martes, 27 de diciembre de 2022

divague de fin de año

Me enfermé días antes de navidad. De hecho, las primeras molestias que tuve fueron una semana antes de nochebuena, pero fui al médico hasta el martes 20, con el pesar que me provocó la idea de no poder ingerir alcohol en los festejos navideños. No es que me visualizara ebrio en nochebuena, pero aprendí desde chico a festejar brindando, y no poder hacerlo tiene algo de desagradable. También pensé que de martes a sábado podría mejorar sustancialmente de modo que pudiera participar en los brindis. Pero no fue posible.

Faringitis aguda y otitis media escribió el doctor en mi receta. Se escucha fuerte, lo es. Casi una semana después mis oídos y garganta siguen dándome molestias, a pesar de que en verdad me he cuidado, y he tomado mis medicamentos con precisión. Ayer ya no fluían mocos de mi maltratada nariz pero hoy se presentaron con persistencia. ¿Será por este frío tan intenso que se adelantó en el calendario?

Espero despertar mejor mañana. 

No recuerdo si fue mientras esperaba mi turno con el doctor, o momentos después, que pensé resignado que ya vendrán otros festejos y oportunidades de ser feliz entre copas y brindis, y unos segundos después de pensar esto la voz en mi cabeza formuló un lugubre ¿En serio? ¿Estás seguro?

Mmmm, no. No lo estoy. Pero espero poder tener muchas más oportunidades de embriagarme, de brindar y reír diciendo todas esas estupideces que llegan a mi cabeza y que generalmente no reprimo aunque una parte de la concurrencia parezca tan ajena a ellas.

Luego de vivir los tres últimos años no parece que ser joven y saludable sea razón para seguir vivo mucho tiempo. Y no sé qué tan pesimista soy, al darme cuenta que está idea llegó a mí tras el lindo deseo por venideras alegrías.  

Creo que vivir no parece tan simple ahora. 



martes, 13 de diciembre de 2022

Estar

"Pero era a Clarissa a quien recordabas. No es que fuese llamativa; ni guapa; no tenía nada de pintoresco; nunca decía nada especialmente inteligente; no obstante, ahí estaba; ahí estaba".

Estas son unas líneas de La señora Dalloway, que me dejaron pensando, pensando en lo que podría convertirse en una abrumadora soledad que me hiciera tener que ver a alguien por la única razón de estar ahí, y claro, querer algo conmigo. Y que entonces no importe si es guapa o si dice algo inteligente, sino que está ahí, supuestamente haciendo que los días sean menos malos. Que está ahí para hacernos ese té para la diarrea cuando alguno lo necesite.

También es como Oliveira viviendo con la al parecer insufrible Gekrepten en su vuelta a Argentina: Ya vegetaba con la pobre y abnegada Gekrepten en una pieza de hotel frente a la pensión Sobrales. Les iba muy bien, Gekrepten estaba encantada, cebaba unos mates impecables, y aunque hacía pésimamente el amor y la pasta asciutta, tenía otras relevantes cualidades domésticas y le dejaba todo el tiempo necesario para pensar...

No creo que yo pudiera vivir con alguien que no me provoque amor, aunque no conozco ese tipo de soledad que permite lo antes impensable.

Espero no tener que decidirlo, pero uno nunca sabe.




viernes, 2 de diciembre de 2022

El mismo

"Es jodido saber que a pesar de todo sigues siendo el mismo"

Esto lo escribí a fines de abril de 2019 en una libreta en la que tenía el propósito de escribir todos los días a mano, luego de llegar a dos años haciendo psicoterapia. Pero lo podría haber escrito ayer.

Sigue siendo jodido y de muchas formas sigo siendo el mismo. El mismo que me gustaría ya no ser, el que me hace pensar en aquello de "por qué no te quieres", y en tantas otras cosas.

Ese Gildardo que no me gusta, ese Gildardo que me daña de tantas formas, ese que no he podido vencer (poderoso es quien se vence a sí mismo). 

Ahí está. A pesar de la terapia (de un año más de terapia), a pesar de la meditación, a pesar del mucho o poco conocimiento de mí. 

Ahí está, seguramente pensando en lo ridículo que resulto tecleando esto.

Es lo que hay por ahora. 



martes, 29 de noviembre de 2022

de la inagotable pasión futbolera

Quizá la razón por la que la pasión futbolera se apropia de mí con tal intensidad cada cuatro años, sea que los primeros partidos de futbol que vi, a los diez años, fueron los del Mundial de Italia 90 (por alguna razón aunque mi padre jugó futbol en su juventud no veía futbol en la tele; veía americano, beis y tenis, y definió uno de los placeres de mi vida).

