martes, 29 de mayo de 2018

ciertas necesidades

Le leía hace algún tiempo a una colega bloguera, que ella, a sus escasos treinta años, no consideraba la posibilidad de cambiar de pareja. Que el hecho de estar con alguien a quien se ha aprendido a querer, a convivir con sus manías y ataques de rabia, con sus chistes bobos o sus bromas macabras; ese alguien a quien has aprendido a querer y que sabes, o sientes, que también te quiere; era más que suficiente. No había más que anhelar de una pareja.

Aunque confesaba, que un asunto que tenía demasiado peso en su convicción de seguir junto al mismo hombre era la pereza inmensa de tener que empezar a conocer a alguien más desde cero. Ese tener que regresar a las citas y el cortejo, a ponerse alguna que otra máscara para intentar agradar, a la posibilidad de sentirse juzgada por su manera de pensar, de vestir, de expresarse, y de no sé cuántas otras cosas más.

Creo que pocas cosas hay más bonitas que ver a la persona que toma tu mano para caminar y sentir una inmensa felicidad al pensar envejecer con ella. Y sentirte afortunado: "cuánto me debía el destino que contigo me pagó".

Hasta aquí todo bien. Si tienes la suerte de ser feliz con alguien que es feliz contigo estás del otro lado. Pero parece que la necesidad de meter ruidos innecesarios a la cabeza y preparar un boicot sin conocer su magnitud no descansa. Y entonces, puedes ponerte a pensar si podrás perdonar a esa persona a la que dices amar tanto. Porque la rutina cansa y el amor se acostumbra, y dicen los simplistas que la carne es débil, y quizá las tentaciones también se multipliquen con el paso de los años.

Y entonces, te asusta saber que tienes la imperiosa necesidad de perdonar si quieres tratar de seguir siendo feliz con esta especial persona. Pero perdonar perdonar, sin memorias lastrosas.