martes, 19 de junio de 2018

lo que todos tienen dentro

"Verás, hay un tipo y todo el mundo estaba allí, ¿cierto? Le toca exponer lo que todos tienen dentro de la cabeza. Empieza el primer tema, después desarrolla las ideas, y la gente, sí, sí, y lo consigue, y entonces sigue su destino y tiene que tocar de acuerdo con ese destino. De repente, en algún momento del tema lo coge... todos levantan la vista y se dan cuenta; le escuchan; él acelera y sigue. El tiempo se detiene. Llena el espacio vacío con la sustancia de nuestras vidas, confesiones de sus entrañas, recuerdos de ideas, refundiciones de antiguos sonidos. Tiene que tocar cruzando puentes y volviendo, y lo hace con tan infinito sentimiento, con tan profunda exploración del alma a través del tema del momento que todo mundo sabe que lo que importa no es el tema sino LO que ha cogido... –Dean no pudo continuar; sudaba al hablar de aquello".

Este es un fragmento de la tercera parte de En el camino de Kerouac, libro que he de decir, empecé a leer hace dos años pero que no me atrapó, ni me pareció la gran cosa como para tener tantas reverencias hechas a lo largo de muchos años. Ahí se quedó esperando en mi buró, viendo como acariciaba a otros antes que a él. Llevo ya un rato leyendo dos libros en simultáneo, uno es el que leo por las noches y otro el que llevo a donde voy, el que me acompaña mientras espero. Luego de viajar con Ficciones decidí darle otra oportunidad y lo tomé como compañero de camino. Esta vez lo acepté de buena gana.

Esto lo leía hoy, mientras esperaba el autobús. Luego de leer lo que he puesto resaltado con negritas me vino a la cabeza la sentencia del perfil de mi amigo Gavrí: un escritor es alguien que escribe lo que le pasa a todos los hombres. Al escritor le toca exponer lo que todos tenemos dentro. Ahora pienso en lo que hace dos días me dijo una amiga de la universidad respecto al título de mi libro, Apuntes de un hombre ordinario: "no sólo son cosas que piensan los hombres".

En el párrafo, Dean Moriarty (Neal Cassady) habla sobre la extraordinaria ejecución de un saxofonista, pero su descripción me ha parecido muy cercana traspolándola a la escritura. Hay veces que estás en la zona, o como lo describen ellos, LO has cogido. 

No es algo que puedas planear, es algo que pasa. No sé si sea el encuentro fortuito de varias venturosas casualidades o que aquella musa pasó a besar tu frente, pero pasa. Y cuando pasa, cuando lo consigues, cuando lo coges, es magia. Y entonces no puedes parar de teclear, y experimentas un estado de excitación y ansiedad difícil de describir y se "llena el espacio vacío con la sustancia de nuestras vidas, confesiones de sus entrañas, recuerdos de ideas, refundiciones de antiguos sonidos". Y quienes se acercan lo reconocen, porque el destello es evidente.


domingo, 17 de junio de 2018

Se vale soñar

Cuántos mexicanos pudieron imaginar, soñar, pensar siquiera en la posibilidad de que nuestro equipo de futbol quedara campeón en las Olimpiadas de Londres. Yo, tenía la esperanza, aunque debo decir que una esperanza firme de que podían ganar una medalla, de que nuestro equipo tenía la capacidad de quedar entre los tres mejores equipos, pero no me ilusionaba demasiado con el título.

Los "expertos" analistas, esos que saben lo que tenía que haber hecho un equipo y un entrenador y un jugador, a pesar de que muchos nunca han practicado con relativa seriedad el deporte del que son expertos, no aseguraban siquiera que México pudiera acceder a las semifinales, y claro, daban razones contundentes sobre por qué eso no pasaría. Cómo, si ahí estaban Inglaterra, Brasil,

Con todo y contra todo se llegó a la final, contra Brasil. El Brasil que nunca había quedado campeón olímpico, el Brasil de Neymar, Marcelo, Hulk y algunos nombres más. BRASIL. Pues hasta aquí llegamos creyó casi todo el país. No todo, algunos seguíamos soñando (ahí sí creíamos) y creyendo que le podíamos ganar a los brasileños, igual que les habíamos ganado en Perú el Mundial sub 17. 

Las victorias futbolísticas no siempre dependen del desempeño del equipo. La genialidad o "churro" de algún jugador o el error impensable de otro más pueden determinar el resultado de un partido. Ya ven, si el imbécil de Higuaín hubiera podido definir SOLO frente al portero alemán Argentina se hubiera coronado en la tierra de Pelé, al que seguro le daba diarrea por al menos ocho días.

Se supone que esta es la mejor generación de futbolistas mexicanos, que tenemos el mejor equipo que nunca hemos tenido. Y aquí estamos los soñadores, los apasionados, los ilusos, dirán otros, y los estúpidos que pierden el tiempo con futbol, como piensan otros más.

