martes, 14 de mayo de 2019

de tiempos modernos

Antes cada cosa tenía su tiempo. Las cosas tenían un momento preciso para hacerlas, así ese intervalo temporal fuera grande o pequeño, las cosas se hacían cuando era preciso hacerlas. Uno comía y dormía y jugaba y veía la televisión o iba al cine; ibas a la escuela y al trabajo, manejabas tu auto si tenías y disfrutabas a tu novia si tenías suerte, y cagabas cuando era necesario. Cada cosa en su lugar, como dirían las madres con obsesión por el orden.

Ahora no. Todas las cosas que uno pueda hacer en su vida comparten su tiempo con el teléfono móvil, con el celular. Mucha gente –por fortuna no toda–, por desgracia casi toda la gente joven, come con el teléfono junto a sus cubiertos o en su mano, y duerme con el aparato casi pegado al oído, bueno, duerme el tiempo que la atención al celular le deja disponible, y aun así, es lo primero que revisa una vez que ha medio abierto los ojos. 

Y también juegan futbol o scrabble con el teléfono en la mano, y ven televisión o van al cine sin casi desprender la mirada de la brillante pantalla que no deja de exigir atención; y lo mismo si se está en la escuela o el trabajo, si se maneja un auto o si se tiene la suerte de tener pareja. También se caga con los ojos clavados en la brillante pantalla; ojalá ninguno haya confundido el papel con el aparatito, aunque no lo dudo.

Conozco gente que tiene un refrigerador vacío en casa pero se jacta de traer consigo uno de los últimos modelos disponibles del mercado, y ahí se ven las prioridades. Y ahí se ve también lo jodido que está el mundo, lo sola y vacía que está la gente.



6 comentarios:

  1. Justamente ayer vi por televisión una escena increíble sobre esto: en plena pelea de judo, a uno de los contendientes se le cayó de un bolsillo del vestido un celular, que recogió su contrincante y lo entregó al juez o árbitro, quien descalificó al judoka adicto al celular de inmediato. Increíble pero cierto.
    Y con la moda de los selfies esa adicción va en aumento. Hace unos día, en la INdia, un joven cayó de lo alto de un edificio por hacerse una foto desde la azotea.
    Como el título de una película de los años sesenta: el mundo está loco loco loco.
    Un abrazo.

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    1. Lo peor del caso mi buen amigo es que ya no nos parecen sorprendentes estas actitudes, hemos visto y escuchado cada cosa tan absurda, que esto nos suena a cosa de todos los días.
      El mundo está loco pero no se da cuenta de ello.

      Abrazos Josep

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  2. jajajaja... imagino a un pobre constipado sentado en el baño con el celular a la espera que se produzca el ansiado acontecimiento y cuando por fin eso ocurre, horas después, lo usa de papel higiénico.
    Es un mal que se va extendiendo a otras franjas etarias a gran velocidad. En el transporte público he visto a abuelita/os que en cuanto le ceden el asiento lo primero que hacen es sacar el celular y chequear mensajes.
    Qué poco presentes estamos en el aquí y ahora.
    Un enorme abrazo y beeesos, querido Gildo.

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    1. Sí mi querida Mire, el condenado aparatito ha copado a personas de todas las edades. Tengo una foto donde mis padres y una pareja de amigos están todos con el teléfono en las manos completamente absortos, como si de adolescentes se tratara.

      Qué poco presentes estamos amiga querida.

      Beeeesos y abrazos.

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  3. Por primera vez estamos más conectados que nunca en la historia... pero de manera virtual. Tras cada celular hay soledad real.
    Te dejo un abrazo.

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    1. Yo siento que todos esos adictos siguen desconectados porque al final la soledad es lo que persiste.
      Abrazos Julio.

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