martes, 11 de diciembre de 2018

Sobre la autopublicación 2




Autores editores

Como ya he dicho, la autopublicación es actualmente el medio por el cual los autores podemos ver nuestras letras publicadas. Es la libertad para publicar eso que quizá nadie más publicaría. Pero la libertad requiere responsabilidad para que no se pervierta.

La cosa es que si uno se lanza por la propia publicación de su manuscrito, uno debe sustituir todas las partes del proceso de edición. Ya no somos sólo autores. Debemos ser correctores, editores, maquetadores e incluso diseñadores. La calidad del libro que vamos a publicar corre a cargo de nosotros y de nadie más. Está en nosotros que publiquemos un ejemplar de calidad, porque además es nuestro nombre el que aparecerá en la portada.

La realidad es que entre los miles de libros que se autopublican, un porcentaje muy pequeño ha sido revisado, editado, corregido y maquetado. Estos libros no han pasado un mínimo y necesario control de calidad en el que al menos se revise que las palabras estén correctamente escritas, no hablemos de calidad literaria o de maestría narrativa. Sólo de simples palabras adecuadamente escritas.

Leí que alguien escribió que la escritura es una actividad que requería sobre todo de reescritura. Y es así. Escribir eso que queremos decir es sólo la primer parte. Falta que revisemos una y otra vez, falta que corrijamos los errores al teclear y los errores ortográficos. Hace falta pulir nuestro lenguaje, hasta donde seamos capaces al menos.

Con la ayuda de mis amigos

Siendo realistas, habrá muy pocas personas que puedan ejercer todos los roles que he mencionado sobre la edición de un libro. Tendremos entonces que pedir ayuda. Pero antes de que alguien nos auxilie con la corrección de las faltas ortográficas y otra persona nos diseñe una portada, necesitamos que alguien nos lea.

Requerimos de una mirada objetiva sobre el texto que nosotros hemos leído y releído tantas veces que no podemos ya ver siquiera errores de dedo que a un nuevo lector le saltan a primera vista. También requerimos una opinión sincera. Alguien que nos lea y tenga toda la libertad de decirnos si nuestra historia tiene lógica o si se entiende eso que queremos decir de la forma en que lo queremos decir. Precisamos de otros ojos en nuestras letras, una nueva mirada despojada de nuestro ego y vanidad, de nuestro amor propio. Y claro, también necesitamos humildad y objetividad para recibir la realimentación que nos proporcionen estos amigos.

Leí en algún lado que no es nada aconsejable que le demos a leer el manuscrito a nuestra pareja, a menos que queramos terminar la relación. Puede no ser todo lo objetiva que buscamos, finalmente, se supone que nos quiere o algún afecto siente hacia nuestra persona; o puede ser también que nos tomemos personal algo que está estrictamente afuera de la relación sentimental, que malinterpretemos lo que se nos dice. Creo que es obvio que tampoco este lector debe ser nuestra madre.

No buscar errores en lo que hemos escrito o creer que no necesita que nadie le meta mano habla de un ego desmedido de quien ha escrito el libro. Alguien que creé que lo que ha escrito es perfecto y no hace falta que le corrijan ni una sola coma. Alguien que piensa que su trabajo es una genialidad que sólo necesita ver la luz para que el mundo se asombre. O al menos eso parece.

Si le damos nuestro texto a la persona adecuada y tenemos una correcta actitud seguramente tendremos beneficios, nuevas visiones y posibilidades.

Derechos autorales

Hay una cosa importantísima que tenemos que hacer inmediatamente después de que hayamos terminado de escribir y corregir nuestro escrito, antes de que cualquier otra persona lo lea. Esto es registrar nuestro texto. Nunca acabamos de conocer a nadie y como escritores o aspirantes a ello deberíamos saber que la traición nace con una facilidad increíble de los lugares menos imaginados. Mejor prevenir y hacer lo que debemos, que mentarle la madre al hijo de puta que nos traicionó. Por salud, simplemente. Porque es lo que corresponde con la creación intelectual.

A nuestra disposición está la oficina de Derechos de Autor con costos según el país en que vivimos pero también hay registros gratuitos por internet en Creative Commons y Safecreate.

La realidad nos golpea

Anualmente se publican cientos de miles de libros, de los cuales un porcentaje cada vez mayor corresponde a libros autopublicados. Es de lamentar que un porcentaje bastante alto de estos libros se publiquen con bastantes carencias editoriales.

La realidad es que hay ideas y sentencias que flotan en el aire sobre la poca o mala calidad que “deben” tener las obras publicadas por sus autores. Opiniones que aseguran que si un libro no fue publicado por alguna editorial es porque es malo o que si lo tuvo que publicar su propio autor es porque carece de valores literarios. Estas ideas sólo se fortalecen con cada obra mediocre que se publica, con cada ejemplar lleno de pifias y con cada libro que desde su portada vocifera que fue elaborado sin cuidado. Pareciera que grita NO ME LEAS.