Porque la cosa es que desde que comenzó la cuarentena dejé de seguir el futbol televisado, cosa que no pasó con el beisbol y el americano, que me tuvieron pegado al televisor, disfrutando eso que otros tantos consideran aburrido.

Pero ahí estaba el día del juego de México, con mi camiseta verde y mi esperanza intacta, deseando que el equipo jugara bien y que ganará el partido. Ahí estuve estallando de éxtasis y con una lágrima en el ojo cuando Ocho paró el penal. A pesar de haberle confesado a Gil, quizá minando sus sueños, que esta vez no esperaba nada del equipo. 

Ahí estaba imaginando -luego del tropiezo argentino- que los podíamos eliminar. Cobrándonos afrentas pasadas, porque en el deporte todo es posible, y a cada David le llega el día de ser letal con su pedrada. 

Ahí estaba completamente poseído por esa voraz enajenación. Una vez más.



miércoles, 23 de noviembre de 2022

Cómo

¿Cómo intentar ser amable sin quedar como un estúpido? 

Me parece que es casi imposible, al menos para mí. Aunque la idea ha dado pie a unos versos que me han gustado bastante.

Resulta que el silencio es mucho más benéfico de lo que la mayoría creemos, pero parece que no lo soportamos: "sé que el silencio es a veces violento, pero estoy pensando si no será necesario, escuchar un poco más lo que pienso, y apagar un rato la radio"; como canta El cuarteto de nos en la magistral Mario Neta.

¿Qué se le puede decir a quien perdió sin aviso a su persona más cercana? Qué, que no suene a la más grande estupidez. Qué valdría la pena decir para quebrar el silencio, el quizá reconfortante silencio.

Y sí, cómo no quedar como un estúpido.



miércoles, 16 de noviembre de 2022

Dicen que a toro pasado es fácil hablar. Seguro que lo es. Resulta que pasa lo mismo con los amores: de amores pasados es sencillo escribir. 

De amores eternos, aunque hayan durado tan poco, de amores fundamentales, por cualquier razón que seguro no sabríamos explicar. De amores que fueron y que ya no son, quizá ya nunca sean, aunque quién sabe, la vida se divierte a veces a nuestras costillas.

Supongo que por eso las mejores canciones son de desamor en cualquiera de sus formas. 

Y pensando sobre el posteo anterior y sobre esa falta de intensidad cuando se es feliz, me vinieron a la mente dos maravillosas canciones de amor de Juan Gabriel, tan buenas como sus mejores de desamor.

Las canciones son Te lo pido por favor y Abrázame muy fuerte. Dos canciones preciosas para halagar a la persona amada, al menos desde mi punto de vista.

La cosa es que ambas canciones fueron escritas para su hermana, quizá la persona que más quiso, no para un amor. Bueno para un amor distinto.

Claro que no son las únicas canciones así, pero en general las mejores son las que duelen. Quizá es como dice Laura y nos gusta el drama.



viernes, 11 de noviembre de 2022

Insensateces

-Estuve releyendo tus últimos poemas. ¿Quiénes son esas mujeres?

-Amores pasados por la piel, también por la piel de la imaginación. 

-Qué afortunado.

-Ni tanto. Muchos de ellos se repiten, los relamo, los reinterpreto. Son tatuajes maleables.

-Por eso veo que sudan fuego; ardor que sazonas con ternura, que abrigas pero también encumbras. Me enamora saberme enamorada de un hombre tan inspirado, pero...

-Pero...

-Pero inspirado por otras. Hace poco más de un año ya que, siendo tuya, no me usas.

-Tontita. Cuando nos hayamos separado, cuando no me quieras, cuando no te importe, te escribiré, linda, un lindo poemita.


Leyendo este microrrelato de Julio David no puedo estar más de acuerdo, aunque la situación me parezca una canallada.

¿Por qué no quiero escribirte mientras somos felices? ¿Por qué no se encadenan las palabras de un modo lindo para hacerte sentir feliz y amada? ¿Por qué eso que te escribo ahora que estamos juntos es tan poca cosa comparado con lo que le escribí a quien ya no estaba? O a lo que podría escribirte cuando dejemos de ser "nosotros"

Y un diálogo parecido me ha pasado por la mente alguna vez, con su obligada pregunta: ¿a quién le escribiste esto?

Hay botones de sobra por aquí.