viernes, 16 de febrero de 2018

Gritar muy fuerte


Todos estamos sedientos de amor, no podría ser de otra manera. Queremos querer a alguien que nos quiera aunque a veces con querer a alguien nos conformamos. 

El amor o lo que se supone que es el amor nos rodea a cada instante: en las canciones que suenan en la radio o en nuestros reproductores personales, en las películas que vemos en el cine, en la película pirata que compramos o en la que reproducimos también ilegalmente por internet (bueno, que esas películas sobre el fin del mundo no tienen sentido si no les enjaretan un forzado romance de almas gemelas instantáneas). 

Las frases que inundan las redes sociales también son casi todas de amor en todas sus vertientes: desamor, despecho, amor no correspondido, amor mal correspondido, supuesto amor propio; y lo más anhelado aunque quizá más falso también: amor ideal. Y su falsedad no es debido a lo que muchos atribuirían como, digamos, la utopía del amor, sino porque el grado de enamoramiento (apendejamiento) de quien postea las frases lo hace creer que la relación en la que está metido es de un amor puro y celestial, y su ser amado es perfecto en toda su imperfección.

Y si bien ese enamorado no se cansa de gritar por todo el ciberespacio lo feliz que es junto a su significant other (me gusta mucho esa expresión anglosajona), quien carece de las mieles de la reciprocidad amorosa parece no cansarse tampoco de gritar, aún más fuerte, lo feliz que es sin la necesidad de tomar la mano de nadie en ningún lugar, ni de dar ni exigir un tequiero diario junto a esas caritas que besan con un corazón saliéndoles de la boca. 

Dicen quienes se creen sabios que nunca debes dejar que los demás te vean llorar, así parece que también debe ser con el amor, que nadie sepa cuánto anhelas amar y ser amado, bueno, tener a alguien para que te acompañe a la boda de la tía que creíamos que ya no se casaría. Ahora no sabes que es mejor, ser parte de su club de solteronas o que tengan un estúpido argumento para señalar que a pesar de tu edad todavía tienes chance de no quedarte sola. Que nadie sepa lo solo que estás ni cuánto desearías encontrar una persona común que te quisiera. Sólo eso. 

Se llora en soledad y sin testigos, se anhela igual, pero se guarda con mayor fervor la secrecía.