martes, 14 de enero de 2020

Simulacros

"Habituado sin saberlo a los ritmos de la Maga, de pronto un nuevo mar, un diferente oleaje lo arrancaba de los automatismos, lo confrontaba, parecía denunciar oscuramente su soledad enredada de simulacros".

Esta parte final de estas líneas de Cortázar me hace pensar en mucha gente, en lo que mucha gente se esmera en mostrar en sus redes. Esos supuestos posteos divertidos o que intentan dejar en claro su felicidad e independencia, me parecen denunciar esa soledad enredada de simulacros.

El simulacro de ser feliz, con todos sus disfraces y todas sus facetas; con esa obsesión por señalar que ya no son las personas –ingenuas, cariñosas, ignorantes, tontas– que eran, porque ya aprendieron y ya se dieron cuenta y ya son conscientes, porque la vida los ha hecho fuertes.

¿En cuantos simulacros estamos enredados?



5 comentarios:

  1. Todos estamos llenos de simulaciones, a veces por educación, por lástima o vergüenza hacia los otros o, principalmente, hacia nosotros mismos.
    En las redes la mentira está a la orden del día. ¿Quién puede corroborar cuál es el personaje auténtico?
    Un gran abrazo y beeesos, querido Gildo.

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  2. En demasiados. Pareciera existir una obligación de ser feliz, de estar bien... como si fuésemos menos personas de no lograrlo, o incluso de no perseguirlo.

    Si les sirve para autoengañarse y creer que son felices, está bien. Yo intento no entrar en el juego, aunque reconozco que me apetece más compartir los buenos momentos que los malos. Tal vez por no amargar a nadie... Hablo de redes sociales, porque el blog sí me da espacio para compartir lo que es, lo que siento, sea "bueno" o "malo" (que no deja de ser un mero juicio)

    Siempre me haces pensar.

    Un abrazo grande

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  3. Así es, Gilo. Todos llevamos esas máscaras bajo el brazo. Si alguien ha descrito este fenómeno a las mil maravillas es ese gran, grandísimo escritor neobarroco cubano que responde al nombre de Severo Sarduy en su novela La Simulación.
    Abrazotes, Gilo.

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  4. Perdona no sé que he hecho que publiqué dos veces el comentario. He borrado uno. Vuelvo a saludarte.

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  5. Por eso no tengo redes sociales: no se me da el arte de fingir, pretender, simular. Excepto en la literatura. Y con suerte. Mi blog me entiende.
    Te dejo un abrazo.

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