No existe el mínimo rigor ni la más pequeña autocrítica. Sólo la satisfacción de un capricho: ya soy escritor porque publiqué un libro. Ahora más que nunca, eso no hace a un escritor.

Y esta situación no ayuda en nada a todos los que estamos escribiendo y nos preocupamos por hacerlo lo mejor que se pueda, que nos esmeramos en publicar (en un blog generalmente) textos bien escritos en lo formal y con alma en su fondo, y que esperamos un día poder ver nuestro trabajo transformado en un libro que podamos presumir, como ciertas madres presumen a sus hijos por cualquier red social.

Y que precisamente será mediante la autopublicación que veremos ese anhelo cumplido.



Así que, como dije al principio de estas líneas, cualquiera puede publicar un libro. Pero parafraseando a Anton Ego de Ratatouille: no cualquiera puede publicar un libro pero un gran libro puede provenir de cualquier parte. O algo así.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Sobre la Autopublicación



Hace algún tiempo escribí lo que se suponía era un artículo para un sitio literario. Creo que el sitio ya no publica material, así que estas letras no vieron la luz del internet. Lo divido en dos porque es algo largo.

En torno a la Autopublicación

Después de más de cuatro años ininterrumpidos escribiendo un blog, topándome con artículos y posteos sobre cosas de escribidores y escritores, y sobretodo, después de haber autopublicado un libro, es que puedo escribir estas breves líneas sobre la autopublicación. Es mi perspectiva, lo que yo he visto, lo que viví. Espero le sea de utilidad a alguien.

El panorama

En la actualidad cualquiera puede publicar un libro. Y esta afirmación no es exagerada. Cualquiera que conozca la manera de hacerlo y/o tenga el capital para financiarlo puede ver su nombre impreso en la portada de un libro.

La realidad es esa. Cualquiera puede publicar un libro aunque no cualquiera pueda escribirlo. Me refiero a un libro que valga la pena publicar, no a algo que escribes para que lo lea tu familia y tus amigos más cercanos; algo que quizá sólo leerán forzados por el cariño que te tienen, por obligación.

Me refiero a publicar el libro que te gustaría leer, o el que en caso de llegar a tus manos, seguirías leyendo hasta la página final. No el que botarías molesto, pensando, ¿quién ha escrito esta mierda?

En estos días, ya no es necesario seducir a una editorial ni prender veladoras a la virgen predilecta (aunque al parecer todas son la misma) para poder tener en las manos nuestro libro. Existen varias posibilidades para cumplir el anhelo de tener nuestro libro publicado. Autopublicado, eso va quedando claro.


Las editoriales

Son por muchos de nosotros conocidas las historias sobre la reticencia de las editoriales para publicar autores nuevos. Pero seamos justos, en un país en que se lee tan poco no parece un buen negocio apostar por este joven (o no tanto) entusiasta. El mercado es veleidoso y las modas cambiantes. Quizá sea mejor seguir publicando historias de vampiros adolescentes y narraciones de amores entre zombis y marcianos. El mercado manda. También está el asunto de los libros digitales que van ganando terreno a pasos enormes. Y lo queramos o no, una editorial es un negocio.

Algunos conocemos de experimentos realizados, en los que se ha enviado el manuscrito de un texto exitoso, con nombres y lugares cambiados, que ha sido rechazado por varias decenas de casas editoriales, algunas, evidentemente, sin haber siquiera sacado el montón de hojas del sobre que las contenía. Aquí un buen artículo de Isaac Belmar al respecto. http://www.hojaenblanco.com/el-sorprendente-asunto-de-los-manuscritos-rechazados/

Pero, quién podría saber cuál será la nueva 50 sombras de Grey o el nuevo Harry Potter. Mejor ir a la segura con los autores que ya se conocen, con el subgénero de moda o cumplir el capricho del sobrino del dueño de la empresa que dice que es escritor. No hay por qué arriesgar. De todos modos, las estadísticas dicen que en este país cada vez se lee menos.

Así que, habiéndonos rechazado una docena de editoriales (en caso de que seamos optimistas y hayamos decidido imprimir nuestro escrito), bueno, decir rechazado es elegir una palabra digna. Sería más preciso decir ignorado, porque una gran mayoría ni siquiera tienen la cortesía de estrellarte la puerta en la nariz con la negativa, de obsequiarte el rechazo. La mayor parte ni siquiera lee lo que les has entregado. Únicamente adquieren nuevas hojas para reúso.

Gandallismo editorial

Sólo hace falta echarse un pequeño clavado al buscador de internet para ver algunas de las muchas posibilidades con las que contamos para tener nuestro libro publicado. Hay empresas que ofrecen sus servicios para “hacer tu sueño realidad”, editoriales con planes abusivos a la caza de noveles e ingenuos escritores y sitios dedicados a la autopublicación.