Todo puede pasar. El deporte es impredecible.


miércoles, 13 de junio de 2018

La pasión futbolera III (OEEEE OEE OEE OEE)


"Jugamos como nunca, perdimos como siempre", se escucha decir a los más viejos y a los más amargados, aunque casi todos son los mismos. Esos que antes de comenzar el partido se la pasan diciendo que el equipo es malo, chafa, mediocre, en pocas palabras, que no saben jugar al futbol. Que si clasificaron al Mundial fue por lo sencillo que es debido al bajísimo nivel del área geográfica que nos corresponde*.

Pero si tienes curiosidad y volteas, o te topas sin buscarlo con su atenta mirada al juego mientras fuiste por más cerveza, esos mismos buitres de pésimo agüero no despegan la mirada del televisor, y podrías decir que están incluso emocionados cuando nuestro equipo se acerca a la portería rival. Algunos no pudieron contener una traviesa lágrima desbordada de alegría que de inmediato camuflaron en otra cosa, cuando Luis García le anotó a los irlandeses o Marcelino Bernal la puso pegada al palo contra Italia en aquel agridulce 94. O en aquel otro golazo entre Ramón y Cuauhtémoc cuatro años más tarde, días antes de que creyéramos que le podíamos ganar a Alemania, una tarde gris cuando tan duro se escuchó aquello de la eterna derrota: Perdimos como siempre.

Alguien de mi edad ya está un poco harto con la cantaleta del anhelado quinto partido. Tengo una discreta sonrisa por la constancia y mediocridad de quedarnos siempre en octavos: se avanza a pesar de lo complicado de algunos grupos pero no se ha podido ir más allá por una u otra razón: los "malditos penales", el exceso de confianza con su celebración anticipada o un puto golazo de Maxi Rodríguez.

Y es que el dolor por la derrota de tu equipo tiene algo de dulzura, de esa de la que paladeas cuando reteniendo las lágrimas gritas que: alzas la copa y brindas por ella en el último brindis de un intento de bohemio y una reina, antes de que los mariachis callen. 

Pero con mis contemporáneos también he sido testigo de la hazaña de los Niños héroes de Perú y del oro olímpico, ambos contra Brasil; de los otros niños héroes de La momia Gómez y su "huevudo" golazo contra otro equipo alemán. 

Hemos visto a nuestro equipo campeón y nadie puede decirnos que perdimos como siempre. Aunque para ellos en su amargada ignorancia no valga nada una medalla olímpica dorada: que le pregunten a Neymar cuánto le vale a él su medalla de plata. 

Y aquí estamos otra vez. Sé que todo puede pasar, que al fin y al cabo es futbol.


*En el pasado Mundial, tres de los cuatro clasificados de Concacaf avanzaron a octavos de final (México, Estados Unidos y Costa Rica que se coló hasta cuartos).


lunes, 11 de junio de 2018

siguiendo en el viaje


Hace algunos meses hacía una analogía entre el viaje de autodescubrimiento de la terapia psicoanalítica y el recorrido en una atravancada montaña rusa. Un viaje impredecible y complicado, en el que a pesar de ir aferrado con ambas manos al asiento de adelante decidí transitar hasta el final. A diferencia del recorrido sobre rieles aquí sí se puede abandonar el trayecto a medio camino, pero qué sentido tendría entonces.

Sí gusto de subirme a esos juegos mecánicos de los que se escuchan tantos gritos mientras se espera en la fila, pero aunque nunca me han obligado a subir, no voy completamente convencido de hacer el recorrido. Siempre hay un poco de miedo que me aconseja que tal vez sería mejor no treparme al popular juego. 

Y mi sentir durante los pocos segundos que dura el viaje sobre los pequeños vagones podría catalogarlo como agridulce: una mezcla entre la adrenalina feliz que me hace disfrutar las vueltas y bajadas a gran velocidad con los indescriptibles gritos estomacales, y la preocupación y temor que me provocan esas mismas piruetas que soportan los vagones. La evidencia está en la fotografía tomada durante el recorrido: mis manos sujetan fuerte el tubo del vagón y mi rostro muestra preocupación y angustia antes que felicidad. Hay un gran contraste con la imagen de los pasajeros de otros vagones.

No había tomado conciencia sobre lo que he escrito en el párrafo anterior, no me pasó por la cabeza cuando se me ocurrió tal analogía, pero así ha sido el introspectivo viaje. Cuando Erik me ha preguntado cómo me siento respecto al proceso terapéutico pienso en una satisfacción difícil de explicar, una satisfacción amarga llena de curvas inesperadas, carente de sonrisas; demasiado parecida a la que he sentido una vez que he descendido de aquella otra montaña rusa.

miércoles, 6 de junio de 2018

el que espera desespera


Dijo Lennon hace ya bastantes años: la vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes; mi amiga Sofia dice que la vida es lo que pasa mientras esperamos. Siendo sincero, quizá por los tiempos que vivimos, le doy más razón a mi amiga gallega que al buen John, aunque esa canción por obvias razones humedece un poco mis pequeños ojos.

La espera, en estos tiempos de calentamiento global y líderes mundiales incompetentes se ha vuelto una especie de tortura para muchos. Nadie quiere esperar por nada.

