viernes, 9 de diciembre de 2016

Hasta que te conocí


Pocas semanas antes de que muriera Juan Gabriel, estando en casa de mi tía Lupita, bromeando le dije a los niños que pusiéramos unas canciones de Juanga, a lo que reprocharon: sáquese que. Una semana antes habíamos escuchado canciones rancheras suyas mientras jugábamos a las damas chinas. Además de las canciones, debieron soportar nuestras aguardientosas interpretaciones de esas sentidas melodías, sobretodo en los coros más populares.

Luego de recibir su rotunda negativa les dije: ya los veré después chamacos, cantando al Juanga por una traicionera o por una desinteresada chiquilla. Prácticamente me respondieron que estaba loco y que eso no iba a pasar. Pero esa infantil negativa es tan parecida a la que casi todos vivimos cuando nos dieron a probar cerveza, siendo aún chicos para encontrarle un rico sabor a la popular bebida de cebada.

Días después murió mi admirado Juan Gabriel y México y el mundo lloraron su muerte y llenaron todos los espacios con su persona y su obra: con sus canciones, sus recuerdos, anécdotas y más. Fue el tema varias semanas para pesar de todos los que lo despreciaban.

Supongo que la marea juangabrielesca aunada a toda la devoción que tengo por sus canciones se conjugó para que naciera en Gil también admiración por las canciones que escribiera el hijo predilecto de Ciudad Juárez. Ahora Gil me sorprende cantando estribillos que conocí cuando tenía su edad, germinando su gusto por esas emotivas canciones que a tantos nos significan.

Le dije el otro día que quería escuchar canciones de José José, mi otro gran intérprete favorito, y me reprochó que mejor pusiera a Juan Gabriel porque José José sólo cantaba y Juanga había escrito las canciones. Ah que niño exigente.

Y bueno, en el festejo de mi tía Lupita, ya entrada la noche, Gil y Joshua cantaron por voluntad propia Hasta que te conocí. Nuevos fans para el gran divo.