, su firma es palpable en los fotogramas de sus filmes. Y entonces sí, un autor escribe lo que no existe, o al menos le da una vuelta al tornillo, tan rebuscada, que pareciera que habla de lo que jamás nadie habló.

Siempre he estado en desacuerdo con los que dicen que ya todo está escrito. Cada pocos años aparece algo que nos hace babear nuevamente mientras extasiados nos preguntamos cómo diablos se le ocurrió eso a este cabrón o a esa cabrona.

Pero creo que la frase de Roa Bastos no refiere a un autor como a un escritor consagrado sino a ese que se busca y se encuentra, o al menos a una parte de él, entre las letras que va hilando; ese al que cierta necesidad personal llevó a escribir eso que tenía que escribir. Sin importar cuantas veces haya sido escrito.

Y creo que las verdades que a todos, o a una buena parte de nosotros, se nos desparraman son básicamente las mismas. Y ahí vamos de necios, con nuestros pobres recursos, buscando decir eso que otros miles han dicho y que otros tantos han podido decir como nos hubiera gustado decir a nosotros. 

La frase me parece linda, pero de esa lindura simplona que al poco rato ha perdido la gracia. ¿En serio se ha buscado por todas partes ese libro que dice lo que suponemos nadie más ha dicho?


lunes, 3 de junio de 2019

del por qué se escribe...

Aunque no fuese más que una ridícula ilusión, uno está convencido de escribir porque tiene que decir lo que nadie ha dicho. Decir lo que nadie ha dicho significa contradecir a todo el mundo. Escribir es, pues, el placer de contradecir, la felicidad de estar contra todos, la alegría de provocar a tus enemigos y de irritar a tus amigos.
Milan Kundera

En un artículo del periódico de hace algunos días venía un comentario sobre un libro en el que se compilan opiniones de escritores que dicen por qué escriben. "¿Por qué escribe usted?" se llama el libro. El artículo muestra la respuesta de una docena de ellos, y de entre éstas, la que más llamó mi atención es la que transcribo al inicio de este posteo. 

La verdad es que las pocas palabras que escribe Milan Kundera me dicen demasiadas cosas que diré a continuación:

  • Uno está convencido de escribir porque tiene que decir lo que nadie ha dicho. O al menos, nadie lo ha dicho ni lo dirá como lo diremos nosotros. Sobre todo con las pifias gramaticales y omisiones en lo que es el sentido de lo que queremos decir. Uno cree que debe decir lo que quiere decir, sólo por decirlo. Y supongo que inconscientemente nuestra vanidad es la que nos dice que nadie ha visto ese ángulo particular sobre el que queremos hablar.
  • Decir lo que nadie ha dicho significa contradecir a todo el mundo. Creo que este aspecto se refiere más a que seamos honestos con nosotros y que digamos eso que queremos decir así a nadie le importe o nadie lo lea. O que quien nos ha leído prefiera no volver a hacerlo porque no somos políticamente correctos o no usamos los eufemismos pertinentes. Pero es que el acto de escribir para complacer a los demás sería lo más estúpido que podríamos hacer al ponernos a teclear.
  • El placer de contradecir, la felicidad de estar contra todos, la alegría de provocar a tus enemigos y de irritar a tus amigos. Esto del placer de estar contra todos me suena al superlativo de decir lo que nadie ha dicho, creernos tan especiales que nuestra originalidad supera incluso lo que los demás pueden entender, y me parece muy exagerado. No sé, pero particularmente me agrada cuando alguien me dice que piensa como yo o parecido, siento que no estoy solo en lo que veo o siento. Sí creo que no pienso ni veo el mundo como la mayoría, pero me parece demasiado exagerada esa visión de estar contra todos, aunque no tanto como la de provocar a mis enemigos. Sinceramente no creo tener enemigos, si los tuviera no creo que me leyeran, y pienso que solamente llegarían a irritarse algunas personas si tuviera algún éxito literario. Por otro lado no me considero tan especial como para que los amigos que me leen se irriten.




miércoles, 29 de mayo de 2019

Hacerse el lindo


Le dice la niña a la princesa Giselle en la maravillosa "Encantada": los hombres sólo quieren una cosa. Y parece ser cierto. Digo, no es que el sexo sea la única cosa en la que pensamos pero es la más recurrente y quizá también la más intensa.