Las compañías de servicios de internet y de teléfonos móviles promocionan como la mayor ventaja sobre sus competidores la rapidez de sus productos: Para que no esperes, Al instante, Con la máxima velocidad para que navegues (pierdas el tiempo), Con sólo pensarlo, el grandioso teléfono sabrá lo que deseas hacer y en menos de un parpadeo estará listo para satisfacerte, No esperes más...

Y no hablemos de los berrinches y malestares cuando la respuesta al mensaje enviado por el dispositivo móvil tarda más de un minuto (literal) en llegar. Podríamos escribir un libro de historias macabras originadas en la tardía respuesta de un whatsapp o en las punzadas estomacales desencadenadas cuando aparecen las palomitas azules que le dicen a los impacientes que a su interlocutor le importa poco darle respuesta; aunque podría no saber qué decir o estar aterrado ante la rotunda negativa que debe dar.

Los ricachones no quieren esperar paradotes a que les toque subir a la montaña rusa del Six Flags, así que pagan para no hacer fila, aunque terminan haciendo alguna porque hay más ricachones de los que creíamos o porque hay quienes prefieren pagar de más que formarse con la chusma. Pocas cosas hay más decepcionantes que estar próximo a abordar el juego y que llegue un grupito de riquillos a subirse antes que tú, pese a la hora y media que llevas formado.

Bueno, que ve uno a gente a la que consideraba relativamente razonable gritando su berrinche porque luego de ver los 20 capítulos de la serie de moda el fin de semana, deberá esperar un año para poder ver la siguiente temporada y volverse a atascar de historias en alta resolución.

Mientras, yo espero con bastante paciencia la próxima película de Quentin Tarantino.

lunes, 4 de junio de 2018

Pasiones futboleras



Se nos volvió a llegar el Mundial de futbol. Y aunque a la mayoría nos apasiona en distintos niveles hay a quienes incomoda bastante y serán días insoportables. Pero bueno, cada uno con sus filias y sus fobias. Aquí, una especie de repaso de los Mundiales que me ha tocado vivir.

Sólo hay tres selecciones nacionales que se han clasificado a la segunda fase de los campeonatos mundiales de futbol en todos los torneos a partir de 1994 (Estados Unidos 94, Francia 98, Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014). Estos tres equipos son: Alemania, Brasil y México (están por orden alfabético, no se vaya a pensar que por jerarquía futbolera). Los tres equipos competirán en Rusia 2018.

La cosa es que a pesar de lo que implica un logro de este tamaño México es el único de estos tres equipos que no ha sido campeón, y tristemente para los descendientes de Cuauhtémoc, nuestro equipo no ha podido avanzar en ninguno de esos torneos del partido de octavos de final (nos eliminaron Bulgaria, Alemania, Estados Unidos, Argentina dos veces seguidas y Holanda). En este país se sigue añorando el dichoso y latoso "quinto partido"; bueno, creo que se añora más que el regreso de Jesucristo.

Para alguien de mi edad o más chico (nací en 1980), que comparta como yo la irracional pasión futbolera, nunca hemos visto a nuestro equipo jugar un partido de cuartos de final (yo recuerdo el contexto del mundial del 86 pero no tengo memoria de algún partido).

Dos datos para frustrarnos más (sí, más):

Francia, Italia y España fueron eliminados en la primera ronda en los mundailes de 2002, 2010 y 2014 respectivamente, siendo la vergüenza de sus aficionados, pero (en este caso el pero vale demasiado) se habían coronado campeones en el torneo anterior. Como campeones reinantes no pudieron avanzar a octavos de final en el campeonato siguiente al de su título. ¡Qué fracaso! Pero fueron campeones, CAMPEONES.

En 2002 Argentina no pudo clasificarse a octavos al no poder sobrevivir al llamado grupo de la muerte, junto a Suecia, Nigeria e Inglaterra. Mientras que nuestra querida selección mexicana quedó primer lugar de ese nefasto grupo en el Mundial del 94, imponiéndose a Italia, Irlanda y Noruega (los cuatro equipos obtuvieron 4 puntos y tuvieron la misma diferencia de goles pero México quedó primero por haber anotado más goles (3)). Pero ser primero de grupo y enfrentar a un tercero no fue suficiente para que el equipo tricolor, que supuestamente tiene mucho corazón, avanzara más allá de los octavos de final; lugar del que no se ha podido mover desde 1986, en suelo propio. Quizá inspirados por La chiquitibum con la bendición de la virgen Lupita.

Un dato adicional (para hacer plática antes de algún partido, jajaja):

Los últimos tres campeones mundiales han contado con que la base de su alineación titular juegue para un mismo equipo. Los tres equipos son europeos como se puede uno imaginar y como se comprueba si tiene uno mínimas nociones de futbol mundial.

En 2006 Italia tenía su base en la Juventus, en 2010 España alineaba a ocho titulares que jugaban cada semana con el Barcelona, en el equipo que mejor he visto jugar al futbol; y para el último campeonato en 2014 Alemania ganó con un buen porcentaje de jugadores del Bayern Munich.

