sábado, 17 de junio de 2017

¿somos?



Haciendo alusión a un popular anuncio de camionetas yo preguntaría: ¿Y las películas apá?

Dónde jodidos me han puesto las películas. Ni siquiera las personas que leen más libros –esos que se leen algo así de un libro por semana– leen más que lo que ven películas, sea en un cine, la sala de su casa o en el celular. Ahora pensemos en las personas medianamente “cultas” con ciertas nociones de las cosas trascendentes y algunas tonterías banales, leeremos (porque creo estar en este grupo), algo así como un libro por cada diez o veinte películas, quizá más, algunos leemos lento, y luego están los juegos de beisbol y los partidos de básquet, o la chela con los amigos y la noche de pasión.

Pero pienso que escribir en esta triste frase “las películas” la banalizaría totalmente, lo que la haría perder el glamour que le da la fuerza necesaria para que la gente de este grupo snobizado la comparta con tanto orgullo: esos que leen y toman café.

Porque no vamos a hablar del grueso de la población que no lee ni lo que le piden leer en la escuela o que leen los pies de foto y los títulos en las revistas del corazón. Seamos conscientes.

Aunque ya en estos tiempos –tan olvidados de dios y sus apóstoles– creo que lo de verdad difícil será lo de una charla profunda acompañada de un café (aunque todos sabemos que yo preferiría acompañarla con algo que tenga alcohol). Imaginen una charla y un café sin interrupciones de whatsapp. Antes de eso, alguien se leerá el Quijote en una semana.