martes, 20 de octubre de 2015

Eres una spammer de lo peor (crónicas del Google+)




Te conocí –bueno, supe de tu existencia– por un +1 que me dejaste en aquel divertido post sobre el sexo. Mis siguientes tres escritos también fueron bien ponderados por ti con otros +1. Supuse entonces que me leías y que te gustaba lo que escribo debido a la colocación del signo + a cada uno de mis textos. Incluso a veces me obsequias varios para el mismo escrito.

Por esta razón te agregué para que formaras parte de mi círculo virtual de interacción. Al parecer, al recibir la notificación me regresaste la cortesía. Pero la verdad es que no sé si acaso lees lo que escribo, porque nunca me has dejado nada más que un signo +, y sé por las buenas lenguas, que hay quien los presiona todo el tiempo sin pasar sus ojos por los textos que supuestamente les gustan, como parte de una rutina del new age.

Una vez vinculados por Google me di cuenta que te gusta postear cosas, te encanta, sería más preciso decir. Hay quien te dice que le encantan “tus publicaciones”, pero a mí me sigue sonando a robo esa palabra, quizá a ellos también “posteo” les suene a poca cosa.

Debo reconocer que además de lo bien que me hicieron sentir los reales o falsos + que me obsequiaste (que también tengo ego), me atrajo mucho esa foto tuya, eres guapísima: quién no aspira a una lectora así de atractiva.

Hoy acabo de presionar el botón para ya no seguirte los pasos.

Estoy harto de tener el buzón de las notificaciones lleno de fotos tuyas –sí, sí me gustas, pero es un exceso–, si al menos todos tus posteos fueran cosas interesantes (he leído un par de posteos que compartiste y son bastante malos, hasta tienen faltas de ortografía). También me he preguntado más de una vez porque mis escritos nunca los compartes, si supuestamente te gustan.

Te dejo. No quiero saber de ti. Eres una spammer de lo peor.
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