De hijos de puta y el moderno mundo.




Escribí hace unas semanas sobre el hecho de que en cualquier momento una persona que no nos conoce ni tiene ningún trato con nosotros puede, porque le dieron ganas de hacerlo, tomarnos una foto y crear una imagen para buscar la burla, nuestra burla. La risa masiva sobre nuestras espaldas y a nuestra costa. Es una realidad de nuestros días.

Pero lo peor de todo este asunto de invasión y explotación de la intimidad, se da cuando la foto con la que todos se están carcajeando, la proporcionó una persona cercana a ti, a la que poco le importa si medio mundo se burla de lo que quedó plasmado en un momento de tu intimidad familiar o de pareja.

Dentro de esta galería de imágenes desnudantes en ambos sentidos de la palabra, hay fotografías que se gestaron en un momento de intimidad de pareja, cuando uno de los involucrados hizo o se dejó hacer algo que tenía un único destinatario. La cursilería más grande y quizá sólo entendible para quien fue realizada. Una prueba de sensualidad ridícula en un cuerpo tan poco agraciado que se dejó llevar por su amor u obsesión. Algo que debía nacer y morir en la intimidad, como todo lo que se dijo al oído.

Se debe ser un verdadero hijo de puta para exhibir algo tan privado, la desnudez de alguien que por amor, pasión o travesura se desprendió de su ropas, con pena o no de por medio.

La traición máxima a quien quizá se amó alguna vez, pero por quien sólo existe el odio y rencor que propician una traición así de grande.

Cosas de todos los días en este mundo moderno.

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