Muchas editoriales se han dado cuenta del nicho de mercado que se ha abierto entre los aspirantes a escritores y los escritores que quieren ver su trabajo impreso. Y, como parte de la misiva en la que se ven en la pena de rechazar tu escrito por cualquier causa, te ofrecen la posibilidad de una coedición o copublicación de tu obra con otra supuesta sucursal de su empresa. Palabras elegantes para decirte que si en verdad quieres ver tu libro publicado, deberás pagar por él, porque ellos no están dispuestos a hacerlo. Al que quiera azul celeste que le cueste.

Envié los datos de un supuesto libro a una de estas bondadosas editoriales cumplidoras de sueños, para calar más o menos su nivel de gandallez. Comprobé que son demasiado abusivos. Haciendo cuentas, en esa supuesta coedición era yo quien iba a pagar por todos los gastos del tiraje. Además, te hacen firmar un contrato en el que por la venta en librerías recibirás un “magnánimo” 7% por regalías, así que en caso de que tu libro sea un fenómeno literario ya te jodieron. Aunado a esto, te “impulsan” a realizar el mercadeo necesario para publicitar tu libro, porque no va a venderse solo: encárgate de que te conozcan, dicen. Difícil decir que no a tan tentadora oferta.

Aquí la experiencia que relata un amigo español. En todos lados se cuecen habas. https://jmcuadernodebitacora.blogspot.com/2016/07/otra-mala-experiencia.html

Entonces, a autopublicar se ha dicho.

Así las cosas, ante la imposibilidad de contar con un sello editorial que respalde nuestro trabajo y evadiendo las tentadoras ofertas para copublicar nuestro texto, debemos recurrir a la mentada autopublicación.

Debo decir que cuando mi texto ya estaba listo para ser impreso y conociendo lo que sabía de la industria editorial, mi primera intención fue ir directamente a publicarlo por mi cuenta. Pero el gusanito del ego es poderoso e influyente. ¿Qué tal que a alguna editorial independiente le interesa publicarlo? ¿Qué tal si algún editor lee por casualidad mi historia y le agrada? ¿Qué tal que gano el concurso de esta otra editorial? Igual es chicle y pega. Si esto sucediera, no tendría que ser yo quien pague por la impresiónç+﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ Quie es snaahiultado,impresi y le agrada. Igual es chicle y pega. Ademes poderoso e influyente. Quie es snaahiultado,. Y además, en esta realidad en la que estamos inmersos “vale” muchísimo más un libro que provenga de una editorial que uno que publicamos nosotros mismos.

La opción que tenemos es recurrir a una plataforma de autopublicación.

Pero las plataformas de autopublicación, sean de impresión bajo demanda o de otro tipo, sólo buscan clientes, personas interesadas en usar sus servicios de impresión. El contenido de los libros que impriman poco les preocupa, únicamente quieren tu plata. A fin de cuentas son simples negocios. Más negocios.

Hay que decir también, que muchas de estas plataformas ofrecen la publicación gratuita de tu libro. Así que nunca había sido tan fácil. Lo único que tienes que hacer es enviar tu archivo con las especificaciones que te pidan y ellos lo tendrán disponible para cuando tú o alguien más quiera adquirirlo. Aún no está publicado, eso será hasta que alguien pague. A lo que se referían con publicarte gratuitamente era a albergar tu manuscrito en sus archivos. Pero si buscamos el libro en su catálogo, aparece publicado: la magia de la red. Ya podríamos presumirlo.

Entonces, no importa si nuestro libro no conoce la sintaxis, no importa si está retacado de faltas ortográficas o si tiene incorrectos signos de puntuación; no importa si tiene errores de dedo, o si tu dislexia como a mí te juega malas pasadas. No importa tampoco si estás escribiendo la historia más sosa, llena de clichés y pésimamente escrita. La puedes publicar. Nadie te lo impedirá. Mientras pagues, se pondrá a trabajar la imprenta para que tu escrito vea la luz.

En estos sitios hay incluso quien se atreve a preguntar si al publicar tu libro alguien revisará que esté correctamente escrito. La respuesta es no, por supuesto. Esos servicios, de corrección de estilo y corrección ortotipográfica, de maquetación, se pueden adquirir, pero esos sí tienen costo. Entonces ya no es gratis. Y si no es gratis, no nos interesa. 

martes, 4 de diciembre de 2018

1984


El 12 de febrero de 1984 yo cumplía cuatro años y Julio Cortázar moría. Al día siguiente nació quien se convertiría en el amor de mi vida, o eso creo, y cada uno cree lo que le da la gana o lo que puede creer, que no es lo mismo. 

1984 es el título de un libro inmortal, uno de esos nombres que flotan en el imaginario colectivo en contextos medianamente cultos. El año que titula la obra no esconde enigma alguno, corresponde únicamente a la inversión de los dos dígitos finales del año en que se escribió: 1948; pero el libro se publicó el 8 de junio de 1949, el día en que nació mi padre. Y mi padre en vez de apoyar a los 49ers de San Francisco sigue a los Dallas Cowboys. Cosas de la vida. Simples casualidades.