Basados en esta estadística ya no habría mas que campeones europeos en los siguientes mundiales, ya que los mejores jugadores del mundo van a jugar a Europa.

¿Qué pasará en la siguiente Copa del mundo? No sé, pero ojalá pase algo diferente a lo que ha pasado los últimos 24 años.

La Chiquitibum

sábado, 2 de junio de 2018

¿Soy?


He descubierto demasiadas cosas el último año. Demasiadas cosas personales y un montón de cosas sobre la vida, que con algo de vergüenza me he dado cuenta de lo ignorante que era a pesar de creer lo contrario. Pero supongo a muchos nos pasa.

Dentro de esta búsqueda interior me he topado con algunas ideas y frases que me han sorprendido a la vez que me hacen regresar la vista a esa vergüenza. Ideas que me hacen sonreír por dentro, como esa de: Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.

Pero hay una a la que me he aferrado con convicción las últimas semanas. En la que veo también lo lejos que todavía estoy en este camino: Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros.

Me deja pensando si entonces, en este momento no soy, o mejor dicho, soy lo que no soy; ¿soy ahora el barro de lo que podría o debería ser? Todavía no soy eso que quisiera ser, así que, ¿quién soy entonces ahora?


Me imagino esos locales comerciales que ante las actuales ruinas cuelgan una lona en un costado que avisa que está cerrado por reparaciones, y que esperan que una vez reabierto el lugar puedas ir a ver lo bien que todo ha quedado. Aunque quizá no es una precisa analogía.

martes, 29 de mayo de 2018

ciertas necesidades

Le leía hace algún tiempo a una colega bloguera, que ella, a sus escasos treinta años, no consideraba la posibilidad de cambiar de pareja. Que el hecho de estar con alguien a quien se ha aprendido a querer, a convivir con sus manías y ataques de rabia, con sus chistes bobos o sus bromas macabras; ese alguien a quien has aprendido a querer y que sabes, o sientes, que también te quiere; era más que suficiente. No había más que anhelar de una pareja.

Aunque confesaba, que un asunto que tenía demasiado peso en su convicción de seguir junto al mismo hombre era la pereza inmensa de tener que empezar a conocer a alguien más desde cero. Ese tener que regresar a las citas y el cortejo, a ponerse alguna que otra máscara para intentar agradar, a la posibilidad de sentirse juzgada por su manera de pensar, de vestir, de expresarse, y de no sé cuántas otras cosas más.

Creo que pocas cosas hay más bonitas que ver a la persona que toma tu mano para caminar y sentir una inmensa felicidad al pensar envejecer con ella. Y sentirte afortunado: "cuánto me debía el destino que contigo me pagó".

Hasta aquí todo bien. Si tienes la suerte de ser feliz con alguien que es feliz contigo estás del otro lado. Pero parece que la necesidad de meter ruidos innecesarios a la cabeza y preparar un boicot sin conocer su magnitud no descansa. Y entonces, puedes ponerte a pensar si podrás perdonar a esa persona a la que dices amar tanto. Porque la rutina cansa y el amor se acostumbra, y dicen los simplistas que la carne es débil, y quizá las tentaciones también se multipliquen con el paso de los años.

Y entonces, te asusta saber que tienes la imperiosa necesidad de perdonar si quieres tratar de seguir siendo feliz con esta especial persona. Pero perdonar perdonar, sin memorias lastrosas.



viernes, 25 de mayo de 2018

Preguntas



Me preguntaste una vez si acaso te perdonaría una infidelidad. No respondí. 

Quería decir que sí, que no creía que eso fuera más grande que nuestro amor. Que un amor así, bonito, no podía ser derrumbado por una calentura y una necesidad de venganza; pero no dije nada. 

Tú tampoco insististe y en dos segundos ya estábamos hablando de otra cosa. Creo que habrás pensado que igual que tú pensaría en la disolución inmediata, aunque tampoco creo que lo hicieras. Aunque no lo sé.

Pero, más que de la ruptura hablabas de cortármelo si descubrías mi traición. Cosa que más que miedo me daba risa. Y entre risa y broma, con mis manos ocupadas en ti, no dije nada.

Ahora que lo pienso (y no tengo una puta idea de por qué pienso en eso ahora) creo que no te dije lo que pensaba porque no quería que tuvieras ese poder, el poder de contar con mi perdón. Y sé que es una estupidez porque te conozco, y porque hablamos de tantas cosas con tanta confianza, que por eso es que días después me quedé pensando en el porqué de mi silencio.

Y aquí estoy ahora, tecleando sobre eso.

domingo, 20 de mayo de 2018

ese bote repleto

Esto es como le decía Gavrí a no recuerdo quién: "llevar los conflictos interiores a veces hasta hace que uno escriba poemas". Creo que así pasó con estos versos. Creo que es parte de ese proceso que decidí iniciar, en el que creo que han fluido algunas cosas. De ese proceso salió aquel supuesto soneto blanco que resultó bastante percudido, y que habiendo dormido a la perezosa apatía que me susurraba dejarlo así, retomé, para hacerlo como "dios manda". Y luego una manita de gato de mis amigos en Ultra.


