viernes, 23 de agosto de 2019

de la entrañable Buba

Estaba revolviendo mis papeles viejos, sobre todo mis dibujos y caricaturas que he guardado –que creo que no son todos, habré perdido bastantes–, los dibujos y comics que me gustaban y que también conservo, y entre todos esos papeles almacenados encontré una fotocopia de un comic de Buba con la que seguramente decoré aquel periódico mural. 

La verdad es que de estos versos no me acordaba (un romance), no están en mi recuerdo, como sí algunos otros de José Martínez Quintero. Fue bueno releerlos; ver el romance que me daba la mano.

Me quedé pensando que quizá uno de los causantes de que me guste tanto el verso rimado es precisamente Martínez Quintero, a quien pude conocer hace ya bastantes años. En su obra están juntos poesía y dibujo, filosofía e ironía, y un muy oscuro y delicioso sentido del humor.

Esta es la obra en cuestión:


Pongamos que soy un perro,
¿a qué cuerpo astral le aullo?
Pongamos que soy un gato,
¿a qué gata le maullo?
Si vivo de mi intelecto,
¿por cuánto me prostituyo?
Pongamos que soy el diablo,
¿en mi cuarto o en el tuyo?

Pongamos que estoy muy triste,
¿para qué diablos me agüito?
Pongamos que soy Carl Sagan,
¿cómo explico el infinito?
Pongamos que soy creyente,
¿a qué pruebas me remito?
Pongamos que soy tu amante,
¿me quieres mucho o poquito?

Pongamos que soy Titino,
¿quién es el dios que me mueve?
Pongamos que soy un indio,
¿qué tal si danzo y no llueve?
Pongamos que soy la luna,
¿cuán frágil soy y cuán breve?
Pongamos que mi alma ha muerto,
y sin embargo... ¿se mueve?

Pongamos que soy priista,
¿no quieres pan con lo mismo?
Pongamos que estoy drogado,
¿cuánto dura el espejismo?
Pongamos que soy de izquierda,
¿quién me aplica un exorcismo?
Pongamos que no soy nadie,
pongamos que soy yo mismo.


La cosa es que busqué el material en internet esperando hubiera una imagen nítida en algún lugar; esperando también encontrar los versos para no transcribirlos (qué flojo). 

Sólo encontré dos blogs plagiando los versos, cuyas dueñas ni siquiera tuvieron la delicadeza (¿decencia?) de copiar correctamente las palabras de la obra de Quintero. Que sin pensarlo demasiado, no es novedad en estos tiempos del internet.

sábado, 17 de agosto de 2019

Todos los días son nuestros



El tiempo y el desgaste. Los esfuerzos fallidos por encontrarnos pensando lo mismo. Las ganas de ser lo que no éramos para volvernos el ideal del otro. Al principio –cuando el puro amor– decíamos que habíamos tenido suerte de conocernos tan chicos porque nos conocíamos de verdad, nos sabíamos las mañas de antes de que tuviéramos el vicio de fingirnos para quedar bien. Pero no es cierto, porque al mismo tiempo éramos tan niños que no habíamos terminado de formarnos. Nos hicimos del roce con el otro. Hoy me veo y no sé qué de mí es mío y qué es de él.*

¿Cuánto cedemos para complacer al otro? ¿Cuánto de nosotros mutamos o al menos disfrazamos lo más convincentemente posible para ser del completo agrado de nuestro significant other*? ¿Cuánto estamos dispuestos a perder en ese afán de perro faldero?

Difícil responder. Complicado saber a ciencia cierta qué tanto de nuestro comportamiento está obedeciendo esa manía de que la otra persona nos vea como su ideal y no desee jamás estar sin nosotros. 

Y a veces necesitas alejarte demasiado (un divorcio de distancia) para poder ver todo lo que de ti estabas sometiendo en pos de ese afán estúpido, de ese hábito abrazado como al peluche de la infancia. Dice aquella triste canción (triste por real): yo que te di todos mis sueños, y para mí nada soñé. Yo que creí tenerlo todo... Y cada uno habla como le va en la feria pero no todos pueden mirarse sin parpadear frente al espejo.


*De Todos los días son nuestros de Catalina Aguilar Mastretta.

*Ya he dicho alguna vez cómo me gusta esta expresión anglosajona.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Las historias de Catalina

Hace algunos años fui al cine a ver una película que llamó mi atención cuando apareció en las carteleras cinematográficas: "Las horas contigo". Una película mexicana. La ópera prima de Catalina Aguilar Mastretta. Un drama emotivo y bien narrado; una de esas películas que me gusta ver. Los últimos días de la abuela en compañía de su nieta mayor, a la que crió y alcahueteó, su amiga y cómplice; y de su hija, el opuesto de ambas, con quien parecieran no tener nada en común.

Luego está el hecho de que me gusta bastante Cassandra Ciangherotti, la protagonista. Pero eso es independiente de la película.