Muchos de nuestros actos conscientes e inconscientes van encaminados a terminar entre los brazos de una chica, mina o tía, la latitud es lo de menos; el coqueteo descarado o la inocente sonrisa van todas hacia la misma dirección, la de aquel rudimentarismo de procrear y preservar la especie, aunque ahora es lo que menos querríamos. El chiste es la posibilidad del encamamiento mutuo.

Y entonces uno se hace el lindo. Y hacerse el lindo es distanciarse lo más posible de ese hombre común que sólo piensa en sexo, o de cualquier otra normalidad del hombre. Ponerse ropas especiales que le digan a las más féminas posibles: "eh, mira, yo soy distinto. Soy mejor".

Y no creo que esté mal, creo que toda mujer de cierta edad lo sabe, es perfectamente consciente de que casi todos los hombres con los que se cruza, al verla, tienen la idea, el deseo o la ensoñación de acostarse con ella. Así son las cosas. Cada uno va pasando los días como puede.

Pero hay un tipo que llegó al extremo de querer ser el lindo de la película. La verdad es que cuando lo vi no pude evitar pensar que eso hacía, sólo intentaba llamar la atención de varias ingenuas (por qué será). Y lo consiguió. Desconozco si terminó compartiendo lecho al atardecer o con el celular lleno de nuevos números de esperanzadas mujeres. Lo que sé es que su elaborado teatro se le derrumbó sin darse cuenta.

Y resultó que este antes ejemplo de hombre, deseo de vírgenes e ingenuas era todo lo opuesto al arquetipo que fue a vender. El amigo resultó ser lo que en este país se conoce como "una fichita".

domingo, 26 de mayo de 2019

una incómoda verdad



Escribe Xavier Velasco sobre la envidia en "Los años sabandijas": La envidia, por ejemplo, peca de inconfesable. Por cuanto tiene de automenosprecio, el sentimiento ruin por excelencia no merece el perdón del amor propio. 
... pero acusarte de ser envidioso es pedir de rodillas que te llamen jodido. Y eso Rubén no puede permitirlo.

Tan inconfesable resulta ese menosprecio frente a la ventura ajena que a alguien se le ocurrió matizar con aquello de "envidia de la buena", como si eso fuera posible. La envidia es la envidia. Y que se te tache de envidioso es de verdad colgarte un cartel de jodido al cuello. Deben existir, aunque en pequeñísima proporción, personas a las que de verdad les dé gusto la felicidad ajena, y que sientan una alegría exenta de suspicacias envidiosas.

Bastante evidencia sobre ello se acumula cada semana en las revistas de chismes, quizá el material de lectura más consumido en este país. Y aunque es claro que lo que se busca con mayor interés son las imágenes, queremos saber los cómos y los porqués, roer el jugo de cada desgracia y cada chisme de aquellos a los que en secreto envidiamos.

Y en el mismo lugar donde pernocta la envidia lo hace el placer que nos recorre cuando nos enteramos de las desgracias de la gente famosa. Cuánta vileza albergamos para congratularnos cuando otros se revuelcan en la mierda.

La desnuda verdad es que todos somos Rubén.



miércoles, 22 de mayo de 2019

Buenas compañías

Me preguntaron qué prefería, si leer un buen libro o ver una buena película. La verdad es que prefiero la película, soy más cinéfilo que lector. 

Lo maravilloso del asunto es que no se debe escoger entre uno y otro placer, y en un buen día, mejor dicho, en una buena noche, se puede disfrutar de ambos, y ser felices, al menos por unas horas. Si acaso, se escoge el orden para disfrutarlos, y aquí también me inclinaría por el filme, pero esta elección está basada más en que éste tiene una duración definida. Muchas veces uno se queda leyendo por más tiempo del que tenía pensado.

Hay otra gran combinación, que incluye a ambos protagonistas o a uno solo. Otra vez, prefiero que la compañía venga de la pantalla que del preciado libro, pero esta vez es por la conveniencia de tener las manos ocupadas en ese cuerpo que alegra esas noches, y si tienes suerte, también los días y las tardes.

Pues sí. Tener a esa persona especial que también te tiene, quizá mucho más de lo que nunca esperaste o que esperabas aceptar o que aceptarías frente a tus amigos. Hacer el amor por el tiempo que se pueda, o que se quiera, que con el tiempo vienen achaques desconocidos que acortan los placeres corporales. Qué hacemos, los achaques se acumulan.

