lunes, 5 de agosto de 2013

ser tú mismo...


Sé tú mismo, e intenta ser feliz; pero sobre todo, sé tú mismo”.
Charles Chaplin.

Para Viole, Chucho, Checo y Bere.


Dice Silvio en “Esta canción”: yo sé que hay gente que me quiere, yo sé que hay gente que no me quiere. Creo que en algún momento de nuestra vida nos damos cuenta de que así son las cosas. De que sin importar si somos familia, incluso cercana, hay gente que no nos quiere. O al menos eso sentimos. 

Yo, si soy sincero, tengo bastantes familiares por los que no siento cariño alguno. Y no me pesa decirlo. Sé que no es políticamente correcto, pero así es. Estoy totalmente convencido de que el cariño no se hereda, se gana. Si creo sin embargo, que exista un cierto cariño innato, pero si este no se nutre, muere, o en otro caso, se debilita al máximo. Por ejemplo, los hermanos de mis padres me quisieron en un principio por ser su sobrino, por ser parte de “su sangre”. Pero si eres un “hijo de la chingada”, ese cariño no puede permanecer inalterable. Se transforma. Muta. De modo que a lo largo del tiempo, puedes convertirte en el consentido, o en el indeseable. Aunque también puedes ser un equis, uno más entre todos los demás.

Alguna vez dijo un buen amigo, que “los amigos son la familia que tú escoges”. Estoy de acuerdo con ello, pero también creo que hay una buena dosis de azar, de destino. El destino que nos puso en el grupo 7, del turno matutino, de la prepa 3, de la generación 95-98 (hace ya 15 años que terminamos la prepa). Ya después, si existe este acuerdo mutuo no hablado, de querer convivir y vivir junto a estos individuos que están dispuestos a quererte como eres, es otra cosa. Una cosa extraordinaria. También leí en otra ocasión, que “un amigo es alguien que te quiere a pesar de conocerte”. No hay más que decir.

La frase que cito de Chaplin, sin exagerar, te exige que “seas tú mismo”. Lo que supongo que significa que “seas como eres”. Que no temas ser quien eres por incomodar a la bendita sociedad. Que pienses lo que piensas, porque es lo que tu perverso raciocinio te dice que es correcto, aunque los demás no lo piensen así.  Que aun si eres un desadaptado, te sientas libre en tu actuar.

Esto en teoría es bastante lindo. Se oye bien. La bronca está, cuando te das cuenta que preferirían que no fueras como eres. Que esperan que cambies. Que desean que seas diferente, por tu propio bien; y el de ellos obviamente. Que sí eres simpático y agradable, pero sería mucho mejor, muchísimo mejor, si cambiaras ciertas cosas.

Y es que esto del “ser tú mismo”, es uno de los grandes clichés. Un cliché entre los clichés. Una de esas grandes frases hechas, hechas para ¿hacerte sentir bien?, ¿para darte ánimo? ¿para quedar bien? Realmente no creo que la gente piensa en lo que implica decir esto. No creo que compren lo que están vendiendo. Es una de tantas frases buenas que se vuelven huecas al repetirse sin sentido una y otra vez.

Y entonces valoras más a todas esas personas que te quieren tal cual eres. Que dibujan una nítida sonrisa sincera en su rostro el día que los encuentras en la calle. Que a pesar de saber cómo eres y cómo piensas parecen sentirse orgullosas de ser tus amigos o tus parientes. Y que incluso te lo dicen, a veces con lágrimas en los ojos, pero no hacía falta porque tú ya lo sabías.

Y entonces, te das cuenta de que vale la pena intentar ser feliz, aun siendo quien eres.