En menos de un mes comenzará 2019, 35 años después de la citada fecha, y alguien que desconozca de estos asuntos podría jurar que muchas de las cosas escritas por Orwell no llevan más que unos meses escritas, que sólo se describe nuestra realidad. Aunque podría decirse que teniendo un conocimiento básico sobre la estupidez humana no ha sido tan difícil profetizar sobre el futuro de esta insensata especie; la lógica es bastante simple a veces.

Tres botoncitos:

En realidad no habrá pensamiento en el sentido en que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia.

...de todos los entretenimientos para los proletarios. Allí se producían periódicos que no contenían más que informaciones deportivas, sucesos y astrología, noveluchas sensacionalistas, películas que rezumaban sexo y canciones sentimentales compuestas por medios exclusivamente mecánicos.

Que la Humanidad sólo podía escoger entre la libertad y la felicidad, y para la gran masa de la Humanidad era preferible la felicidad.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

de talentosas poetas, y no tanto.



Será que estoy bastante educado –iba a escribir influenciado pero creo más propicia esta palabra– por la Comunidad Ultraversal en la que tuve el enorme placer de leer extraordinaria poesía y de aprender algunas cosas sobre ella: la poesía. 

Será que me rodee de tantos poetas y escritores que mi percepción lectora se educó y se acostumbró a degustar poesía (por ahí he leído que no existe la mala poesía, sólo la poesía), o que me he vuelto una especie de mamón de las letras, pero me causa bastante desazón ver por la red regado demasiado material de Alejandra Pizarnik; que la verdad, al leerla, sus versos me parecen versitos demasiado insulsos y sin sustancia. No todos sus versos ni en la misma proporción pero sí me deja un mucho de escepticismo que se le alaben cualidades poéticas a versos que me parecen demasiado ordinarios.

Sé que los conocimientos que puedo tener como relativamente reciente lector de poesía son escasos, pero cuando comparo esos versos con lo que escribe Morgana de Palacios se me quedan más chiquitos todavía.

Aunque si lo reflexiono un poco es irremediablemente lógico que los versos de Pizarnik estén desperdigados por todo el internet, están demasiado cercanos a la, llamémosla, "poesía de facebook", que espero ya haya quedado claro que no es poesía en lo absoluto. Creo también que nos hace falta una palabra que englobe esos torpes versos, que son una rama bastante fructífera del hamparte.

Juzguen ustedes:

Insania

si me curo de ti
si un día me descubro en el espejo
sin las turbias ojeras que proclaman tu nombre

si al escuchar tu voz no se negaran
el resto de sentidos a sentir
y al mirarme en tus códigos 
no saltaran esquirlas de las letras de vidrio
a arañarme los ojos 
ni insólitas espinas de carey
a encresparme de rabia el pensamiento

si me curo de ti
un día extraño
en que tu marabunta se silencie
y algún dios compasivo se olvide de mi rostro
y me perdone, por despiste, el alma
hastiado de poesía

será que toqué el fondo de todos los impulsos
y entré en la mejoría que precede a la muerte
amnésica de vida

si me curo de ti y de tu pálpito
se me habrán suicidado los futuros

Quién me salva de mí

Quién me salva de mí.

Quién toma mi silencio de la mano
y me lleva a la cumbre de los solos
para esperar conmigo en la desesperanza.

Quién calla porque entiende
el corazón secreto de la melancolía
y aletea en mis pechos
como un enjambre místico de insectos alienados
por el aroma a histeria que desprenden.

Quién frena la impaciencia
y asume, pecador, que sigo viva,
sin conocerme aún lo suficiente
ni intuir lo escondido en mi memoria de aire.

Quién pone el cascabel al gato de un futuro
que no quiere avisar de su llegada
por violarme así, desprevenida
de todos los sigilos.

Quién oye mi Babel
sin temer a su amnésico cuchillo
y suelta su neblí sobre la noche
sólo para mis ojos.

Quién me salva de mí

Mortuus

Yo fui la frágil musa de un poeta maldito
de ojos oscuros, ciegos, de un brillo de fusiles:
un diluvio de gestos y palabras hostiles,
aguacero de junio salvaje y fortuito.

Fuí la exacta medida de su verbo proscrito,
Eutherpe aquilatada por mil letras prensiles
y entre lagos de cieno y amenazas sutiles
me creó y me deshizo, más allá de lo escrito.

Yo, liberta de mí, miro su prisionero,
colgado de la soga del verso traicionero
que le clavé un mal día con un puñal de sombra.

Péndulo en su latir de escala planetaria,
en acero mutó mi boca temeraria
y ya sólo es poeta, si mi boca le nombra.

http://ultraversalia.blogspot.com
y de mi nombre.


viernes, 23 de noviembre de 2018

esos Locos bajitos



A menudo los hijos se nos parecen y así nos dan la primera satisfacción... Y la verdad es que es realmente satisfactorio que todo el mundo diga que tu hijo se parece a ti; pura vanidad, qué hacemos. Independientemente de que así te evitas un poco esas bromas de mal gusto sobre el verdadero padre del chamaco, y en tu familia están infinitamente satisfechos de que la creatura se parezca a esta parte de la familia y no a aquella.

