martes, 28 de julio de 2015

De una tal Malena...


“El tiempo ha pasado y ha pasado mi vida banalmente. He conocido a tantas mujeres y siempre me han dicho: “acuérdate de mí”; pero siempre las he olvidado. Aún hoy, es ella a la única que no he olvidado: Malena”



Volví a ver Malena ayer. Tenía bastantes años que no lo hacía. Aún recuerdo cuando la fui a ver al cine con mis amigos, hace casi quince años. La disfruté mucho (una vez más), es una de las películas que más me gusta. Paladear nuevamente esos geniales planos y movimientos de cámara amalgamados con el score de Ennio (el que a mí más me gusta, el que a veces escucho mientras escribo), y lo mejor: la señora Scordia.

Malena es una de esas películas para hombres (no conozco casi a ninguna mujer que haya dicho que le gusta o que es de su predilección), es una radiografía del convertirse en hombre, sobre todo sexualmente hablando. Me pregunto si habrá alguien que no recuerde su primera erección –quién la habrá conocido de la forma majestuosa en que lo hace Renato, contemplando semejante mujerón–. Esas sesiones interminables de rechinidos vergonzosos con sus perfectas fantasías. Esa súbita pérdida de la inocencia.

Creo que en Malena está expuesta nuestra condición humana, expresada sin pudor toda nuestra mezquindad, eso de lo que nos avergonzamos –que dista mucho de las vergüenzas pajeras; no nos deberían hacer sentir vergüenza por ellas, son lo más natural–. La envidia y el chisme, el aprovechamiento del desvalido, el silencio ante la injusticia, entre otras más.

La volví a disfrutar. La volví a sufrir. Me volví a enamorar.
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