lunes, 25 de agosto de 2014

Me gusta cantar.



Me gusta cantar. Lo disfruto mucho. Creo que es otro de los pequeños grandes placeres de mi vida. Disfrutar de una canción que te gusta y apropiártela por un momento, sin que nada más importe: si ésta no te va, o no eres afinado, si no conoces toda la letra. Nada importa, mas que disfrutarlo.

No recuerdo cómo, pero desde niño me gusta hacerlo. Cuando éramos pequeños y hacíamos viajes por carretera, me acuerdo que mis hermanos y yo íbamos cantando canciones de Cricrí. Una tras otra, desfilaron La Patita fea, El Ratón vaquero o La Merienda.

Recuerdo que mi padre nos pidió que nos aprendiéramos “Amigo” de Roberto Carlos, tendríamos 6 o 7 años; incluso anotó la letra en una hoja, para que la pudiéramos leer. Y creo que pasó lo mismo con “Al derecho y al revés”, con Pedro Infante (Si te crees que tú me gustas porque te miro a la cara, muchos que van a la feria, miran y no compran nada). Son recuerdos algo borrosos, pero la cosa es que en alguna reunión familiar, en casa de mi abuelo Chucho, nos pidieron cantar y lo hicimos, para regocijo de los asistentes. No nos daba pena, al menos no a mí. Recuerdo a mi abuelo Chucho divertido viéndonos cantar.

Pienso que cantar es algo que a todos nos gusta, pero que a la mayoría le da pena hacerlo en público, incluso si ese público no es mas que familia cercana. Así que recurren a la falsa excusa de: “No me sé ninguna canción”, pero desde su lugar, cantan las canciones que les gustan. Pienso también, que todos estamos capacitados para poder cantar decentemente. Sólo es cuestión de práctica. Ahí están de muestra todos los actores que han cantado recientemente en cintas musicales.

Es obvio que he cantado en la regadera, mucho. Canto cuando voy en el coche manejando. Canto en las fiestas, mis canciones, con y sin alcohol de por medio, en realidad no lo necesito, aunque la voz, como otras partes del cuerpo, funcionan mejor cuando existe lubricación. Y por supuesto que canto si hay un Karaoke, como que me invita a hacerlo.

Le canto a Gil desde que era bebé (mi adorado Cricrí, las canciones de las películas de Disney, y hasta a José José). He cantado con él desde que es capaz de hacerlo. Cuando venimos de la escuela, escuchando algún disco. Ahora incluso lo hemos hecho con público: “Me vale, vale, vale, me vale todo”. La sensación de la fiesta, jajajaja.

Y bueno, si se cumpliera el adagio que pregona la canción, algún día me quedaré sin voz: “Al que toma y al que canta se le pudre la garganta”, pero valdrá la pena la pérdida si llegara a ocurrir.