viernes, 23 de agosto de 2013

de tu arte a mi arte...


“De tu arte a mi arte, prefiero mi arte”.
Refrán popular alburero.


Decía Ulises Guzmán –supongo que lo seguirá diciendo- que los críticos son las únicas personas que se masturban con miembro ajeno.

La columna final de Antón Ego en Ratatouille (para mí una obra de arte), es una radiografía extraordinaria de la labor del crítico, la mayoría de las veces despectiva y pesimista; producto de la increíble mente de Brad Bird.

Lee uno en ocasiones que tal película dividió a la crítica: recibió por igual aplausos de pie, que abucheos sonoros. Cómo es eso. Cómo puede ser posible que una misma obra provoque sentimientos tan dispares sobre ella, en gente que se supone son “expertos”. A quién le creo, al que aplaudió parado –tal vez sólo para darse a notar- o al que abucheó con todas sus fuerzas. ¿De cuál me fío?

Es “peligroso” –qué exagerado- escuchar y tomar en cuenta recomendaciones de películas, de cualquier hijo de vecino; sobre todo de aquellos que se sienten “expertos” y hablan por ejemplo, de que “la fotografía fue excelente”, sin tener una idea de lo que esto es. A veces llegas a ver “cosas horribles” que alguien te recomendó como una buena película. O a la inversa, no ves una gran película que no fue del agrado de alguien más.

Pero volviendo al tema. Quién determina qué es arte y qué no lo es. Quiénes son “artistas”. Será que, el hecho de que un imbécil sin criterio haya estudiado historia del arte en una universidad cara, le da el derecho de decidir si esto o aquello tiene valor artístico. Porque en su momento Van Gogh fue un desubicado, sin ningún mérito en su trabajo. Ningún “experto” vio lo que después todos veían, lo que ahora todos vemos. Si es que lo vemos.

Por otro lado, creo que el asunto también se circunscribe al lenguaje. Porque si yo tengo como pasatiempo pintar, no por eso soy un “pintor”. Aunque eso hago, pinto. De igual manera, si yo escribo, -lo que quiero, como puedo, a veces sin saber si uso correctamente los signos de puntuación o si sé poner acentos- no por eso puedo denominarme “escritor”, pero eso hago, escribo. Entonces, nuestro lenguaje resulta limitado, para nombrar a cada quien de diferente manera. Para diferenciar al pintor artista, del pintor aficionado. Al que escribe porque quiere, del “escritor”.

De igual forma con la palabra “artista” - en estos tiempos, súper extensa y ambigua-. Es una de esas palabras que a veces ponemos muy caras, y en ocasiones abaratamos demasiado. Porque resulta, que para mi familia: para mis padres, tíos, abuelos, etc. , tal vez yo era -o soy- un artista, porque iba a mis clases de pintura y pintaba mis paisajes y bodegones copiados. Para otros, probablemente me convertí en artista, hasta que empecé a crear cuadros míos, cuadros propios. Para conocedores o expertos en el área, tal vez tampoco podía ser un artista, o tal vez si, no lo sé.

Dicen que el arte es transgresor. Que es innovador. Que va donde no se ha ido antes. También dicen que en estos tiempos cualquier mierda es arte, y a veces parece que sí. Porque tampoco se puede transgredir por transgredir, o ponerte a aventar pintura porque se ve “padre”.

En Noviembre –película para mí entrañable -, Achero Mañas juega un poco con estos asegunes artísticos. La idea de hacer algo “totalmente original”, con valor artístico, algo revolucionario: el arte gratuito, porque de otra manera es una forma de prostitución, porque el artista crea por el placer de crear y no por la retribución económica; o la búsqueda constante de originalidad, porque de otra manera te estás repitiendo. Son dos premisas más que complicadas.

Conocí un grupo de malabaristas callejeros totalmente obsesionados con esta película, que buscaron emular lo ahí mostrado. No sé si sabiendo que al hacerlo, iban contra el espíritu del filme, a mi parecer. Yo decía que se quedaron en el viaje de Noviembre.

Pero bueno, la cosa es que no va uno a estar pensando si su trabajo cubre los requisitos para ser arte o para ser bueno. Si uno tiene las cualidades necesarias o la disciplina requerida para ser un “artista”. Uno hace, lo que le da la gana hacer con las cualidades o el talento que tiene. Y claro, también te encuentras gente mediocre, que se creen los grandes artistas, que creen que rebosan de originalidad. Pero bueno, dicen que hay de todo en la viña del señor.

Mientras tanto, yo me quedo con este popular refrán acá en mi tierra: De tu arte a mi arte, prefiero mi arte.