Y entonces, te levantas a poner esa película en el reproductor de dvd, o quizá están pasando algo maravilloso en la televisión y entonces no hay que dejar el tibio lecho; y qué importa si no está completo o si ya lo has visto antes, estás junto a la persona con la que te gustaría estar siempre.

Leer juntos luego de hacerse el amor también es muy lindo, pero sólo lindo, lo otro es mucho mejor simplemente por el hecho de que la puedes abrazar y acariciar mientras sus ojos se distraen con otra cosa.



domingo, 19 de mayo de 2019

ciertas decepciones


Este fragmento de Juego de tronos fue visto por algunos entusiastas fans como una profecía de la muerte de Arya Stark, quizá el personaje más querido de Canción de hielo y fuego y de Juego de tronos. Está en el primer capítulo de Arya, al principio de la historia. 

Parece que la teoría sobre ello tendría demasiada lógica, porque Arya se convirtió quizá en la persona más letal de los Siete reinos, y tiene algunas cuentas pendientes con la muerte.

Una muerte épica para un personaje igual. La impresionante destreza al servicio de Azor Ahai, su hermano, quien le dio esa aguja. 

Pero todo se fue al carajo.

Ojalá el señor Martin termine los libros y podamos saber qué pasa con los personajes de esta extraordinaria historia.


martes, 14 de mayo de 2019

de tiempos modernos

Antes cada cosa tenía su tiempo. Las cosas tenían un momento preciso para hacerlas, así ese intervalo temporal fuera grande o pequeño, las cosas se hacían cuando era preciso hacerlas. Uno comía y dormía y jugaba y veía la televisión o iba al cine; ibas a la escuela y al trabajo, manejabas tu auto si tenías y disfrutabas a tu novia si tenías suerte, y cagabas cuando era necesario. Cada cosa en su lugar, como dirían las madres con obsesión por el orden.

Ahora no. Todas las cosas que uno pueda hacer en su vida comparten su tiempo con el teléfono móvil, con el celular. Mucha gente –por fortuna no toda–, por desgracia casi toda la gente joven, come con el teléfono junto a sus cubiertos o en su mano, y duerme con el aparato casi pegado al oído, bueno, duerme el tiempo que la atención al celular le deja disponible, y aun así, es lo primero que revisa una vez que ha medio abierto los ojos. 

Y también juegan futbol o scrabble con el teléfono en la mano, y ven televisión o van al cine sin casi desprender la mirada de la brillante pantalla que no deja de exigir atención; y lo mismo si se está en la escuela o el trabajo, si se maneja un auto o si se tiene la suerte de tener pareja. También se caga con los ojos clavados en la brillante pantalla; ojalá ninguno haya confundido el papel con el aparatito, aunque no lo dudo.

Conozco gente que tiene un refrigerador vacío en casa pero se jacta de traer consigo uno de los últimos modelos disponibles del mercado, y ahí se ven las prioridades. Y ahí se ve también lo jodido que está el mundo, lo sola y vacía que está la gente.



martes, 7 de mayo de 2019

Reflexiones de un bloguero lV


Yo sigo escribiendo, publicando todas las semanas, varias veces a la semana; diciendo mis cosas aunque sean pocos los interesados en leerlas, incluso esos que dijeron en su momento que les gustaba tanto hacerlo o que se han vuelto mis amigos. Pero siempre hay cosas más importantes o eso quisiera pensar; sólo hay cosas más entretenidas con que llenar el tiempo mientras llega nuestra muerte.

Seis años sin dejar de teclear mis cosas, mis necedades y pataleos, mis elocuentes quejas, mis borrosos recuerdos, y también, las huellas de ese incierto viaje y de ese memorable amor. 

Pero como dijo el extraordinario Saramago hace no sé cuanto: escribo por desasosiego. Y luego siempre hay por ahí alguien que lee. Eso siempre lleva una sonrisa con ello. No ha habido vacaciones ni pausas, bloqueos sí, pero me había prevenido escribiendo de más en los meses fructíferos, con los temas que no caducan (he posteado cosas escritas un año antes y se siguen viendo frescas); porque hay días en que no quiero escribir y hay veces que creo que no puedo hacerlo por más estúpido que esto suene y por más tiempo que frente a la computadora pase.

He leído que algunos colegas dicen que los blogs están en proceso de extinguirse, yo no lo creo. Siempre vamos a existir personas con la vanidad suficiente para creer que lo que pensamos debe quedar plasmado en algún lugar, y no sólo eso, sino compartido con las multitudes, cada vez más estúpidas. Y si al final sólo nos leemos entre nosotros pues ya está, eso haremos.

