lunes, 13 de marzo de 2017

Pechos, botas y tristeza


Anoche estaba mirando fotos de mujeres desnudas. Algunas que ya lo están, otras que se van desnudando poco a poco y alguna más que nunca llega a estar del todo desnuda. Eran casi las tres de la mañana y no podía dormir. Sabes que prefiero las fotos a los videos, recuerdo habértelo dicho; no sé por qué pero así es. Casi todas eran mujeres jóvenes, quizá de entre 20 y 30 años, alguna más joven o mayor, ve tú a saber.

Las miraba con tedio pero estaba excitado, al menos mi pene eso indicaba. Revisando una a una las chicas que eran de mi agrado. Sabes que no tengo predilección entre rubias, morenas, pelirrojas o negras, las encuentro bellas de todos los tipos.

Había encontrado una sección con chicas que usaban botas. Sabes también que es mi fetiche predilecto. Lo sabes bien. Ya me estaba dando algo de sueño pero la aparición de esas chicas embotadas me llamaba a descubrir cada imagen, en las que pareciera que me miran y sonríen felices.

La tercer chica que escogí para admirar era una rubia bastante guapa de mirada coqueta y cabello hasta el hombro. Vestía un lindo vestido cortito con la espalda descubierta que remataba con botas a la rodilla, café oscuro, al parecer de gamuza y con tacón alto, no de aguja, más bien cuadrado. Me gustó bastante.

En la quinta foto se había ya descubierto la parte de arriba del vestido y al parecer no traía sostén por lo que sus grandes pechos quedaron al descubierto. Me decepcioné un poco al ver que estaban operados, pero sus pezones eran idénticos a los tuyos, de no haberlo estado, esa mujer y tú tenían prácticamente los mismos pechos maravillosos.

Mi corazón latió un poco más aprisa por mi excitación pero traía consigo mi tristeza. Tiene ya varias semanas que no puedo tocar, mucho menos chupar esos objetos de mi veneración. Me recordé con ellos y me sentí más triste. Evoqué la vez que quedaron teñidos de matices rojos debido a mi entusiasmo, pero es que nunca me detuviste y sabes bien como soy.

A ti no hace falta nada para recordarte, estás constante en mi cabeza. Pero tus amados pechos vinieron a ponerme triste. Así es la vida.