Dentro de un bote lleno de utopías
donde están enterrados varios sueños,
infantiles y torpes mis ensueños
mi tontera poblando fantasías,

la vergüenza por mis carroñerías
deseando que fueran de otros dueños,
tímidos y tortuosos mis empeños:
burdo catálogo de niñerías.

Ahí debí dejar mi gran quimera
los castillos de naipes que he creado
las mentiras que visto de verdades;

lo que ya me pudrió la primavera
mis fantasmas y todo lo que he odiado,
la sal que echa a perder mis realidades.



miércoles, 16 de mayo de 2018

un bromista

Estás en una habitación, en la habitación hay una mesa y una silla en la que estás sentado, apoyado sobre la mesa ya que estás dibujando o escribiendo. Llegas a ese punto en que no hay nada más en tu cabeza que lo relativo al dibujo o las palabras escritas. Te alcanzó la inspiración, quizá. De repente la luz se apaga y te quedas sin ver nada. Tu inútil hábito de esperar hace que te quedes inmóvil aguardando a que la luz regrese, a veces sólo tarda unos cuantos segundos, así que no hay por que alarmarse. 

Minutos más tarde te levantas y caminas hacia el apagador. Te sorprendes, ya que el interruptor se encuentra del lado en que está apagado. No se fue la luz, alguien la apagó (presionó el switch para cortar la energía en el cuarto). En tu cabeza se forman varias ideas absurdas sobre el por qué se apagó la luz, pero aunque tu imaginación vuela para dar forma a las más disparatadas teorías, tu rezagado sentido común te dice que alguien la apagó.

Un poco consternado, regresas a los trazos o las letras, y poco a poco te comienzas a abstraer nuevamente hasta que nada te perturba y sólo te dedicas a lo tuyo. La luz se vuelve a ir. Esta vez no esperas, luego de maldecir por la jodida situación te levantas y te diriges al apagador. Molesto, compruebas que alguien la ha vuelto a apagar. Parece que a ese alguien le resulta bastante divertido reír a tus costillas.

Enciendes la luz y regresas a la mesa para seguir con lo tuyo. Pero ya no es tuyo. Tu mente no tiene ahora la capacidad de poder concentrarse en lo que estaba haciendo. Tomas el lápiz y trazas con él, pero hay algo que no te deja en paz. No dejas de pensar que en cualquier momento volverán a presionar el switch cortando la energía, aunque ya no la inspiración que se fue a resguardar a otra parte, ella no es paciente. De tiempo en tiempo volteas hacia el apagador esperando sorprender al sigiloso bromista.

Los minutos pasan, pero son más los que dedicas a tratar de cachar infraganti al ocioso jodón que a avanzar en lo que haces. Escribes palabras de enunciados sin alma más por inercia que por convicción. Regresas sobre las mismas líneas que has estado trazando sin atreverte a ir a otro lado adonde necesitarías de toda tu concentración. 

La convicción de que doña inspiración regrese si persistes en el tratar de crear, si no retiras tu culo de la silla y continúas a pesar de la torpeza y la ausencia de articulación, hace que olvides un poco la posibilidad de interrupción a causa del impertinente guasón. Poco a poco, parece que la elocuencia se vuelve a manifestar en tus manos.

Volteas hacia el interruptor, quizá más por inercia que por afán detectivesco. Lo has hecho justo un instante antes de que el travieso apague la luz, una centésima de segundo antes de que las imágenes cedan ante la oscuridad. El instante preciso para ver, totalmente horrorizado, que eres tú quien ha presionado el apagador.



lunes, 14 de mayo de 2018

Fantasías

Al parecer me he construido varias fantasías. Al principio me sonó a una exageración, me resistí a creerlo. Poco a poco vi que no. Incluso les he puesto pisos bonitos y me he esmerado en adornarlas. 

Una de ellas, la que más me afecta, es una que me dice que mi madre no me quiere. Y mi narcisismo y vanidad me hacen decir que sí me quiere, pues es mi madre, con una chingada, ni modo que no me quiera, que tampoco soy un hijodeputa. Pero eso es sólo una fachada, la cortina de humo que me hace quedar bien, ni modo que vaya lloriqueando que mi mami no me quiere. 

Pero me quedé pensando –porque si algo he hecho en estos últimos meses de torturarme en el diván es pensar– que tampoco es que sea un niñito llorón que se queja de todo. Lo acepto, es mi fantasía, la he moldeado con esmero. 

Pero cómo no estaría firme ese jodido producto de mi imaginación si mi madre parece también esmerarse en hacerla fuerte y saludable. Si abona constante y ferviente el ya de por sí enorme tronco. Si aparenta deleitarse en darme argumentos que fortalezcan mi inconsciente creencia. Si parece ser tan feliz cuando me jode sin razón alguna.

Sólo veo que la he construido firme, pero que ella me ha arrimado demasiados ladrillos.


jueves, 10 de mayo de 2018

Campeones

El tiempo pasa, siempre constante, incansable, dejando marcas por su paso. Conforme envejecemos nos parece que fuera más rápido, que hiciera ciertas travesuras para ser veloz en momentos que quisiéramos se entretuviera al dejar pasar los segundos. Pero don Tiempo no guarda rencores ni juega bromas. Es implacable. Trata igual a quien aprovechó sus días como a quien los desperdició.