Hace algunos meses me topé con un libro que llamó mucho mi atención al pasar la mirada husmeando entre los libros en el centro comercial. Me acerqué a ver con mayor precisión: "Todos los días son nuestros", la autora: Catalina Aguilar Mastretta. Esto tiene más lógica, habré pensado; sus padres son escritores. Lo tomo y lo volteo para ver de qué va la historia. Me encuentro una cita de Xavier Velasco: Ironía en esteroides. Mala leche en almibar. Una historia narrada con bisturí. Sobra decir que me llevé el libro.

Es una historia fantástica. Desgarradora y cruel. Y honesta, muy honesta. El peregrinaje emocional de la protagonista tras la separación luego de tantos años. Motivada por una nimiedad, algo que pareciera tan absurdo que nadie lo cree. Pero tantas veces es una pequeña gota la que derrama los vasos. 

Catalina plasma con aplastante exactitud esa forma tan femenina de no saber por qué se hacen las cosas o de decir una cosa cuando se esperaba decir lo opuesto. ¿Cuánto de nosotros se va después de tantos años de compartirlo todo?

Quizá sea un absurdo pero en ciertos párrafos sentí que lo que leía conversaba con lo que yo escribí; como en una buena charla con cerveza en mano. Finalmente, ambas historias parten de la separación amorosa, están narradas en primera persona e intentan ser honestas.




lunes, 12 de agosto de 2019

Severus (fieles traidores)

Vino a mi cabeza don Severus, el temidísimo profesor Snape, el Príncipe mestizo. Y aquí estoy intentando hablar sobre quien creo es un personaje interesantísimo, de unos libros que me encantan, con versiones cinematográficas a la altura de sus circunstancias.

La verdad es que me siento algo extraño escribiendo cosas como que este es un personaje fantástico. Creo que no soy ningún experto en lo que a personajes profundos o interesantes se refiere. Pero, sea como sea, hay personajes que te dejan pensando cosas, además de admiración por quienes los crearon. Aunque la aparición del "entrañable" profesor Snape, me llegó porque escribí aquello sobre los fieles traidores, Judas y David Gale, y a mi cabeza llegó también el duro semblante del Príncipe mestizo.

Cuando vas avanzando en la historia de Harry Potter, el niño que sobrevivió, una de las cosas más interesantes es el desarrollo del personaje de Severus Snape; el hombre que parece despreciar sin motivo alguno al héroe de la historia, quien quizá sólo por envidia le carga a este la mano de forma desproporcionada.

Pero llega el quinto libro y las actitudes de Severus ya no parecen tan absurdas: cómo no despreciar a quien es la viva imagen de quien le hizo pasar momentos tan desgraciados, quien además se quedó con el amor de su vida. Cómo no sentir odio frente al chico socarrón con privilegios especiales, predilecto de todos los demás profesores, cuando es la imagen de quien le hizo tanto daño. Cómo ser amable con quien te recuerda tanto dolor, a pesar de ser hijo de la mujer que amaste toda tu vida.

Y es que además de ser el envidioso que odia al buen Harry, es quien traiciona a Dumbledore y lo asesina. Pero el experto en pociones tiene un secreto, un gran secreto.



lunes, 5 de agosto de 2019

un hombre...

"Imagina que un hombre le cuenta a un amigo que acaba de terminar su relación con su novia. Le dice que no le duele y que está bien, pero mientras habla empieza a llorar. Pero mientras más dice que está bien y que no le duele, más llora". 

Yo soy ese hombre que dice ser inmune al dolor, a un dolor particular, personal, algo que sólo yo conozco. Pero que cuando me tocan la herida de ese dolor, a pesar de haber dicho saber sobre él y ser consciente de ello, me duele y lloro.

La verdad es que no espero nada amable de mi madre. Soy consciente de que vendrán actitudes y palabras hostiles, algunas sin aparente motivo, sólo por joder. Así es como lo veo.

"Si no esperaras nada, como dices, entonces no te dolería como te duele".

Hemos construido (mis padres y yo) una fantasía de cimientos sólidos en mi inconsciente, muy adentro, muy profundo, de muros que parecen inquebrantables. 


Deseas que no te duela lo que tanto te duele.

lunes, 29 de julio de 2019

entre famas y cronopios



...acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tuvo del dentífrico. (del capítulo 1, Rayuela)

Cuando leí "Historias de cronopios y de famas", al llegar a la parte donde se habla de estos dos tipos de individuos me di cuenta, con un sentimiento de cierta frustración quizá más parecida a la pena, que tengo demasiados rasgos en común con los famas; los acartonados y ordenados personajes de estas fantásticas historias. Qué le hacemos, no se puede negar lo que es, el árbol de duraznos da duraznos.

Tengo ciertos rituales obsesivocompulsivos sobre el orden, tengo una forma de ser que se escandaliza y siente ansiedad frente al desacato ante la autoridad, sigo las instrucciones y leo los manuales siempre. Soy cuadrado, en pocas palabras. Aunque no del todo. También tengo un lado travieso y desafiante, ese que se divierte blasfemando e ignorando órdenes. Ahora mismo, mientras escribo, no concibo muy bien como pueden convivir ambas dos partes.

Y sí, soy ese que necesita precisión en las citas y los encuentros, que prefiere el papel rayado al escribir y que sobre todo, aprieta desde abajo el tuvo del dentífrico y además se asegura de que no quede nada en él antes de echarlo a la basura.



