lunes, 26 de junio de 2017

Mi amigo el escritor



Lo conocí por una casualidad (creo en casualidades y en azares), aunque alguien más romántico dirá que fue el destino el que nos reunió en ese pequeño diálogo virtual en el que me dieron ganas de opinar; separados por varios miles de kilómetros y unidos por el idioma que heredamos. Tras la afortunada conversación decidimos seguir nuestros pasos virtuales y un buen día tenía un comentario suyo en el blog, un comentario de este escritor que decía que un escritor es quien escribe lo que le pasa a todos los hombres.

Días después fui a su guarida, de aparente maldad, donde pude leer textos entrañables, desgarradores, de una demacrada belleza que no he podido encontrar en otro lado; también había poesía salida del alma de un hombre honesto y generoso, como descubrí al correr de las semanas. De esto hace ya tres años y medio.

Me invitó a participar en una Comunidad que parecía ser diferente a todas las otras, y lo era. Un lugar donde se pedía el involucramiento con los demás antes que el egoísmo personal. Un lugar donde pude deleitarme con poesía y prosa de la más alta categoría. Un lugar donde hice buenos amigos que todavía conservo. Un lugar donde me gustaba estar y donde me sentía a gusto.

Mi amigo es Gavrí Akhenazi, el cuervo, el comanche; un hombre íntegro, generoso, honesto e implacable, con palabras precisas que acarician o golpean. Un novelista prolífico con una obra que a nadie deja indiferente.

Lo conocí de a poquito, me fui enterando de su vida con pinceladas pausadas. Descubrí, totalmente impresionado, qué era lo que hacía con sus días y sus noches, dónde transcurrían y haciendo qué. Lo admiré más todavía, lo sigo haciendo.

Cuando me aventuré con mi libro recurrí a él no sólo por su conocida generosidad sino por lo implacable de su opinión. Y aunque me aterraba un poco recibir una respuesta desfavorable para mi escrito sabía que el afecto que ya nos teníamos no interferiría en su opinión. Que sería sincero. Además de su opinión, sus sugerencias y su visto bueno, me obsequió un prólogo entrañable que atesoro en el alma, que puedo presumir como algo valiosísimo.

Creo que la vida le debe años de gozo con esta nueva familia que se ha apropiado. Sé que la vida no es justa, pero me gustaría muchísimo que lo sea para él.

Podría decir muchas más cosas pero no quiero ser –más– redundante. Si alguien no lo conoce este es su blog. Vayan con tiempo porque es adictivo: lamaldadaparente.blogspot.com