Le comentaba a Gil hace no mucho, que su herencia es debida a la genética paterna, aunque pudiera ser por aquello de que lo malo es lo que más fácil se reproduce y no porque esos genes machotes sean más fuertes o tramposos, si es que ese fuera el caso. Tanto su madre como yo nos parecemos a nuestros padres, y él, siguiendo esa pequeña tradición también se parece a mí. Aunque decir que se parece es poco, le escuché alguna vez a su madre decir con bastante más pesar que gracia, que ese niño era un clon mío. Ya qué: genes malos, genes fuertes.

Y como también dice aquel otro amigo en otra canción menos conocida: heredamos complejos, iglesia y equipo de futbol, y de futbol americano también, y eso es lindo porque nos podemos juntar a vitorear o sufrir con nuestros Washington Redskins o nuestros Diablos del Toluca. Entonces se podrán imaginar que el ya no tan pequeño Gil es fan de Juan Gabriel, José José y Ricardo Arjona, y un pequeño ateo demasiado devoto para su edad; y un ateo real en realidad porque no está bautizado.

Y bueno, me encanta esta canción por razones más que obvias, pero porque también es muy clara en que hay tantas maneras para joderle la vida a un inocente niño, como con nuestros –tan arraigados– rencores y frustraciones; y muchas otras cosas más.

martes, 20 de noviembre de 2018

la mujer de la cábala



...la cábala te dice muchas cosas sobre ti con una precisión muy grande...

Llevo varios minutos platicando sobre cábala, terapias psicoanalíticas y autoconocimiento; hablando desde mis entrañas y escuchando a esta mujer con atención, diciéndole algunas cosas que no le he dicho a nadie. Hablándole con demasiada sinceridad a una bella mujer que acabo de conocer, con la que me siento tan a gusto; con una copa en mi mano y la otra mano muy bien acompañada de su atractivo muslo.

La verdad es que no era difícil elegir entre ella y la chica que la acompañaba, una preciosidad de menos de veinte años, con extraordinarias piernas y lindísimo rostro. Soy igual a todos, si tengo que elegir elijo a la más bella. Porque mi reciente confidente es muy atractiva, pero ya se han juntado demasiados ayeres no tan felices debajo de sus ojos, que le acentúan la tristeza natural de su mirada. La triada entre sus nalgas, caderas y piernas me atraen demasiado, a pesar de las imperfecciones de la edad que muestra la desnudez de su piel donde quisiera posar mis manos, y luego mi boca. Morderla sin consecuencias.

No he sido yo quien eligió a la madura sobre la extravagante joven, han sido las circunstancias. Seré ordinario pero no soy un grosero, y mientras dialogaba sobre nada particular con la mayor, la joven de la inocente mirada se ha marchado, llamada por alguien más. Pocos minutos después me doy cuenta de lo afortunado que he sido de compartir una copa y la charla más sustanciosa en mucho tiempo con esta todavía bellísima mujer, quien luego me dejó boquiabierto al menear deliciosamente ese abundante trasero sobre el escenario. Nada que ver con los torpes aunque entusiastas movimientos de su pequeña discípula.

La única copa que pude comprarle se terminó demasiado pronto pero estoy satisfecho y contento, en este lugar de humo, alcohol y culos al aire bamboleándose entre los pasillos o sobre el escenario. Mi vanidad me hace sonreír. Me bastó una copa para que este mujerón me diera su número de celular. Y aunque no esté buscando una relación ni me atraiga en la absoluto enredarme con una mujer de la noche una parte muy insistente de mí sonríe al pensar que podría terminar una noche entre las sábanas de la hermosa mujer de la cábala. Qué hacemos, sólo soy un hombre común.

martes, 13 de noviembre de 2018

el que espera II

A pesar de que el mundo se nos ha vuelto una colección de inmediateces, donde parece que nadie está dispuesto a esperar por nada, acá en mi tierra la gente sigue siendo impuntual por convicción, y sí, no nos queda otra opción que esperarlos.

Ni la inmediatez del streaming en banda ancha, del skipe o de una conversacion whatsapp intercontinetal han podido contagiar al mexicano impuntual que sigue llegando tarde a todos lados, y lo peor de todo (peor para los puntuales), que se molesta en extremo si se le reclama la hora a la que ha llegado: "Ya no hagas dramas, ya estoy aquí". Bueno, ya dijo alguien que la mejor defensa es el ataque, así que el pedido por la extinción de los dramas puede venir antes que el reclamo del que tuvo que esperar.

De nada sirve que se haya repetido veinte veces que el camión partía a las 9:30 en punto estuviera quien estuviera. Diez minutos antes de las 10 nos mirarán de forma bastante desagradable cuando pidamos que ya parta el autobús: "Ya casi llegan, me acaban de avisar". "Aaaay, no seas así, ni modo que nos vayamos sin él", y más pendejadas por el estilo.