Pasa, que hace meses me di cuenta que este año se cumplían veinte de que junto a mis compañeros beisboleros de la preparatoria, ganamos el campeonato de beisbol de la Universidad Autónoma del Estado de México. Nosotros, chamaquillos que preparatoria derrotamos a todas la facultades a las que nos enfrentamos, culminando con la victoria sobre el, creo que pentacampeón, Arquitectura, en un juegazo que terminó 2 - 0.

Esa es, debo decir, una de las grandes alegrías de mi vida. La gran victoria deportiva que puedo presumir con un brillo raro en mi mirada (eso creo, aunque igual y mis ojitos tristes ni siquiera cambian).

Aquí está la foto que salió en el periódico el Sol de Toluca (¡ah verdad!), que tengo en mi poder gracias  a que me la fui a robar de la hemeroteca del Centro Cultural Mexiquense. Pero ya que estoy hablando de alguno de los crimencillos de mi vida, debo decir que no creo que a nadie más le sirviera la página del periódico que sustraje. Salvo a alguno que quisiera cometer la misma fechoría.



De lo que me di cuenta hace menos tiempo, es de que hoy 10 de mayo, día en que en este país se celebra el día de la madre, también se cumplen veinte de que el glorioso equipo de nuestra ciudad fuera campeón después de 23 años de no hacerlo. En un partido emocionantísimo, que me hizo ver a mi equipo campeón por primera vez en mi entonces todavía corta vida. La primera de muchas hazañas del equipazo comandado por san José Saturnino Cardozo. Aquí debo confesar otro crimen que no me dejaron consumar: quería llamar a Gil, Gildardo Saturnino :D.

Así que hoy tengo dos motivos para brindar y recordar buenos momentos, sumados al tradicional por los seres más bellos que creó diosito. 



lunes, 7 de mayo de 2018

dilemas de la tecnología

Sería ocioso hablar sobre las maravillas que ha traído la tecnología a nuestras vidas, con la otra cara de esa moneda en la podredumbre que ha representado en ciertos aspectos.

Desde escuchar al que clama que no sabe cómo podíamos vivir antes, casi desconectados; hasta el otro extremo del que lamenta la desconexión del entorno inmediato del que vive pegado a sus redes, y no se desconecta ni para cagar.

Esta tecnología le ha dado voz a todos, nos ha dotado de un altavoz que decidimos si usar o no, y se puede ver –a veces se tiene que ver forzosamente ante la insistencia– la verborrea desbordante de quien no conoce el valor del silencio y está convencido de que todos debemos enterarnos de cada estupidez que le cruza la cabeza. "Cada uno puede decir lo que quiere y si no te gusta pues bloquéame, porque este es mi muro y ahí digo lo que quiero". Y eso es lo que se acaba haciendo, borrando a los necios gritones.

Las redes nos han igualado a todos. Cualquiera puede decir lo que quiere. Cualquiera puede publicar un libro. Digo publicar que no es escribir. No cualquiera puede escribir un libro pero todos pueden publicarlo, y por qué no, llamarse escritores. Es lógico, si ya tienen un libro en las manos con su nombre en la portada, así no sepan lo que es la sintaxis. 


Dijo Síndrome al Señor Increíble que cuando todos fueran súpers nadie iba a serlo. Y es la verdad. Si cualquiera puede publicar su libro, cuál es el mérito.

Si me alegra saber que mi amigo ha escrito un libro y le compro un ejemplar por una mezcla de morbo y apoyo, pero al empezar a leerlo veo que la mierda que tengo en las manos tiene errores de tecleo y faltas de ortografía, qué podría pensar de "todos" los demás libros publicados por sus autores. En este mundo de las generalizaciones pensaré que todos son mierda.

Ese es un problema. Si voy a un restorán y pido algo que tiene un sabor horrible no regresaré a ese lugar a probar nada más. Ahí se quedará sin conocerme ese otro guiso que sí es delicioso.

Entonces parece que no es tan buena la democratización de los medios porque el mundo está lleno de irresponsables. Sin hablar de gente sin escrúpulos.


jueves, 3 de mayo de 2018

el polvo en la casa



Cuando mi madre sabe que va a tener una visita se esmera en que la casa, o al menos las partes que quedarán visibles a los visitantes, queden limpísimas. Pide a la señora que la ayuda en el quehacer que deje de hacer cosas que están dentro de su rutina de limpieza para poner atención en que todos los recovecos de la sala, comedor, baño y cocina (porque puede ser que la atrevida visita quiera meterse a la cocina por alguna razón) se vean sin la más pequeña partícula de polvo. Mi madre ya no posee una vista que pudiera presumir pero para asuntos que mezclan polvo escondido y visitas, se le agudiza el enfoque como si de los ojos de un halcón hambriento se tratara.