Pero debo decir que la mayoría de mis amigos blogueros ya no escriben o lo hacen demasiado poco, y extraño leerlos. Como decía al principio, debe haber cosas más importantes. Claro que también extraño que me lean y me digan lo que piensan de lo que pienso; ver con una indescriptible sonrisa que pensamos igual o muy parecido sobre algunos asuntos, o que piensan distinto; descubrir realidades de otra gente; y convivir, convivir entre letras.



jueves, 2 de mayo de 2019

Corazones

Dicen que los corazones
se hicieron para romperse.
Es difícil de creerse 
para cariños simplones
de amor sin preocupaciones.
Bueno, estoy exagerando, 
y de amor no estoy hablando;
hablo de un cierto cariño, 
del sentir de cualquier niño
que no ve a qué está jugando.

Amorcitos desechables
de tequieros inmediatos,
tornan cariños ingratos
al sentirse indispensables.
Amores banalizables
de corazones miedosos,
sentimientos pudorosos
que se dan sin entregarse,
no vaya uno a estrellarse
bajo cielos tormentosos.

Y mueran las fantasías
quebrando los corazones,
proveyendo mil razones
de prevenir agonías;
y enterrar las alegrías
antes que se hagan pedazos.
Y queden sólo retazos 
de un corazón indefenso
con un temor tan intenso
que no puede abrir los brazos.



domingo, 28 de abril de 2019

libro amigo II

La idea que tenía en la cabeza era que un libro no era el mejor amigo posible pero que sí era la mejor compañía que se podía tener. Luego de divagar un poco al respecto en la entrada anterior, pienso que es al revés de lo que pensaba: un libro no es la mejor compañía pero sí es el mejor amigo que podemos tener. El mejor amigo que podemos tener seres tan miserables como nosotros.

Uno abre el libro cuando quiere por el tiempo que quiere, o que puede, que a veces es así. Puedes abrirlo y tenerlo en las manos sin leerlo porque estás ocupado en otra cosa, y no hay problema; o dejas de leer porque decides poner tu atención en algo más; el libro espera paciente tu regreso, y sigue ahí aunque tardes una semana en volver.

Puedes releer las partes que quieras las veces que quieras porque tu estupidez no alcanza a comprender lo que está escrito o porque te ha impactado sobremanera la sentencia. 

Y así como puedes pasarte leyendo el día entero si eso te place y puedes hacerlo, puedes también dejar ese libro que empezaste por meses, sin que pase nada, sólo que tengas que volver a empezar porque no recuerdas qué pasaba. O dejar el libro a la mitad porque otro te sedujo más. No hay rencores ni dramas. No pasa nada.

Podría seguir enumerando formas de interacción con un libro que trasladadas a personas serían motivo de muchísima molestia. Nadie estaría ahí para nosotros para cuando a nosotros se nos dé la gana, nadie. Cualquier persona nos mandaría al carajo.

Y además los libros no necesitan pilas ni luz, por si algo les faltara.


miércoles, 24 de abril de 2019

libro amigo


Había leído por ahí, seguramente en alguna red social, el cacareo constante sobre la conveniencia de la amistad verdadera entre un libro y un humano. Aquello de que el mejor amigo que se puede tener sea un libro. Aquí entramos en terrenos de postureo pedante por lo que los canes quedan descartados, y en asuntos de libros nadie los traería a cuenta.

El asunto es ése: el mejor amigo para una persona es un libro. Y aunque yo me siento completo al tener un buen libro en las manos o en la bolsa trasera del pantalón, si es que la leyenda de que su tamaño es para caber en el bolsillo se cumple, debo decir que no me parece que un libro sea la mejor compañía. 

Conozco personas con las que preferiría pasar el tiempo antes que con un gran clásico de la literatura, personas con las que cualquier tiempo se hace corto entre diálogos eternos, risas, bromas y miradas cómplices. Y si hay alguna embriagante bebida lubricando la charla, mucho mejor; el alcohol engrasa las palabras y las vuelve gráciles y ligeras cual experimentadas bailarinas.

Hay también personas con las que la intimidad de las caricias y los besos juguetones potencian el gusto por su compañía. Frente a estas personas tan valiosas cualquier libro queda corto.