Luego esos mismos impuntuales no pueden creer que no hayan alcanzado el tour o el tren al haber llegado "únicamente" dos minutos después de la hora señalada, aunque hubiera imbéciles que llegaron treinta minutos antes, de los que no se enteraron debido a su habitual tardanza. "Qué mala onda no nos esperaron".

Más que irónica me parece tonta esa actitud de impaciencia frente a la tecnología mientras quieres que te sigan esperando, porque, pues, así eres. Y no vas a cambiar.


jueves, 8 de noviembre de 2018

Una rapsodia bohemia



La verdad es que me gustó mucho la película sobre esta parte de la vida de Freddy Mercury, la disfruté bastante. Creo que al menos la mitad de la película tuve mis pies inquietos siguiendo el ritmo de la música o del bajo del señor Deacon. Me abstuve de cantar, más por lo molesto que a mí me resultaría que alguien más lo hiciera que por otra cosa, como vergüenza; salvo al final, cuando llega Don´t stop me now (mi favorita de Queen) y ya ha terminado la película.

Luego, más tarde, me entero de que hay una especie de consternaciónmundialhipsterhistérica que está inconforme con lo que consideran una tapadera sobre la peculiar vida sexual del señor Mercury, por no decir extremadamente promiscua. Algo que no es noticia para nadie que sepa un poco sobre el fantástico (a mí me lo parece) grupo británico. 

Me considero todo lo opuesto a mojigato y no veo por ningún lado censura o rubor para decir que mister Freddy era un homosexual sin tabúes. 

No sé si esperaban verlo en cuatro patas mientras lo penetraban entre ocho tipos o algún tipo de eyaculación múltiple. La verdad no sé qué querían ver. No sé si el gore ha superado al buen gusto y a la sutileza o si soy yo, que me he vuelto un conservador de closet (haciendo referencia a los closets). No sé si es sólo esa necesidad o necedad de estar en contra de todo y de señalar que nada es como debiera ser; que a todo le ha faltado algo.

No sé. Pero creo que un intercambio de miradas llenas de deseo sexual fuera de un baño público me dice todo lo que ahí dentro pudo haber pasado. O que me puedo imaginar la clase de depravación que se vivió en una mansión llena de botellas, de restos de cocaína y de homosexuales.

No sé si me he suavizado, pero a mí me encantó.

“somos cuatro inadaptados sin nada en común, que tocan para otros inadaptados, para los marginados al fondo del salón, que saben que no pertenecen a ese lugar, pero nosotros les pertenecemos a ellos”.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Recuerdos imborrables

Quizá la primer película que me impactó, que me habrá hecho abrir los ojos de más en más de una ocasión fue Excalibur. Yo tendría unos ocho años cuando fuimos con mis padres al videoclub que formaba parte de la Comercial Mexicana (un supermercado ya desaparecido); cuando la efervescencia de los videoclubs nos maravillaban: tantas opciones a la mano para escoger la preferida. Luego ya no hubo que ir tan lejos por una película, en el pueblo se instalaron varios locales de renta de videos Beta y VHS. 

Me estoy desviando del lugar al que quiero llegar con estas letras entusiastas pero es que he destapado una feliz cloaca cerebral que me ha inundado de recuerdos la mente. Qué días aquellos. 

Imagino que tendríamos algún tipo de entusiasmo por los caballeros medievales y quizá la mesa redonda, las justas a caballo y las batallas con héroes fantásticos cuando entre los pasillos de aquel mágico lugar encontramos esa película de la mítica espada y el legendario rey. No recuerdo nada de ello pero sí que la rentamos ahí.

Pasó que ese fin de semana de la renta de Excalibur mis padres asistirían a una fiesta en la tarde. Si yo tenía ocho mi hermana tenía diez, así que no había problema en dejarnos a los tres solos en casa con el refri con comida y la película dispuesta.

Y llegó el primer impacto. Cuando el padre de Arturo mediante magia se hace pasar por otro hombre para tener sexo con la mujer que deseaba, y tras esa jugarreta nacería Arturo, el heredero de la espada. Fue la primera escena de sexo que vi, y de hecho la primera vez que estuve en contacto con el coito. Porque la escena no es nada sutil. Como casi todo niño de esa edad sabía que una mujer y un hombre debían tener un encuentro sexual para procrear pero no sabía nada de la forma en que se hacía aquello.

Esa es una película bastante larga, tediosa en la madurez de Arturo y su búsqueda del Santo grial, por supuesto que no apta para niños, pero su fin había sido encontrar algo que pudiéramos ver mientras mis padres iban a su compromiso. 

Pero la gran sorpresa del filme no fue ese primer encuentro sexual como algunos lectores ya pensarían. Lo que me movió el alma durante la proyección fue estar en contacto por vez primera con Carmina Burana de la que conocí el nombre hasta muchos años después. Escuchar esa portentosa obra fue un verdadero shock, un encuentro que removió todas mis fibras sensibles, o algo así. 

