lunes, 13 de noviembre de 2017

Divagues en torno a las canciones tristes



Hey Jude,
 don't make it bad, 
take a sad song and make it better… Me gustan las canciones tristes, demasiado. Será porque hacen juego con mis ojos tristones. No sé, pero las prefiero sobre otro tipo de canciones. Quizá es por mi vocación masoquista, por ese saborear el dolor que narra El triste. Será el sereno, pero eso me ha gustado podría decir que desde siempre. De hecho creo que es precisamente El triste mi primer canción predilecta, aunque entonces estaba tan lejos de experimentar esa dulce tristeza en carne propia.

No creo que una buena canción triste pueda ser mejor, refiriéndome al verso de Hey Jude. Pero sí podría serlo al ser más triste, más desgarradora. Puede encontrar una interpretación que la dote de ciertas características que la vuelvan mejor, aunque quizá sea sólo el deslumbre por la novedosa voz; un timbre adecuado para digerir más dentro la cantada desolación.

¿Por qué es tan popular José Alfredo Jiménez o Juan Gabriel o las interpretaciones de José José? ¿Por qué alcanzó tal fama Adele? No hablan de felicidad ni buenos deseos ni de los buenos pensamientos que se supone deben regir nuestra vida, ya que lo que pensamos es atraído hacia nosotros con un imán infalible. Tratan sobre el estar tirado revolcándote en tu dolor, rolling in the deep, del respirar por la herida tontamente taponada con cualquier cosa. Porque como dice Sabina no hay buenas canciones de amor felices, y ¿sobre qué otra cosa podría cantarse?

Por eso no soporto a mi José Alfredo cantado por esa tropa de tipludas de moda (Lafourcade y anexas), José Alfredo descafeinado le llamo, y José Alfredo no puede ser así, sería como un trago sin alcohol: ¿somos hombres (lo que sea que eso signifique) o payasos? Chavela Vargas opaca a todas esas escuinclas nalgas miadas (siento que así las llamaría ella, jajaja) y le regresa lo triste a la tristeza de esas canciones, himnos algunos.

O José Alfredo interpretado por Luis Miguel, ¿de qué putas se trata esto?