viernes, 8 de marzo de 2019

entre mentiras y costillas


Me asombra ver que para mucha más gente de la que hubiera pensando, la investigación de Darwin sobre nuestro origen no es otra cosa que un descabellado cuento de un blasfemo lleno de imaginación. Y ocioso, porque a nadie más que a un ocioso se le podría ocurrir estupidez de ese tamaño. No es esta una historia que debiera repetirse para adquirir el traje de la verdad, no, es simplemente el resultado de una investigación de no sé cuántos años y el valor extraordinario para desafiar la mentira repetida mil veces y las idiotas mentes que la albergaban, que la albergan, que la albergarán. Ya se ve.

Millones siguen creyendo que nuestro origen lo debemos a la maleabilidad del barro y a la bondad extraordinaria de un padre justo y sabio, ¿y bueno?, se supone que también, aunque el libro de historias en que de él se habla lo pinta en bastantes ocasiones como un desalmado hijodeputa digno héroe de un filme gore. Un hombre (varón) hecho de barro a viva imagen de su creador (en exceso vanidoso este dios nuestro), y que, una vez formado y horneado, de una costilla suya la elaboración todavía más extraordinaria de una mujer: la compañera necesaria.

Pero, qué no los hechos dicen en todas las circuntancias que el asunto es al revés: la mujer da la vida. O, este Adán, que así es como se nombró a la creación, lloriqueó tanto y de forma tan obsena que, este dios vanidoso descubrió también su misoginia, y, una vez creada la compañera del dolorido hombrecito, decidió que era mejor que todo el asunto de crear vida recayera en la nueva creatura, a la que por alguna razón se nombró Eva.

Lo que Darwin contó es menos elaborado, pero desde mi pequeña opinión, también, más creíble. La consecuencia natural de la evolución de seres que se adaptan a las circunstancias que enfrentan. Un simio al que el progreso fue transformando hasta que lo dejó en lo que se nombró homosapiens. Aun así, millones (como ya había dicho) prefieren la historia del barro (sin misoginia incluida) que la de la evolución de las especies (con cráneos incluídos). 


5 comentarios:

  1. Me asombra que en pleno siglo XXI haya un rebrote de lo que se ha dado en llamar "creacionismo". Creía que la mente humana se había desarrollado de tal modo que sabía discernir entre lo que es un "cuento" para intentar explicar el origen del hombre y lo que parece muchísimo más creíble, y por supuesto científico, aunque no deje de ser complejo.
    Un abrazo.

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    1. Muy asombroso Josep, pienso igual que tú.
      Aunque volteo a ver el mundo y ya no me parece tan asombroso.
      Abrazos amigo.

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  2. Lo triste es lo bien que les fue por tantos siglos a los que inventaron el cuento del origen del hombre de barro y la mujer, que era tan poquita cosa, que solo necesitó (el dios barbudo) hacerla de una costilla del gran Adán.
    Y cómo nos lo hicieron tragar (al cuento) en las aburridísimas clases de catecismo.
    Un gran abrazote y beeeso, querido Gildo.

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    1. Yo fui a tantas clases de catecismo, y como buen niño que era, ponía atención a todo. Eso ahora le molesta a mi madre por ejemplo, porque cuando blasfemo, lo hago siempre sobre bases bien fundadas, jajaja.

      Alguno de ellos vio que había que desacreditar a la mujer desde un inicio, hacerla poquita cosa, y mira, después de tantos años las seguimos ninguneando.

      Te abrazo muy fuerte mi querida Mirella.
      Beeeesos.

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  3. Navaja de Ockham: la respuesta más simple suele ser la verdadera.

    En cuanto al origen de la humanidad, este principio perfectamente se puede aplicar pues, a pesar de lo intrincado que es el proceso de la evolución de las especies, sigue siendo una respuesta que se obtiene a partir de datos que provienen de la propia naturaleza. En cambio el creacionismo echa mano a un agente externo (Dios) del cual no hay evidencias de que exista y que nos creó en un punto de la historia de la cual no hay registros. Por tanto creer en Dios lo complica innecesariamente todo y no resuelve nada. Por algo, hasta el día de hoy, hay disputas entre practicantes de un credo y otro.

    Te dejo un abrazo.

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