Los Cronopios son unos seres verdes y húmedos, que viven al margen de las cosas entre el arte y lo antisocial. Son ingenuos, idealistas, desordenados, muy sensibles y poco convencionales. Viven con pasión, disfrutan cada cosa que hacen sin vergüenza, aunque a veces padecen de envidia. Sufren el mundo y aman al mundo.Los Famas, son entes burgueses, rígidos, organizados, sentenciosos, exitosos. Son los “formales” que se preocupan por el orden y que ocupan altos cargos políticos y/o empresariales.Entre estas dos vertientes, se sitúan los Esperanzas, aparecen con menos frecuencia entre sus textos, que son simples, aburridos, ignorantes, rutinarios y normalmente actúan sometidos a alguna de las otras dos “especies”.

jueves, 25 de julio de 2019

Rayueleando

Y en esta relectura de Rayuela hice un subrayado. Frases maravillosas, ingeniosas, absurdas, cómicas, enigmáticas. Aquí algunas:

Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir, y con fe casi siempre tampoco.

La cama es como una traición.

Se produce uno de esos silencios comparables, según Genet, al que observan las gentes bien educadas cuando perciben de pronto, en un salón, el olor de un pedo silencioso.

Todo desorden se justificaba si tendía a salir de sí mismo, por la locura se podía acaso llegar a una razón que no fuera esa razón cuya falencia es la locura.

Cada vez sospecho más que estar de acuerdo es la peor de las ilusiones.

Pobre amor el que de pensamiento se alimenta.

La razón sólo nos sirve para disecar la realidad en calma, o analizar sus futuras tormentas, nunca para resolver una crisis instantánea.

La madurez, suponiendo que tal cosa exista, es en último término una hipocresía.

Convencido de que el recuerdo lo guarda todo y no solamente a las Albertinas y a las grandes efemérides del corazón y los riñones...

No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico.

Aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa.

Todo me decía que apenas recobrara la independencia dejaría de sentirme libre.

¿Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentar las nociones de orden y de desorden...

Cuántas palabras, cuántas nomenclaturas para un mismo desconcierto.

Le preocupó que ella se creyera colmada, que los juegos buscaran ascender a sacrificio. Temía sobre todo la forma más sutil de la gratitud que se vuelve cariño canino; no quería que la libertad, única ropa que le caía bien a la Maga, se perdiera en una feminidad diligente.

Sintió una especie de ternura rencorosa, algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma.

Estaba a esa altura del vodka en que la noche empieza a ponerse magnánima.

Los recuerdos sólo pueden cambiar el pasado menos interesante.

Es raro cómo se puede perder la inocencia de golpe, sin saber siquiera que se ha entrado en otra vida.

Ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo.

Lo del progreso en el arte son tonterías archisabidas. Pero en el jazz como en cualquier arte siempre hay un montón de chantajistas.

Yo hablo como puedo, no sé decir lo que siento.

Nunca me quisiste, era otra cosa, una manera de soñar.

Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas. –Era así, el piano iba por su lado y el violín por el suyo y de eso salía la sonata.

No somos adultos, Lucía. Es un mérito pero se paga caro.

En realidad después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás.

Pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes...

Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina.

Yo en realidad no tengo nada que ver conmigo mismo.

Es que la felicidad es solamente de uno y en cambio la desgracia parecería de todos.

Supongo que buscamos algo así, pero casi siempre nos estafan o estafamos.

Si hablamos de amor hablamos de sexualidad, al revés ya no tanto.

Estás usando palabras. Les encanta que uno las saque del ropero y las haga dar vueltas por la pieza. Realidad, hombre de Neanderthal, míralas cómo juegan, cómo se nos meten por las orejas y se tiran por los toboganes.

La realidad está ahí y nosotros en ella, entendiéndola a nuestra manera pero en ella.

También el infierno se ha abaratado.

Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo.

El peor de los olores, la mugre humana.

A Talita le parecía que también era bueno acumular pruebas tangibles de la inexistencia de Dios o por los menos de su incurable frivolidad.

Buscás eso que llamás la armonía, pero la buscás justo ahí donde acabás de decir que no está, entre los amigos, en la familia, en la ciudad.

Es incapaz de perseverar, no tiene el menor sentido de las distancias, el tiempo se le hace trizas en las manos, anda a los tropezones con el mundo. Gracias a los cual, te lo digo de paso, es absolutamente perfecta en su manera de denunciar la falsa perfección de los demás.

Hay el cansancio de haber perdido el tiempo en los cafés, leyendo diarios que son siempre el mismo diario...

¿Por qué, a ciertas horas, es tan necesario decir: <Amé esto>?

Morelli entiende que el mero escribir estético es un escamoteo y una mentira.

¿Para qué sirve un escritor si no para destruir la literatura?

Su libro es una provocación desvergonzada como todas las cosas que valen la pena.

Para mí el mundo está lleno de voces silenciosas. ¿Significa eso que soy un vidente o que tengo alucinaciones?

Qué voy a escribir, para eso hay que tener alguna certidumbre de haber vivido.