jueves, 11 de octubre de 2018

Buscando



La semana pasada fui al cine a ver Buscando (Searching), una de esas películas que te hacen subir a la montaña rusa en sus primeros minutos y que no te dejan relajarte un poco hasta que ha terminado la proyección, y digo un poco porque una vez terminada la secuencia de imágenes, en mi cabeza se formó una secuencia de pensamientos que me dejó cavilando mientras caminaba de regreso a casa.

La historia cuenta la frenética búsqueda de un padre de su hija extraviada en condiciones muy misteriosas. Una búsqueda realizada a través de redes sociales siguiendo el rastro de la actividad virtual de su hija. Pensé que sólo un padre de cuarentaycinco años o más joven podría haber llevado a cabo una investigación de esa manera –y no todos seríamos capaces–, sólo alguien con la destreza adquirida en los nuevos medios desde su aparición.

Ya dije que la película te atrapa desde el inicio y tiene la particularidad de ser narrada siempre desde una pantalla, de celular, ordenador o cámara de video, haciendo que nos involucremos más en la historia al estar tan directamente expuestos a las imágenes. Pero también recalca el punto de que cada vez hay más personas metidas en sus pantallas que en lo que se supone que es la realidad, viviendo en una vida llena de emoticones, gifts y acrónimos.

Pero hay dos situaciones que me dejaron pensando un mucho más, ambas relativas a la relación padre-hijo. Cuánto conocemos realmente a nuestros hijos, o a la inversa, cuánto nos conocen realmente nuestros padres. Luego, cuánto estaríamos dispuestos a hacer para proteger la vida de nuestros hijos, incluidas cosas viles y deshonrosas.

No diré más sobre el filme para no arruinárselo a nadie pero seguramente regresaré a teclear sobre esos peculiares asuntos que señalé.

Me pareció coherente ver en los créditos finales el nombre de Timur Bekmanbetov como productor del filme. Sólo como dato curioso.