lunes, 22 de mayo de 2017

de seducciones I



Cómo saber quién de estos individuos es un buen amante, nada extraordinario, sólo alguien que provea un poco de placer profano en una solitaria relación sexual.

Un amigo me dijo que las mujeres feas o gordas eran mejores en la cama. Que la poca actividad sexual que tenían hacía que al momento de encontrarla, trataran de que la experiencia fuera lo más placentera posible, o que el hecho de saberse poco atractivas las volvía más acomedidas y entusiastas que una guapa o buenota que se creía merecedora de todo y no se esforzaba en lo absoluto. “Ya que tienes la suerte de tenerme esfuérzate papacito”.

De entrada consideré su comentario un cliché malhecho, elaborado quizá con otros amigos en una borrachera donde todos narraban sus prodigios sexuales, seguramente casi todos falsos. Hablando de las tetas de fulana y el culo de sutana y de cómo aquella gorda había resultado tan extraordinariamente buena a la hora de coger o haciendo sexo oral. No creo que entre ellos se cuestionen, seguro que entre todos se aplauden las mentiras y se alientan a armar otras, por más inverosímiles que lleguen a ser. Por otro lado, quién les dijo que las feas cogen menos.

La verdad no sé con cuántas mujeres se ha acostado mi amigo, ni si tiene manera de poder hablar de esa teoría sobre el desempeño sexual de una mujer, o cuánto de verdad hay en sus palabras.

Pero ahora, no sé si yo podría aplicar el mismo criterio con los hombres. Que los más atractivos sean malos amantes y que la fealdad de algunos los vuelva prodigiosos compañeros bajo las sábanas. ¿De qué tamaño tendrán sus penes? Me dijo una amiga que uno muy grande es doloroso, pero en todo caso dicen que el mayor placer no te lo puede dar su pene sino su lengua.

Este que se acercó no se ve mal. Tampoco parece un imbécil. Veremos qué pasa.