viernes, 19 de mayo de 2017

Más inadaptados



La sensibilidad, la paciencia, la puntualidad incluso, son cualidades poco valoradas, con nulo valor las más de las veces. Tanto que nombrarlas cualidades resulta un disparate. Características, de personas poco productivas, en todo caso; como esa capacidad de abstraerse con lo que pareciera la nada como si de un paisaje maravilloso se tratara.

Un botoncito: esa persona puntual debe esperar, esperar y seguir esperando a los demás, que son la inmensa mayoría. A veces ha llegado incluso cinco o diez minutos antes de la hora acordada y debe entonces esperar más todavía. Porque diez minutos después de la hora señalada, dice el expositor de la conferencia o el organizador del evento o el coordinador del viaje en autobús: Vamos a esperar un poco más a que lleguen los demás.

Y entonces, vamos a darles motivos para que sigan llegando a todos lados tarde, vamos a consentir su grosería. Para qué cambiar si siempre los esperan. Y en caso de que el sentido común se apareciera y decidiéramos dejar a ese que hace quince minutos dijo ya estar por llegar, resultaría que los groseros, culeros y todo lo demás, seríamos nosotros. Pero esto jamás pasa, “como vamos a dejarlos, hay que esperar tantito, qué nos cuesta”.

¿De qué sirven esas particularidades? al menos en este país olvidado de dios.