Lo bueno de la vida es que no debemos escoger, se puede tener la dicha suprema de hacer el amor o lo más cercano a ello con una persona mágica, para luego traer a ese otro amigo de papel y quedarse callados mientras se hace otra especie de amor; pasando páginas, releyendo o subrayando frases que nos sacuden porque leemos verdades del alma que alguien más escribió, y que pareciera sacó de nuestra alma.

Pero aunque un libro no sea la mejor compañía posible, en estos tiempos parece mucho más factible hacerse con la valiosa presencia de uno que con la de otro de nuestra especie. Y para los momentos de soledad, que a veces se multiplican más de lo que se quisiera, un gran libro es la presencia más valiosa que se pudiera querer.

sábado, 20 de abril de 2019

ese mi Dylan



<Ese mi Dylan>, lo saludaban casi todos los que lo conocían en el barrio cuando lo veían pasar.

El dichoso nombrecito gringo le hacía mucha más gracia a los adultos que a los chavos de su edad. En algún momento descubrió que su nombre era el mismo que llevaba un personaje de una serie norteamericana que estaba de moda cuando sus padres eran jóvenes, de menos de quince al menos. 

<Y dónde dejaste al Brandon>, le habían dicho más de una vez, sin entender a qué venía ése otro nombre del gabacho. Resulta que Brandon y Dylan eran dos compas cabrones que mandaban en el highschool de su barrio. El highschool, siempre mal traducido como secundaria por los pendejos que cambian al español los diálogos de todas las gringaderas que nos tragamos de este lado del río Bravo. <Que no mamen>, pensaba cuando escuchaba el error el Dylan, si hasta yo me doy cuenta que están muy rucos como para ir en la secundaria. 

Los muchachos chichos de la chingadera gringa. Pero no era una chingadera, en los tiempos mozos de sus jefes todos en el país estaban pendientes de sus aventuras. Y luego eran cuñados. El Dylan se rocanrroleaba a la carnala del Brandon y al parecer no había fijón. Ese mismo día en que supo de donde había salido su nombre, supo también que ese güero encopetado tan arrogante y cool era el amor televisivo de su madre.

El Dylan. Pareciera que era imposible decir su nombre sin acompletarle con el molesto articulito. Pero qué podía hacer si para sus propios padres era así: el Dylan, siempre el Dylan. 

Pero estos héroes de Beverly Hills eran galanes. Dos güeros guapos, delgados y con sus cuerpos bien marcados, esos dos donjuanes por los que toda chava que se considerara lo suficientemente bella quería pasar por sus manos y sus labios y sus camas, o los asientos de sus coches, porque ambos tenían su propia nave para pasearse con la rubia del momento y jugar a las artes amatorias. 

Y aquí estaba la carcajada de la broma que le habían jugado sus padres al bautizarlo con el anglosajón apelativo, él no era güero, ni tenía ese cuerpo ni esa estatura, mucho menos era guapo, ya no dijéramos simpático como eufemísticamente se le nombra a los que no están tan de la chingada, bueno, al menos así se hace con las mujeres. No podía dejar de pensar que cada que algún vecino o amigo le saludaba con el tan repetido <ese mi Dylan>, en su sonrisa se camuflaba un gesto burlón que no podía evitar reír al ver y nombrar la contradicción entre nombre y fisonomía.

Pero no estaba solo en cuestiones de pesares de nombre, la colonia se había llenado casi con el mismo número de niños de nombres extranjeros de los más distintos orígenes. El Brayan, el Ian, el Maicol, el Filip, el Jordan, el Kevin, el Yobani, el Estiv, el Didier, el Ragnar, por aquello de las vanguardias, y claro, también el Brandon. 

En todos la misma broma, en todos la piel morena. En todos la reminiscencia al meme que ríe señalando que tu rostro escupe lo prehispánico de tu origen por más que tu nombre lo intente negar. Y era verdad, los espejos no mienten.

La cereza que remataba el chiste era escuchar a su papá, quizá un quince de septiembre, un poco ebrio, decir que esos pobres gringos hijosdelachingada estaban pendejos porque las verdaderas raíces y tradiciones, la cultura, las tenían ellos, los orgullosos mexicanos. 

Y quién era él para quitarle esa alegría a su orgulloso progenitor.

miércoles, 17 de abril de 2019

caminando



Voy caminando por una vereda, una vereda que creo conocer. No porque la haya transitado antes sino porque sé hacia donde quiero ir y este es el camino que me llevará hasta allá. Camino entre árboles y arbustos, sin demasiada dificultad. Hay trechos que son fáciles de andar, casi lisos, planos, seguros. Es un camino conocido en su mayoría. De alguna forma me siento seguro aunque no sepa qué vendrá después ni cuánto falta por caminar.