El problema surge cuando esas visitas llegan sin que hayan avisado su presencia. En que aparecen cuando no se les espera y el travieso destino hace conjugar la aparición de los visitantes con el polvo acumulado –que pasó inadvertido– de un par de semanas en las que no llegó nadie extraño a la cotidianidad de la casa. No lo sé de cierto pero imagino que mi madre experimentará algo parecido a las guerras internas que juego cuando no logro dejar de morder mis labios y por alguna razón no puedo hacerlo, o cuando no puedo dejar de mirar ni de pensar en eso que alguien me ha movido de lugar y no puedo colocar en su lugar designado. Es una espina gigante bien clavada en la planta del pie.

A pesar de que siempre se le dice a los amigos e incluso a meros conocidos: ven a visitarme, ven cuando quieras, mi casa es tu casa. No son tan bien recibidos de improviso. Imagino que lo primero que le pasa a mi madre por el pensamiento es: Cómo vino esta persona a visitarme sin avisar. ¿Por qué se ha tomado esa libertad?

A tantos años de convivencia con mi madre y a tantos años de ver que no nos correspondemos en casi nada, la conozco mucho más de lo que ella quisiera. Así que sé que su molestia en caso de ser sorprendida con la casa algo polvosa no se debe a una obsesión con la limpieza ni a cosa parecida, sino a lo que la visita pueda ver, pensar, juzgar y siguiendo la cadena, contar a los demás sobre el mucho o poco polvo que acompaña a nuestra casa. Creo que a mi madre la aterra que su supuesta condición de mujer sucia, pésima jefa de casa, o algún otro adjetivo que pueble la imaginación del chismoso esté en boca de todos los demás.

Que si van a hablar sobre ella y su casa hablen de lo lindo que se ve su hogar con toda la madera que le mandó poner y en lo brillante y cuidada que esta está, de su creciente colección de campanas coleccionables o de lo brillantes que están sus copas de cristal cortado en el nuevo mueble que luce monstruoso desde su comedor.

La razón de esta obsesión es demasiado simple y humana: cuando ella va a casa de cualquier persona, es mirona, juzgona, criticona, y dado el caso y la persona indicada, chismosa (aunque según ella si lo que se comunica es verdad no es un chisme). No creo que haya lugar o momento en que su inquisidora mirada no se pasee por todos los rincones que a la vista estén para inspeccionar el qué y el cómo de esa casa; para juzgar si lo que vio es pasable, agradable o inadmisible en un hogar bueno y respetable.

Y la cosa no es que mi madre se dedique a ver las pajas en los ojos ajenos mientras la viga del propio se le desparrama sin remedio. No. Eso no pasa porque ella hace todo lo posible porque así sea. Ella se deshace de su viga. Cuando su casa se enfrenta a miradas como la suya, generalmente está preparada con el brillo necesario que cegué al juzgón y duerma su mala prensa.

Es cierto que las apariencias engañan, pero los demás no tienen forma de saber cual es la cotidianidad del lugar en el que mi madre habita, que como podrán imaginarse nunca está desordenado, eso es algo que ella no puede permitirse para el lugar donde vive. Si hablamos de apariencias siempre será mejor aparentar limpieza y orden que suciedad. 

Y mi madre es campeona de las apariencias. 

lunes, 30 de abril de 2018

Impotencias


Las últimas clases de inglés que tomé (dos cursos), las tomé con la misma profesora, una persona por la que llegué a sentir bastante respeto y cariño: Lilia Buentello. Era una mujer mayor (tendría unos cincuenta y cinco años), pelangocha y confianzuda, que se ganó el cariño de quienes tomamos ese primer curso con ella y luego decidimos repetir a pesar de lo exigente que era. Esto hizo que ese segundo curso se llevara a cabo en un ambiente de camaradería y confianza.

El primer día de clases Miss Lilia nos hablaba sobre todos los pormenores del curso, los protocolos y las reglas, modos de evaluación y pautas de comportamiento. Todo era dicho en inglés. Pero llegaba un momento en que dejaba el idioma en que iba a impartirnos clases para regresar al de todos nuestros días, para que no hubiera dudas. Entonces nos hablaba sobre abusos sexuales y sobre violación.

Que si acaso alguno (hombre o mujer) era acosado o abusado por algún profesor contáramos con ella como apoyo para denunciar al culpable. Que no calláramos, que confiáramos en ella. 

Cuando se dirigía específicamente a las compañeras para hablar sobre violación, su consejo era sencillo: cuando la situación sea inminente, traten de no resistirse para que la mala experiencia sea menos traumática, para que sean menos dañadas, para que no sufran tanto. Incluso hay quienes se excitan con la negativa, y no les interesa dañar a quien no pelea. Tenían mucha lógica las palabras de Lilia.


Resulta insultante, además de ridículo, que un juez diga que como la víctima no se resistió al abuso (como aconsejaba mi profesora) eso no fue una violación. Que a la desafortunada mujer sólo le quede la brutal impotencia de escuchar al imbécil que representa a la ley. Y pensar que debió morir o ser despiadadamente golpeada para que aquel imbécil pensara distinto.

jueves, 26 de abril de 2018

leyendo...

