lunes, 13 de febrero de 2017

Cavilaciones en torno al alcohol (reflexiones de un borrachín)



Dice Fernando Delgadillo en una emotiva canción: las copas que me tomé de más llevaron mi alma a sus extremos y desbordaron mi felicidad. Me repuse con un día de asueto pero el recuerdo permanecerá. En verdad se desborda la felicidad pero si la borrachera es intensa se necesita de un día para podérsela curar, como decimos en mi tierra.

Ya he contado alguna vez que de niño me gustaban mucho las fiestas familiares, no sólo porque me reunía con mis primos y nos pasábamos la tarde entera jugando sino porque debido a la ingestión de alcohol todos mis tíos y mi abuelo se ponían en un estado muy feliz de bromas y risas que disfrutaba mucho presenciar. Me gustaba ver la transformación que sufrían, la forma como sus miradas serias mutaban en sonrisas fáciles de ojos entintados de rojo.

Y es que en efecto el alcohol tiene la facultad de llevar nuestra alma a sus extremos y sacar al individuo que realmente somos; dormir los prejuicios y anestesiar la pena, para hacer, por ejemplo, que aquel que siempre decía no saberse ninguna canción se pare y cante y baile y haga un ridículo, porque el alcohol también nos duerme otras cosas como la coordinación motriz y el habla coherente.

Y dentro de esas cuestiones de transportación del alma hasta sus límites también he sabido de que lo que se oculta en los recovecos de nuestra esencia y espíritu sale  través de las manifestaciones “artísticas” que podamos realizar. Por ejemplo, que estando bajo el influjo del alcohol, con el alma suelta, podría escribir algo, digamos, más “profundo” que lo que podría teclear estando totalmente sobrio.

Este asunto llamó mi atención. La curiosidad me hizo preguntarme qué podría salir de una sesión de escritura o pintura estando medio pedo. Sólo una curiosidad más.

Pero un día, tras una comida familiar con copas de vino incluidas, después de unas 4 o 5 me llegó el eco de aquella curiosidad. Así que encendí la computadora y me senté dispuesto a escribir. Pero no pude. No pude escribir ni una palabra. Mi cabeza daba vueltas y me dio mucho sueño, y no escribí nada. Nada.

Al menos pude comprobar que a mí no me funciona eso de las sustancias detonantes de la creatividad. Necesito estar sobrio, y cuando me embriago lo disfruto, y canto, siempre canto.