Pero en un cierto momento tomé otra vereda y me desvié del camino seguro. No sé decir en qué momento, no me di cuenta que mi ruta se bifurcaba y debía elegir. Sólo seguí caminando, y ahora estoy intentando andar por un lugar tenebroso y desconocido. 

Si dejo de lado mi miedo y miro lo que me rodea puedo ver que no es un lugar desconocido aunque siga siendo sombrío. Conozco casi todo lo que me rodea, aunque hay partes del paisaje que tenía demasiados años sin recordar. El lugar me muestra cosas dolorosas, cosas que quizá deseaba olvidar, dejar sepultadas bajo una montaña de trivialidades; pero, lo comprendo luego, cosas sin las cuales no podré terminar el recorrido.

No logro entender cómo llegué aquí. Sé que conscientemente hubiera intentado seguir sin pasar por aquí, sin recorrer la tenebrosa vereda. Parece que los hubieras estúpidos se resisten a abandonarme, ¿o yo a ellos? 

Y entre mis pasos y mis tanteos encuentro una puerta bastante perdida que no dudo mucho en abrir. Apenas he abierto una rendija y ya me ha invadido un asfixiante sentimiento de vergüenza. 

Ya estoy aquí. Debo mirar.

jueves, 11 de abril de 2019

vanidades, y algo más


La verdad es que extraño a mis lectores. Sé que es pura vanidad pero es la verdad. Será que en realidad los escritores somos unos vanidosos sin redención o es sólo cosa mía. No lo sé, pero echo de menos ver ese número de visitantes que antes veía, comparado con el pequeño número de lectores que pasa por aquí ahora.

Y es sólo un asunto de desproporción. Porque el hecho de que 25 personas estén interesadas en leer lo que sale de mi cabeza debería parecerme increíble, y cuando lo razono y veo esos números con ojos un poco objetivos, puedo ver que sí es bárbaro que tanta gente tenga interés en entrar al blog en este mundo lleno de mierda más atractiva.

El detalle, como en muchas otras cosas, son las comparaciones (cuántos hombres viven obsesionados con ellas). Los lectores de meses atrás eran entre 70 y 100, en ocasiones, hasta 150 en alguna entrada interesante.

Y la cosa es que esta insulsa preocupación se contradice totalmente con aquello que publiqué hace 500 entradas, hace casi seis años; donde decía que el chiste y el placer era escribir, no que alguien te leyera.

Pero es que es tan jodidamente lindo que un desconocido te diga que le ha gustado lo que escribiste, que alguien señale que le gusta tu forma de escribir, o que alguien más te confiese, no sin algo de rubor, que le gusta leerte aunque le da pena comentarte, pero que quería que lo supieras.

Y la verdad es que estoy contento escribiendo mis cosas, haciendo versos a veces. Que me hace feliz ver esas visitas desde Chile, Argentina o España. Y que es verdaderamente un placer tener amigos surgidos de las letras. Gracias a todos los que me acompañan, los abrazo con cariño.


domingo, 7 de abril de 2019

Entre Fanfarrones

Estas son otras décimas. En un principio no lo eran, había escrito tres cuartetos (que no se llaman cuartetos por su medida, pero no recuerdo el nombre) pero por el tono del poema me pareció más pertinente jugar con las décimas. Creo que el mensaje es claro, la red está llena de mierda disfrazada de poesía, mientras los espectadores no pueden diferenciar entre Sabines y Quetzal noah, o cualquier otro escribiente de pacotilla.

Nunca faltan fanfarrones
que se vistan de poetas,
se sientan grandes estetas
plagiando versos simplones.
Claro, tienen sus razones:
calzarse de intelectuales,
cumpliendo simples rituales
de reescribir malos versos:
folios huecos sin reversos,
simples palabras triviales.

Genes creen tener ellos
de Baudelaire y Sabines,
pero fácil los defines
en patéticos Coehlos*,
grandes poetas de aquellos,
que no tienen parangón,
puro poeta chingón;
sólo escribiente maldito.
Como Bukowski son hito:
no tienen comparación.

