una historia de lucha libre...



No recuerdo el momento en que vi mi primera lucha libre, en la tele, por supuesto. Pero me acuerdo de tener unos 5 años y estar con mi hermano solos en la casa viendo una película del Santo contra los hombres lobo o algún otro grupo de monstruos, puedo evocar al héroe enmascarado intentando escapar en un auto mientras cientos de hombres lobo lo acosan. Recuerdo también que me dio miedo, estaba temeroso viendo la película en la tele pero sin poder dejar de mirarla. La primera vez que una película me dio miedo.

No recuerdo esa primera vez que vi lucha libre a través de la pantalla de televisión, pero desde que lo hice me volví fanático. Veía las luchas con mi hermano los sábados en el 13 y los domingos en el 2. Comencé a comprar la revista “Colosos de la lucha libre” y a decorar nuestro cuarto con los posters que regalaban de nuestros luchadores preferidos (ahí estaban Atlantis, Blue Panther, Los Dinamita o Pierrot, entre otros más), jugábamos a las luchas en la cama de mis padres cuando ellos no estaban, en las nuestras los demás días. Pasábamos buena parte de nuestro tiempo libre dibujando luchadores y luchas de tercias: los héroes y villanos captados por nuestros infantiles y entusiasmados trazos.

En “Colosos” publicaban dibujos de luchadores enviados por los niños y adolescentes que los admiraban, así que un día Daniel y yo nos animamos a hacer unos dibujos con mayor esmero para mandarlos a la revista y ver si teníamos suerte. Hicimos varios dibujos, tamaño carta, esta vez los coloreamos porque siempre los dejábamos en el puro trazo a lápiz. Yo hice tres dibujos, creo que uno fue de mi adorado Atlantis, otro del Villano III y el tercero del Pegassus Kid, pero no lo recuerdo bien. Al terminar se los dimos a nuestra madre para que los llevara al correo.

Unos dos o tres meses después tocó a la puerta un mensajero de Estafeta buscándome, una sorpresa, pues era yo un chamaco de 12 años (o quizá ya había cumplido los 13, no lo sé) y era rarísimo que me llegara algo por correo. Salí a recibir el paquete, al ver el remitente sentí algo dentro de mí que me hizo sentir feliz y apenado a la vez, supongo que me habré sonrojado. Abrí la caja impaciente, dentro venía una gorra y una playera de “Colosos de la lucha libre”, una carta y una credencial que me acreditaba como “Dibujante colaborador honorario” de la revista.

Fue un día muy feliz. Me sentía orgulloso y contentísimo. Llevaba con orgullo mi playera negra de letras fosforescentes a los entrenamientos de beisbol. Pero había dejado de comprar la revista porque ya no la llevaban al puesto donde usualmente las compraba. No pude conseguir esa revista en la que se publicó mi dibujo, así que no supe cuál de ellos fue el elegido. Pero el sólo saberlo me hizo muy feliz.




Entradas populares de este blog

La pruebita del amor

Vacíos

Mi libro