Y es que música e imágenes hacen una maravillosa mancuerna. Será quizá una de las razones por las que amo el cine.

Me hubiera gustado ver la reacción de mi madre cuando vio aquella escena sexual y de inmediato pensó en sus hijitos, jajajaja. Debió ser divertido.


domingo, 28 de octubre de 2018

¿Fahrenheit 451?

Tiene pocas semanas que leí Fahrenheit 451, el libro más famoso de Ray Bradbury. Pese a ser una obra breve creo que es una obra muy poderosa, demasiado vigente el día de hoy y en las décadas por llegar. 

Pienso que en el estado actual en que se encuentra el libro como producto dentro de la sociedad, los grandes libros quedarán sepultados por un montón de basura consumida como golosinas (libros de yutubers y pendejos con un mínimo de fama –que no talento–, las novedades inacabables de la autoayuda, y millones y millones de libros autopublicados o distribuidos por wattpad, sin el menor rigor editorial). Porque si alguien se quiere expresar lo puede hacer de la manera que se le venga en gana, y supuestamente nadie tiene derecho a decirle que lo que ha escrito o creado es una mierda, porque lo único importante es la expresión y manifestación de sus sentimientos. Esa parece ser la realidad.

Pero ya me he vuelto a ir por otro lado. 

La razón por la que cree esta nueva entrada del blog fue para desahogarme sobre lo absolutamente espeluznante que es la versión que de la novela de Bradbury ha hecho recientemente HBO. 

He dicho más de una vez que no hay manera de comparar un producto fílmico con un libro pero esa porquería de película poco tiene que ver con el mítico libro del señor Ray. 

Para empezar dos de los cinco personajes principales son suprimidos, completamente borrados. Mister Montag, quien en esta basura es un jovencillo caguengue, es soltero. Junto a su esposa Mildred, Faber, el antiguo profesor universitario, tampoco figura en esta efectista y hueca película. Aquel terrorífico sabueso con patas de araña también fue borrado obscenamente. 

Qué hacemos. Una película hueca para una sociedad hueca. Pero me sorprendió de HBO.


sábado, 27 de octubre de 2018

Pasiones de octubre

El partido de ayer de la Serie Mundial duró más de siete horas. ¡Qué! Dirán todos con demasiada razón. Estuviste siete horas aplastado viendo un partido de aburridísimo beisbol. Sí, lo hice. Igual que otros millones de personas en el continente americano. Pero el partido no tuvo nada de aburrido. Fue fantástico. Lo malo es que la emoción me duró en el cuerpo más de lo deseado y aunque eran casi las 3 am me tardé más de media hora en poderme dormir.

Buehler lanzó siete entradas con sólo dos hits y sin bases por bolas pero Bradley Jr se la voló a Jansen y empató el partido. En la entrada 13 (con cuatro entradas extra) Bostón anotó luego de errores ridículos de Dodgers pero al cerrar la entrada Dodgers anotó de la misma manera. Y así hasta la estrada 18. Un homerun de Muncy y ahora sí, todos a dormir, o a irse a sus casas, porque el estadio seguía casi lleno.

Qué hacemos, es uno de los pequeños grandes placeres de mi vida. Pero este beisbol que se juega en estos días de calentamiento global es muy distinto del que veía con mi padre y mi hermano hace treinta años, cuando decidí apoyar a los Oakland Athletics.

Parece que ahora está prohibido tocar la pelota; ni siquiera si hay tres jugadores entre primera y segunda y nadie cubriendo la tercera base; no hablemos de querer avanzar al corredor sin outs.

La Sabermetría es la nueva religión del rey de los deportes. Hay ahora un montón de estadísticas nuevas que desconozco, formaciones especiales a la defensiva y ningún secreto para ningún jugador.

Pero hay más justicia. Los llamados de los ampayers están bajo escrutinio y las malas decisiones se cambian, excepto en el conteo de bolas y strikes, donde se sigue dependiendo de la a veces miope y desigual evaluación de los árbitros. Los pitchers sólo reclaman cuando les conviene, nunca he visto que protesten por un strike a 15 centímetros del home.

Con todo, sigue siendo el rey. Y lo será por muchos años.