Les diré con gran zozobra
que estos farsantes del verso
tienen público diverso,
gente devota de sobra;
que no distingue una "obra"
de cualquier perogruyada,
gente que vive engañada
por merolicos virtuales,
payasos de carnavales,
y se conforman con nada.

¡Ay! nuestra pobre poesía,
le han mancillado la casa,
cualquiera entra y se propasa
con su vil bisutería.
Y entre tanta porquería
lo bueno queda escondido;
el talento ahí perdido
entre el lodo no se nota;
menos lo nota un idiota
por las redes confundido.


viernes, 5 de abril de 2019

divagues y anhelos



Creo que entre esas ideas tontas que cruzan nuestra cabeza cuando somos muy jóvenes, es que deseamos, si es el caso de la literatura, escribir un gran libro que se convierta en un gran éxito: económico y literario, aunque preferentemente económico. O ser un pintor famoso o un gran cineasta. El arte siempre es glamoroso.

Los años traen perspectiva y madurez y nos dan una cara de la vida que en esos años juveniles no podríamos haber tenido de ninguna forma, y creo que también nos dan, si es el caso, la madera necesaria para tallar lo que llevamos dentro y poder expresarlo con algo de lucidez.

Debo reconocer que de más joven, cuando quería convertirme en cineasta, aunque no lo expresara y a nadie se lo dijera, dentro de mí, quería hacer una gran película, lo que trae consigo cierto renombre y fama; con los que tengo una relación de amor/odio.

Pero si la vanidad nos hacía fantasear con vidas donde el éxito y la fama nos sonreían, a las generaciones de ahora no sólo le guiñan el ojo. Hay actualmente un porcentaje inmenso de adolescentes que ansían con todo su corazón convertirse en youtubers o celebridades del internet, incluso con protagonizar un bochornoso video viral, que ya se ha visto demasiado que la fama ahora se alcanza hasta por las más insulsas causas. Y el talento no es necesario, bendito dios.

Finalmente, una de las personas más famosas y admiradas (sí, hay millones que la admiran) del planeta es Kim Kardashian, cuyo talento es, creo, haberse hecho no sé cuántas operaciones y mover su gran culo. Y, hay un ejército de incultos aplaudiendo esas banalidades y glorificando a cada mediocre que se cree dios.

Pero bueno, vanidad es vanidad.


martes, 2 de abril de 2019

de pestes



Se dice en "La vida de David Gale" que el que te denuncien por violación equivale a pisar mierda. Aun si retiran la acusación la peste persiste. No importa si es una calumnia o una verdad, el daño ya quedó ahí, y a diferencia de la mancha de mierda, el tiempo no se lleva la hediondez.

La madrugada de ayer se suicidó Armando Vega Gil, músico y escritor mexicano, integrante de la mítica Botellita de Jerez; un guacarrocker sesentón que hacía disfrutar a cualquiera con mente juguetona con lo que dejaba salir por sus dedos.

El motivo del suicidio es un tuit anónimo en el que se le acusa de haber acosado sexualmente a una niña de trece años hace catorce años. Él dijo no haberlo hecho, la "valiente anónima" asegura que sí. ¿A quién creerle?

La verdad es que el hecho y su contexto me han impresionado, me han dado bastantes cosas en qué pensar. Sé perfectamente del abuso de poder ligado a la sexualidad que permea este país y de todos los excesos cometidos tras esa implacable ansía de sexo que el poder acrecenta; y me gustaría que hubiera castigos ejemplares y penas severas, como castración a quien viola. Pero también sé que hay quien miente para dañar y quien en su venganza no le importan daños colaterales. Y vuelvo a recordar a David Gale.

No puedo evitar recordar a la infame Karla Souza describiendo cómo para poder conseguir papeles como actriz seducía a los productores, enseñando piernas o pestañeando coqueta, prometiendo lo que al final no daría, o quizá sí, si el papel lo ameritaba.

Dentro de todo, coincido con el buen Hueva Vil: más vale un final terrible que un terror sin final. 

Descansa en paz guacarrocker.


jueves, 28 de marzo de 2019

Soledades

Bueno, quienes se acercan saben que de vez en cuando (no sólo por día de muertos) me pongo a escribir versos. Estas son dos decimitas, creo que, bastante actuales.


Me siento tan infeliz.
Sólo un "forever alone"
instalado en la "friendzone";
nada más que una lombriz
salado hasta la raíz.
Con sueños de amor del bueno
que me haga sentirme pleno,
con una chica cualquiera
donde algún cariño hubiera;
dejar de soñar lo ajeno.