"Soy el peor de tus amigos, jamás te leeré. No me importa leerte, ¿para qué? Te conozco, tus palabras escritas puedo intuirlas, sé que la escritura es la farsa que representas..."

Leí estas palabras en la crónica de Susana Iglesias que aparece algunos sábados en el periódico que compra mi padre, donde también leo la columna de Xavier Velasco y a veces a Verónica Maza, la que publicó mi carta, ¿te acuerdas?

Irremediablemente, supongo lo habrás imaginado, esas pocas líneas me hicieron pensar en ti y en la piedra en el zapato que me representó que no me leyeras, tú que fuiste la autora intelectual de la aventura de estas letras que nacieron del gran impulso que me inyectaste en esas quizá irreflexivas palabras. Esa castración que me hizo sentir el saber que no me leías, esa frustración al no poder obtener una razón para no hacerlo.

Me apropio de esas palabras, bueno, en realidad las pongo en tu boca –cuánta devoción–. Es así, me conoces tanto que mis palabras escritas puedes intuirlas. Hemos hablado tanto sin aburrición, a pesar de las inacabables sesiones de besos cuyo deseo no se me extingue, ni disminuye (es fácil decirlo ahora); han salido tantas palabras de mi boca en tu presencia, hemos dialogado sobre tantos temas, me he sincerado sobre tanto de mi vida, que así es. ¿Por qué habrías de necesitar leerme? Aunque aún veo tantos temas de los que nunca hablamos.

Aunque debo decirte, pero supongo ya lo sabes porque me has leído, que en la hoja virtual soy mucho más elocuente. Poder editar los pensamientos y cambiar las palabras por otras más coherentes o propicias, por otras más poderosas o contundentes, quitar o poner redundancias a mi antojo, limpiar mis palabras. Aunque, qué más da. El contenido es el mismo.

No te justifico. Soy este niño que necesitaba tu apoyo y no lo tuvo. Sólo que leyendo me volví a acordar de ti. Qué raro.


lunes, 23 de abril de 2018

otra de monstruos


Ya he hablado de mis monstruos –que podrían verse así, como un grupo de deformes amigos o como un gran monstruo: pudiera ser como aquellos constructicons de mi infancia, varios monstruos que se pueden ensamblar para ser más terroríficos. Eric me dijo una vez sobre que algo que discutíamos era algo así como la uña del pie del monstruo, o sea que sí está bien alimentado–, del proceso de poder colocar un espejo frente a mí y verlos aparecer, con más o menos sorpresa. 

Pero creo que olvidé mencionar una parte importante que vino a mí tras ese hermoso viernes, luego del reencuentro con la que creo es el amor de mi vida. Lo que sí dije es que a ella le puedo decir cualquier cosa, me siento cómodo hablándole de mis mierdas con mucha libertad, así que le hablé de este "amigo" mío, al que estaba conociendo, y del que le dije, esperaba poder convivir con él, en una llevadera armonía.

Me miró seria pero con ternura (quizá lo de la ternura lo he inventado yo, pero había mucha empatía en ella) y me dijo: Tienes que amarlo, no sólo convivir con él, recuerda que es parte de ti, y tienes que amarlo para poder amarte. 

Plantó otra semilla en mí, me dejó una idea fundamental. Ella, otra vez ella.


Así que, no estoy de acuerdo con la imagen.

viernes, 20 de abril de 2018

Buscan, ¿qué buscan?


Me costaba trabajo poder imaginar qué carajo es lo que la gente no deja de ver y de escribir en sus teléfonos celulares, por qué mierda no pueden despegar la vista de la pantalla del puto aparato por cinco segundos. Qué es tan valioso para no poder dejar de verlo. 

Veo imbéciles que no sueltan el mentado dispositivo ni para manejar, ni al caminar, bueno, que ni al cagar. Y esto último se vuelve un problema en una reunión familiar donde estos muchos ocupan el baño mucho más tiempo del necesario en ese afán por no despegarse de su vida en el ciberespacio, o encuentran el lugar ideal para teclear lejos de los ojos de su pareja.

En mi absoluta ingenuidad creía yo que los contactos que la gente tenía en Facebook eran las personas a las que uno conocía. La familia, los amigos de la escuela, del trabajo y toda esa gente que de alguna manera conoces. Comprobé que no. 

Ahora, incluso podría afirmar que el principal uso que se le da a esta red social es el ligue, la seducción y la búsqueda de sexo. Al parecer los hombres buscan con quien acostarse mientras las mujeres esperan que entre tanto idiota conectado aparezca ese ser especial que las va a querer a pesar de todas sus histerias. Quizá algunos hombres crean esto también pero mientras aparece la rara chica que nos crea especiales pues hay que coger que para eso somos hombres.

Qué tan vacía (de cariño, de amor, de compañía) tiene que estar una persona para buscar la interacción virtual con desconocidos. Qué tan necesitada puede estar un alma para soltarle al primero que se aparezca a comentar su cursi posteo, un antes valioso “amigo”, como si fuera el genérico de un hola. 

Será porque el mismo facebook te dice que cada contacto con el que cuentas es tu amigo.