martes, 23 de octubre de 2018

De las soledades


     Hay una enorme diferencia entre el comportamiento virtual de hombres y mujeres solos. A pesar de la farsa que se representa, los alardes de la mujer sobre su capacidad para vivir sin un hombre tienen mucho de verdad. Sí quieren encontrar un hombre sin mucho de príncipe ni de caballero pero que tampoco sea despreciablemente vulgar u obsceno. Lo buscan, incluso. La chica que se jacta de no necesitar un hombre para ser feliz es la que lo anhela; la feliz sólo es feliz, no necesita teatros. Algunas se aferran todavía al encuentro cósmico con un hombre fiel: no puede ser que todos los hombres sean iguales. Otras más experimentadas o quizá con hermanos o un padre promiscuo, saben que ese hombre no existe, pero que existe la discreción y el respeto por quien duerme contigo y soporta toda tu mierda; de quien te prepara ese té cura diarreas. Desde una discreta mirada a la despampanante rubia que se les cruza en la plaza hasta la aventura con la caderona compañera del trabajo; tristemente las tentaciones sólo se quitan cediendo a ellas y la fuerza de voluntad sólo se le vende en libros a ignorantes y necesitados. Pero, que ponga cuidado en que no te enteres, se aprecia. Que cuide que su traición no se convierta en cruel chisme ni arma rastrera en el hormonal pleito con la cuñada, se valora. Qué triste es darte cuenta que eras la única que no sabía, que todos murmuraban quién sabe cuántas cosas a tus espaldas; qué jodidamente triste saber que quien dijo amarte ha dado motivo para que los más imaginativos puedan inventar morbosas historias para tener un poquito de atención. Y herirte de paso.
     Tantos años de doctrina machista heredada es difícil de combatir, seguro imposible de extirpar. Su metástasis tiene copados muchos niveles del pensamiento, es dueña de fantasías y prejuicios, fue alimentada devotamente en dosis constantes. Cuántas muñecas como ensayo de la anhelada maternidad se alimentaron y se les llevó a la escuelita, cuántos corazones fueron dibujados en cientos de libretas y libros y cuanta hoja de papel apareciera. Cuántas formas tan distintas de cocinar al alma gemela se han tragado gustosas, saboreadas, paladeadas y eructadas. Cuántas veces te has soñado sin cerrar los ojos en el altar junto al hombre de tu vida, viendo claro como responde sí con lágrimas en los ojos frente a toda tu familia; puedes incluso ver el orgullo y la felicidad en el rostro de tus padres.
     Si hablamos con sinceridad, todas esas mujeres independientes que presumen las virtudes de su soltería y lo realizadas que se sienten en ese supuesto estado de libertad absoluta, sí quisieran una pareja que las acompañara a devolverle una sonrisa a la vida, un hombre al cual amar y que las ame, que las acepte y las mime de vez en cuando. ¿Quién no querría algo así? También con sinceridad hay que decir que sí pueden ser felices solas. Incluso muchas lo son, aunque sea de a ratos, que ya es bastante. Sin un cavernícola encima que se crea su dueño, y el amo y señor de sus decisiones. Como a veces pareciera que casi todos son.
     El ejemplo está en los viejos viudos. En cómo afrontan la vida una mujer y un hombre de más de cincuenta que se han quedado solos de repente. De cuarenta y tantos incluso. A pesar de la consigna del dolor que no se cansa ni se va y que parece acumularse más que el polvo, una mujer sigue su vida, tratando de acostumbrarse a la terrible ausencia del amado, del compañero, del cómplice. No necesitaba a nadie pero tuvo la suerte de vivir con él 20, 30 o 40 años. Y lloraron juntos y se rieron juntos. Y una vida amable le evitó a él tener que afrontar su inutilidad sin su dedicada compañera, sin la que le daba todo a cambio de casi nada, porque así aprendió y porque era su gusto. Será por eso que las mujeres en promedio viven más que los hombres. Para poder ser esa madre nunca prescindible.
     Pero, cuántos viejos quieren reemplazar a esa especial mujer que supo soportar todas sus manías y deficiencias con otra mujer. Lo más pronto posible. Con una mujer joven –mucho más joven que ellos– los más ingenuos. Cuántos pueden apreciar por fin lo inabarcable de su inutilidad sumado a la tristeza por su “vieja”, su “gorda”, su amor; sin la que les daba tanto a cambio de tan poco. Quien les dio hijos y los educó. Qué vale un hombre sin la compañera que la vida le obsequió. ¿Cuántos hombres viudos solos conoces que consideres relativamente felices?
     Recuerdo al vecino de la casa azul casi en la esquina. Tenía su esposa y su amante, una amante ya de bastantes años. Desconozco si la esposa habrá sabido de la doble vida amorosa de su señor. Muere la esposa y tras un pequeñísimo luto llega a vivir con él la antes prohibida mujer. Pero la vida conyugal a esta le duró menos que la obligada congoja a él, y quizá ella ni siquiera haya terminado de desempacar todas sus cosas antes de salir de allí, despavorida. “Que lo aguante su madre” habrá dicho al salir la ilusa mujer. Cómo va a ser igual tenerlo de a ratitos y de buenas que verlo diario y con todas sus caras. Las caras malas se multiplican y las buenas con el tiempo se resisten a salir, y una sonrisa llena de arrugas pierde esa magia que dicen que tiene, una sonrisa fingida queda descubierta tras la inexacta máscara. El hombre que creyó a esa mujer segura incluso dejó de aguantarse los pedos y a molestarse por el mal olor dejado en el baño; toda esa peste sumada al constante tufillo de la diaria convivencia resulta insufrible.