Y no importa si es bonita
o tiene cuerpo de diosa,
con que no resulte odiosa,
y aunque no sea hacendocita;
si la soledad me quita
yo la querré con locura,
seré un amante de altura;
despojado de atavismos
de censuras y machismos,
buscando buena ventura.


martes, 26 de marzo de 2019

cita de suicidas



...y la verdad es que a veces pienso en el suicidio, de repente me sorprendo pensando que sería mejor terminar con todo de una vez, pum, matarme y largarme. En realidad no sé qué fue lo que me hizo sincerarme de tal manera con una persona con la que apenas tenía menos de una hora de convivencia. Se me ocurre un sentido retorcido de la seducción, siendo que ella también me había soltado que era una persona depresiva que incluso debía medicarse; pero aun así me parece algo bastante retorcido de mi parte el recurrir a ese oscurísimo as bajo la camisa de cuadros que elegí precisamente para el inesperado encuentro. Lo que me devolvió por respuesta fue todavía más especial, especial en el terreno de lo pervertido, ya se sabe: Generalmente las personas así tienen dotes artísticas, dijo mirando algo frente a ella. Sólo asentí. Mi narcisismo me impidió contarle que pinto, dibujo y escribo, aunque creo que también estaba esperando podérselo contar después, guardando algunos trucos bajo cualquier otra manga.

La cosa es que en tan pocos minutos ya estaba yo pintando historias rosas con paredes fijas, pensaba en la aún lejana posibilidad de un futuro, así de imbécil soy. Estaba tan a gusto con esta mujer que el destino me ponía enfrente, aunque dudo que el destino tuviera algo que ver, pero la cursilería no se me quita; en todo caso fue la soledad mutua arropada por un grupo de facebook. Sea como fuere, ya comenzaba a acomodar los naipes para tejer los sueños.

Es gracioso. Al salir de casa sólo esperaba resultarle lo suficientemente atractivo para que quisiera meterse a la cama conmigo.

viernes, 22 de marzo de 2019

Buenos deseos




Es en serio??? Me responde por mensaje privado la exalumna a la que hace poco más de dos horas felicité por su cumpleaños. No tengo una mínima idea de a lo que se refiere. Será que mi gran boca me ha vuelto a jugar una mala pasada, he dicho algo que no debí decir, o, como otras tantas veces ha pasado, alguien ha interpretado como se le ha dado la gana lo que dije con mayor o menor veneno.

A qué te refieres? Le respondo a esta chica una vez que he terminado de elucubrar de qué puede estar hablando. No te hagas. Sólo dime si sí o si no, o explícame qué quisiste decir. He levantado mis cejas mientras terminaba de leer su respuesta. ¡Puta madre!, ¿a qué chingados se refiere? Sólo atino a poner como respuesta una carita que expresa mi ignorancia. En nuestra conversación virtual aparece el mensaje de felicitación que hace no tanto tiempo le envié: Querida Gaby. Te deseo, que siempre seas muy feliz. Te mando un gran abrazo con cariño.

¿En verdad he escrito una coma luego de deseo? ¿Le dije a esta chica por la que únicamente siento el cariño hacia quien siempre fue una buena estudiante y de quien podría decir que le agrado, por la manera siempre educada de tratarme, que la deseo? Porque mi escritura siempre es clara, las palabras precisas con los signos correctos, puntos y comas siempre puestos donde deben estar. Seré disléxico pero también obsesivo. Y ahora, ¿qué pasó?

Sigo en blanco, con docenas de ideas de posibilidades bailando slam en mi cabeza junto a un vacío en mi estómago provocado por la vergüenza del asunto. Ninguna idea sobresale sobre las demás cuando aparece un nuevo texto en nuestra caja de diálogo: Sólo dime, te gusto?...

Un instante antes de presionarle enter a la respuesta donde le explico que seguramente debido a mi dislexia he puesto una coma donde no debía ir, me detengo pensando en las nefastas posibilidades de abollarle la vanidad a una mujer y borro las palabras.

En su lugar envío al changuito avergonzado como preludio de un tímido y escueto: Sí, me gustas.

Para no hacer el cuento largo y debido a toda la paja de la larguísima conversación que prosiguió a mi falsa confesión, retacada de mentiras, resumiré diciendo que estoy afuera de su casa esperándola para ir al cine.

Después, no sé qué vaya a pasar.