viernes, 22 de junio de 2018

Seguimos soñando


En los días que habían pasado de este año, justo hasta el día anterior al 17 de junio, yo era el loco iluso –aunque supongo que para algunos era un pendejazo– que aseguraba que "nuestro" equipo le podía ganar a Alemania en todas las reuniones familiares cuando salía a relucir el tema del próximo Mundial.

"Cómo crees, es el campeón del mundo". "Si el año pasado les metió 4 - 1 con su equipo B". "Si México no juega bien". Y algunos otros argumentos por el estilo.

Debo decir que yo soy de los que estaba en completo desacuerdo con que hubieran dejado, a pesar de todo, al técnico colombiano. No concibo cómo pudo sobrevivir al 7 - 0, ni que le toleraran la ejecución de absurdos cambios que sólo él entendía: quitar a quien mejor había jugado para poner a alguien más. La verdad todavía temo que se le ocurra una cosa así, y que salga con su misma estupidez: Yo creí que así funcionaría.

Así que mi ilusión en las posibilidades del equipo se basaba en los jugadores, en lo que pudieran hacer a la hora cero. En el factor histórico de que, al menos en los mundiales que yo he visto, el equipo se crece ante los grandes, aunque se confía con quien considera inferior (1994 Bulgaria, 2002 Estados Unidos). Confío en que una buena cantidad de los seleccionados son aquellos que contra todos los pronósticos fueron campeones olímpicos.

Llegó el partido. Fue un juegazo. Tuvimos un gran día del padre.

Luego del gran triunfo, en la sobremesa, volví a ser el loco. Alguien mencionó que los jugadores decían que iban para ser campeones. Todos en la mesa dijeron que eso no era posible. Todos menos yo, ya se sabe. Sólo pregunté, ¿y por qué no podrían ser campeones? Lo mismo decían todos ustedes cuando la olimpiada y ganaron. Digo, hace no mucho, Grecia ganó una Eurocopa.

Ya veremos qué pasa.